En la higiene femenina, las finanzas personales también importan
La gestión del presupuesto familiar enfrenta un costo biológico e inevitable que se repite mes a mes durante aproximadamente 40 años. Más allá de la sostenibilidad, estos productos también responden a una lógica de ahorro, consumo consciente y bienestar.

Tampones de toallas sanitarias y copa menstrual sostenidas por las manos de una mujer
- Foto
Freepik
Autor:
Actualizada:
Compartir:
La menstruación históricamente ha sido vista como un gasto fijo e inevitable. Cada mes, millones de mujeres destinan parte de su presupuesto a toallas sanitarias, protectores diarios, tampones y medicamentos, en consumos que parecen pequeños por separado, pero que acumulados durante años representan una carga económica constante.
Un estudio publicado en 2025 en la Revista de Investigación Científica y Tecnológica, titulado “Pobreza menstrual: el impacto de la falta de recursos en la salud menstrual y la necesidad de apoyo legislativo y educación en América Latina”, advierte que la falta de acceso a productos de higiene menstrual, educación y servicios sanitarios continúa afectando principalmente a adolescentes y jóvenes de la región, aumentando riesgos de infecciones, aislamiento y afectaciones emocionales.
En Ecuador, la pobreza menstrual afecta a más de cuatro millones de mujeres, según datos citados por Plan International en 2025. Además, dos de cada tres mujeres o niñas han faltado al trabajo o a clases debido a la menstruación, mientras que una mujer en situación de pobreza extrema puede destinar cerca del 10% de sus ingresos mensuales a productos de higiene femenina, detalla un informe de la compañía de higiene y salud Essity de la marca Nosotras.
El costo oculto en la educación
En una entrevista con GESTIÓN, Doménica de los Ángeles Muñoz, licenciada en Género y Desarrollo y fundadora de la organización comunitaria Bloque Violeta, menciona que hablar de higiene menstrual también implica hablar de bienestar y calidad de vida.
“La educación en higiene menstrual desde una perspectiva de bienestar y calidad de vida significa que las mujeres y personas menstruantes tengan la capacidad de entender cómo funciona su ciclo menstrual, qué productos utilizar según sus contextos y necesidades y cómo manejarlos adecuadamente para evitar infecciones”, explica.
Según Muñoz, el acceso a productos menstruales, servicios médicos e infraestructura adecuada sigue siendo una necesidad invisibilizada en muchas sociedades, especialmente en zonas vulnerables. “La pobreza menstrual afecta significativamente el desarrollo físico, mental y social pleno de mujeres y personas menstruantes”, sostiene.
Además, señala que la falta de acceso adecuado a productos de higiene menstrual puede provocar desde incomodidad y aislamiento hasta infecciones derivadas del uso prolongado o incorrecto de ciertos materiales. “Aún existen comunidades donde las mujeres utilizan paños u otros materiales sin la higienización adecuada debido a limitaciones económicas”, explica.
El ahorro empieza a influir en las decisiones de consumo
Aunque el interés por productos reutilizables suele relacionarse con sostenibilidad, el factor económico empieza a tener un peso cada vez mayor en las decisiones de compra.
Diana Asimbaya, especialista en ambiente y sostenibilidad, explica en entrevista con GESTIÓN que el crecimiento del consumo consciente ha cambiado la manera en que muchas personas entienden el gasto cotidiano. “El consumo sostenible es el reflejo de un gasto controlado. Mientras más se despierta la conciencia, más se entiende que no se trata de consumismo, sino de calidad”, afirma.
Según Asimbaya, productos reutilizables como la copa menstrual o las toallas ecológicas pueden representar hasta un 80% de ahorro a largo plazo frente al uso continuo de productos desechables:
- La copa menstrual: con un costo promedio de USD 25 a USD 35, tiene una vida útil de entre 5 y 10 años si se realiza el mantenimiento adecuado.
- Toallas reutilizables y panties absorbentes: con una inversión inicial en un kit básico de USD 30 a USD 60, ofrecen una durabilidad operativa de 2 a 5 años.
Asimbaya calcula que incluso comprando únicamente un paquete económico de toallas sanitarias desechables a un costo moderado de USD 1,50, al cabo de cinco años habrá destinado USD 90, sin considerar productos adicionales o marcas de mayor costo.
La percepción del “gasto fragmentado”
Uno de los factores que mantiene el predominio de productos desechables es la percepción de que representan un gasto menor por tratarse de compras pequeñas y frecuentes. “Las personas no tienen presupuestos mensuales y gastar pequeñas cantidades da una percepción de menor gasto”, explica Asimbaya.
La especialista considera que este fenómeno también ocurre con otros consumos cotidianos y dificulta visualizar cuánto dinero se destina realmente a ciertos hábitos a largo plazo. Sin embargo, el cambio hacia alternativas reutilizables todavía enfrenta barreras económicas y culturales.
“El problema es que estos productos siguen siendo de nicho y tienen costos iniciales más altos”, señala. Además, agrega que todavía persisten mitos y desinformación alrededor de productos como sanitarios reutilizables. “Muchas mujeres creen que son menos salubres cuando en realidad, bien utilizados, pueden ser incluso menos invasivos para el cuerpo”, sostiene.
Más información, menos tabú
Para Muñoz, la educación menstrual sigue siendo una pieza clave para que las mujeres puedan tomar decisiones de consumo más informadas y adecuadas a sus necesidades. “La educación menstrual brinda herramientas para elegir productos según la salud, el contexto económico y las necesidades de cada persona”, afirma.
Muñoz opina que el debate no debería centrarse únicamente en productos, sino también en acceso a información, servicios médicos y condiciones adecuadas para gestionar la menstruación de manera segura. “Aún existen muchos tabúes y desinformación alrededor de la menstruación y de productos como la copa menstrual”, explica, señalando que esta falta de información suele ser más evidente en sectores rurales o zonas con menor acceso a educación menstrual integral.
Un cambio en los hábitos de consumo
El crecimiento de productos reutilizables también refleja una transformación más amplia en los hábitos de consumo, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Asimbaya considera que actualmente existe una mayor apertura hacia estilos de vida sostenibles y decisiones de compra enfocadas en durabilidad y ahorro.
“Las nuevas generaciones tienen más conciencia sobre sostenibilidad y están más abiertas a cambiar hábitos de consumo”, señala. Sin embargo, advierte que el verdadero desafío está en combinar esa conciencia ambiental con educación financiera. “El reto real es generar conceptos de finanzas personales que permitan sostener ese estilo de vida”, afirma.
En un contexto donde cada vez más personas buscan optimizar gastos cotidianos, productos reutilizables empiezan a verse no solo como una alternativa ecológica, sino también como una decisión financiera de largo plazo.
(*) Periodista Gestión Digital.
Compartir:
