El presupuesto de diciembre empieza en septiembre: prepara tu bolsillo para fin de año
Todavía quedan tres meses para organizar las finanzas antes de la llegada de diciembre. Y viene la pregunta que más de uno se ha hecho: cuánto se puede ahorrar, qué gastos conviene anticipar y cómo utilizar el décimo tercero sin terminar el año sobreendeudado.

Imagen referencial de ahorro e inversión en Ecuador.
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Diciembre concentra gastos que durante el resto del año aparecen de manera más dispersa: cenas de empresa, reuniones familiares, regalos, viajes, transporte y compras festivas. Si estos compromisos no tienen un espacio asignado dentro del presupuesto, terminan trasladándose de forma inevitable a la tarjeta de crédito o a deudas con altas tasas de interés.
Por eso, septiembre es el momento idóneo para hacer una pausa, revisar los números del hogar y ajustar la estrategia financiera antes de que arranque la temporada de consumo alto. “Septiembre es un buen momento para planificar las finanzas y definir cuáles van a ser mis gastos hasta fin de año”, explica Carlos Naranjo, economista y asesor independiente en finanzas personales.
El especialista aclara a GESTIÓN que la planificación ideal debería comenzar en enero. Sin embargo, para quienes no han separado dinero para diciembre, los noventa días restantes son suficientes para establecer una meta realista y funcional.
La planificación cobra mayor relevancia al considerar que el costo de vida sigue pesando en los hogares ecuatorianos. En junio de 2026, la Canasta Familiar Básica alcanzó los USD 824,85, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), con un incremento mensual del 0,41%.
La meta de ahorro debe salir de tu presupuesto real
Naranjo recomienda no intentar calcular los gastos de diciembre mediante especulaciones. El primer paso es auditar cuánto dinero ingresa, cuáles son las obligaciones fijas y cuánto margen queda realmente disponible.
Si el objetivo es llegar a diciembre con USD 500 y se empieza en septiembre, se deben separar aproximadamente USD 167 mensuales durante septiembre, octubre y noviembre. Para alcanzar una meta de USD 800, el monto asciende a USD 267 mensuales.
No obstante, estas cifras no son una fórmula rígida para todos. El monto final depende de los ingresos, los gastos indispensables y el nivel de endeudamiento de cada persona. “Todo depende de tu presupuesto y de tus ingresos. Si tú quieres tener 500 dólares en diciembre, pero ganas el básico, es muy complicado hacerlo”, señala Naranjo.
Para liberar liquidez en estos tres meses, conviene reducir compras no esenciales, salidas a comer fuera o suscripciones prescindibles. Otra alternativa es generar ingresos extraordinarios monetizando habilidades previas: dictar clases, brindar asesorías puntuales o realizar trabajos independientes los fines de semana.
Ahorrar no significa descuidar tus deudas
No existe un porcentaje universal de ahorro. Como referencia, Naranjo sugiere destinar entre el 5% y el 10% del ingreso mensual, siempre que las necesidades básicas estén cubiertas y los pagos de deudas se mantengan al día.
Sin embargo, construir una reserva para fin de año nunca debe lograrse sacrificando el pago de obligaciones pendientes. Si se utiliza el dinero disponible para ahorrar en lugar de cubrir una deuda activa, el costo financiero terminará siendo mayor por la acumulación de intereses de mora. “No sirve de nada, nos estamos endeudando aún más”, advierte Naranjo.
¿Cómo distribuir estratégicamente el décimo tercero?
El décimo tercero es un gran alivio para el bolsillo, pero Naranjo insiste en no usarlo como pretexto para gastar por adelantado mediante crédito. La regla de oro es trabajar únicamente con el dinero que ya está en la cuenta.
"Tenemos que contar con el dinero que sí tenemos y no con el que va a llegar”, sostiene el economista. Para optimizar este bono navideño, el especialista sugiere esta distribución de referencia:
- 50% para los gastos planificados de las festividades de diciembre.
- 30% para amortiguar las obligaciones financieras de enero.
- 20% para fortalecer un fondo de emergencia o reducir saldos de deudas pendientes.
El objetivo de esta estructura es evitar que el décimo tercero se volatilice por completo en compras festivas y que el hogar arranque enero sin liquidez para hacer frente a la cuesta de inicio de año.
El error más común
Uno de los desaciertos más recurrentes al armar el presupuesto de fin de año es ignorar los compromisos que vencen apenas arranca enero: matrícula vehicular, revisión técnica, impuesto predial o renovaciones de membresías y seguros.
A esto se suman los “gastos hormiga” característicos de diciembre que suelen pasar desapercibidos, como parqueaderos, taxis y transporte, comidas fuera de casa, viajes o visitas familiares, hasta el mantenimiento del vehículo.
El problema no es necesariamente cada gasto por separado, sino la acumulación. Por eso, el presupuesto debe contemplar tanto las celebraciones de diciembre como las obligaciones que comenzarán apenas termine el año.
Aprende a poner límites a la agenda social
Las reuniones y compromisos festivos también deben tener un techo financiero. Asistir a todas las cenas o participar en cada intercambio de regalos sin una cifra máxima asignada puede desequilibrar la economía personal antes de mediados de mes. “No pasa nada si no vamos a un evento, a una fiesta o a todas las cenas”, afirma Naranjo.
Lo recomendable es fijar un tope para compras y eventos sociales, ajustándose estrictamente a ese monto. Si la capacidad de ahorro no permite alcanzar metas elevadas (como USD 500 u 800), la alternativa correcta no es recurrir a la tarjeta de crédito, sino reajustar el objetivo a un monto manejable o ampliar los plazos.
Tres meses para llegar a diciembre con las cuentas en orden
La planificación de septiembre puede resumirse en cuatro pasos: conocer los ingresos disponibles, identificar las obligaciones y gastos básicos, establecer una cantidad realista para ahorrar y definir cuánto dinero se puede destinar a regalos, reuniones y otros compromisos.
El décimo tercero puede complementar esa planificación, pero no debería utilizarse como una excusa para gastar antes de recibirlo. Para Naranjo, la prioridad final es la tranquilidad financiera.
“Lo que en verdad nosotros deberíamos priorizar es nuestra tranquilidad”, sostiene. Eso implica aceptar que no es necesario asistir a todos los eventos, comprar todos los regalos o asumir gastos que no caben en el presupuesto.
Llegar a diciembre con menos compromisos, pero con las obligaciones cubiertas y sin llevar las tarjetas al límite, puede ser una mejor decisión financiera que financiar las celebraciones de fin de año con deuda.
(*) Periodista Gestión Digital.
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