El ecuatoriano que sobrevivió a un invierno sin trabajo y que salvó la vida de una niña en Estados Unidos: "Lo único que veía era la cara de mi hijo"
Yordi Sánchez emigró a Connecticut, Estados Unidos, hace dos años. Dejó Ecuador y a su hijo de cuatro años para migrar a un país en el que estuvo a punto de quedarse sin comida en su primer invierno. Hoy es reconocido como un héroe después de rescatar a una niña de dos años que se estaba ahogando en la piscina de un hotel.

Yordi Sánchez, el migrante ecuatoriano junto a la piscina del hotel donde trabaja, lugar en el que salvó a una niña de dos años.
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WINDSOR, CONNECTICUT. Cuando Yordi Sánchez vio que una madre sacaba del agua a una niña de dos años, no tuvo tiempo para hacer preguntas. Le quitó a la pequeña de los brazos, la acostó en el suelo y comenzó a practicar maniobras de reanimación cardiopulmonar. Durante varios minutos solo tuvo una idea en la cabeza: que la niña volviera a respirar.
"Estaba morada. Ya no reaccionaba. Solo le pedía a Dios que me ayudara", recuerda el ecuatoriano de 33 años, mientras revive uno de los momentos más intensos de su vida. Fueron alrededor de cinco minutos de maniobras hasta que la pequeña empezó a reaccionar. Después llegaron los paramédicos y la Policía. Él dio un paso atrás. La emergencia había terminado.
Lo que ocurrió ese día en un hotel de Connecticut convirtió a Sánchez en noticia. Días después recibió un reconocimiento de las autoridades locales por haber salvado la vida de la menor. Pero detrás del hombre al que muchos comenzaron a llamar héroe hay otra historia, mucho menos conocida: la de un migrante ecuatoriano que llegó a Estados Unidos hace poco más de dos años obligado por la crisis económica y que estuvo a punto de quedarse sin comida durante su primer invierno.

Sin oportunidades en Ecuador
Nació hace 33 años en Santa Rosa, El Oro. Su padre es de Naranjal y su madre de Machala. En marzo de 2024 emigró a Estados Unidos dejando en Ecuador a su hijo, que entonces tenía cuatro años. "Lo más difícil fue separarme de él", dice. Adaptarse al ritmo de vida estadounidense, aprender un sistema completamente distinto y enfrentar la soledad fueron desafíos que aparecieron casi al mismo tiempo.
Su primer empleo fue en jardinería. Después trabajó en pintura. El verdadero golpe llegó meses más tarde, cuando terminó la temporada de trabajo y descubrió que el invierno también significaba quedarse sin ingresos. Pasó cerca de tres meses desempleado. No había logrado ahorrar y hubo días en los que apenas tenía dinero para comer. "No conocía cómo funcionaba el trabajo aquí. Eso me golpeó mucho", recuerda.
A comienzos de 2025, un amigo le consiguió una oportunidad en un hotel de Windsor, Connecticut, donde trabaja hasta hoy en el área de mantenimiento. La empresa también le ofreció alojamiento, una ayuda que, asegura, le permitió recuperar estabilidad después de meses complicados. Los fines de semana complementa sus ingresos como animador de fiestas.
'Dios me puso ahí por algo'
Fue precisamente en ese hotel donde ocurrió el rescate. Aquella mañana debía realizar un procedimiento de mantenimiento en la piscina. Primero revisó los filtros y, al ver que había varias mujeres dentro del área, decidió esperar unos minutos antes de ingresar. Caminó hacia la sala de bombas para continuar con otro procedimiento, pero algo lo hizo regresar.
"Sentía que algo me decía: 'Jordy, acércate a la piscina'", cuenta. Cuando volvió, vio a una mujer sacando desesperadamente del agua a una niña de dos años. No dudó. La tomó en sus brazos y comenzó las maniobras de reanimación. "Si Dios me puso ahí era por algo", recuerda haber pensado en ese instante.
Después de varios minutos, la pequeña empezó a reaccionar. Sánchez esperaba que expulsara el agua para confirmar que respiraba con normalidad. Cuando finalmente lo consiguió, sintió que toda la tensión acumulada desaparecía de golpe.
Entonces ocurrió algo que no esperaba. Se encerró solo en el cuarto de mantenimiento y lloró.
"No podía dejar de pensar en mi hijo", cuenta. Mientras intentaba salvar a aquella niña, la imagen que se repetía una y otra vez era la del pequeño que había dejado en Ecuador. "Uno como padre se pone en ese lugar. Lo único que hacía era darle gracias a Dios".

La experiencia tampoco fue sencilla después del rescate. Sánchez confiesa que le sorprendió la reacción de los padres de la menor, quienes apenas alcanzaron a agradecerle antes de que la investigación quedara en manos de las autoridades. Según relata, posteriormente los servicios de protección infantil intervinieron en el caso por el aparente descuido de la menor.
Aunque nunca había vivido una emergencia semejante, no era la primera vez que practicaba maniobras de primeros auxilios. En 2011 realizó el servicio militar en Ecuador y desde entonces ha procurado mantenerse actualizado. "Siempre trato de aprender. Nunca sabes cuándo ese conocimiento puede servir para salvar una vida", afirma. Aquella formación, recibida años antes de emigrar, terminó siendo decisiva en una piscina de Connecticut.
Semanas después recibió un reconocimiento oficial de las autoridades del estado por su actuación. Dice que no esperaba ninguna recompensa y que el homenaje lo emocionó tanto como la llamada de su hijo, que lo felicitó desde Ecuador. "Me sentí muy orgulloso. Cuando hacen un reconocimiento así, uno siente que hizo algo importante en la vida".
Hoy, mientras vuelve cada mañana al mismo hotel donde trabaja reparando puertas, sistemas eléctricos, tuberías y todo aquello que deje de funcionar, Sánchez insiste en que el verdadero aprendizaje de aquella historia va mucho más allá de una medalla.
Su mensaje es concreto: más personas deberían aprender primeros auxilios. "Eso puede cambiar una vida. O salvarla", dice.
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