En sus Marcas Listos Fuego
Jueces Golondrina
PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.
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Hoy vamos a hablar de la bomba de tiempo que nos acaba de arrojar el Consejo de la Judicatura. Tic Tac, está a punto de estallar.
El 14 de julio el Consejo de la Judicatura declaró la emergencia del sistema de justicia. ¿La razón? Un déficit de 729 jueces. Sí, leyeron bien: 729 jueces faltantes en un país donde la justicia ya se muere de inanición y disentería.
¿Cuál es la solución planteada? Jueces temporales. Tic Tac, la bomba va a explotar y en nuestras caras.
Primero lo primero: la medida es adecuada como parche de emergencia, en eso, coincido con Mercedes. Punto. No es adecuada como política de Estado. No es adecuada como solución a mediano plazo. Y definitivamente no es adecuada para la estabilidad jurídica que necesita el país.
Sí, es una medida de emergencia razonable. ¿Dónde? En países con democracias sólidas, pero nunca en democracias carbonizadas, endebles y de papel como la nuestra.
Antes de continuar, preguntémonos: ¿cómo llegamos a un punto donde el 54% de las dependencias judiciales está en estado crítico? ¿Cómo es posible que falten tantos jueces y que por décadas la realidad se hubiere pasado por las galletas a los encargados del CJ? ¿A quién rayos se le ocurrió dejar que el sistema judicial colapse?
Seré justo: Definitivamente no es culpa de este Consejo de la Judicatura, pero cuidado, que el remedio que proponen podría convertirse en la más grave enfermedad.
Una medida de emergencia tiene que ser temporal. Punto. Y cuando digo temporal, no digo "temporal entre comillas", como cuando los políticos dicen "temporalmente" y luego pasan quince años. Digo temporal de verdad: máximo un año. ¿Por qué?
Porque la estabilidad jurídica es el cimiento de cualquier sistema de justicia que se respete. Un juez permanente, nombrado a través de concursos públicos rigurosos, con protecciones constitucionales, con carrera judicial garantizada, es un juez que puede actuar con independencia (guiño guiño).
Un juez con estabilidad jurídica es un juez que no está pendiente de si le renuevan el contrato. Es un juez que no tiene miedo de sentenciar en contra del poder político porque su cargo está blindado.
Un juez temporal, en cambio, está atado de pies y manos. Aunque no lo admita, siempre habrá una vocecilla en su cabeza que le dirá: "¿Y si tu fallo le desagrada al poder? ¿Y si no te contratan para el siguiente período?".
Ello nos lleva a otro tema fundamental. La seguridad jurídica. No se trata de un concepto abstracto. Es algo concreto: es la capacidad que tiene un ciudadano de predecir cuál será el resultado de un proceso judicial antes de que se juzgue.
¿Por qué? Porque si existe independencia judicial real, las sentencias siguen la ley, no los caprichos políticos. Si existe independencia judicial real, sabes que un juez te sentenciará conforme a Derecho, no conforme a sus miedos.
Con jueces temporales, esa predictibilidad se esfuma. De repente, el sistema judicial se convierte en una lotería donde el resultado depende no solo de la ley y los hechos, sino de si al juez temporal le conviene políticamente sentenciar en tu favor o en tu contra.
El sistema judicial no necesita jueces temporales. El sistema judicial necesita jueces definitivos porque la justicia es un servicio público permanente, no una emergencia pasajera.
Así, podemos resumir en que los jueces definitivos, nombrados a través de concursos públicos:
Tienen independencia real: no temen ser removidos arbitrariamente.
Tienen estabilidad laboral: pueden enfocarse en administrar justicia, no en complacer al poder.
Tienen carrera judicial: existen incentivos para comportarse bien profesionalmente.
Tienen responsabilidad: pueden ser removidos por mal desempeño, pero nunca arbitrariamente.
Protegen la democracia: un juez independiente es un contrapeso contra la corrupción política.
Los jueces temporales, en cambio, son la puerta de atrás para que el poder político colonice el sistema judicial sin que parezca tan evidente. Un sistema judicial con jueces temporales es un sistema judicial dócil y con los calzones en las rodillas.
¿No es eso corrupción? Es algo peor: es una corrupción sistémica tan bien diseñada que parece legal.
¿Buena intención cargada de ingenuidad? ¿Nos quieren vivos o acribillar arrodillados? Ustedes lo dirán.
Por mi lado, mientras en Ecuador el poder judicial sea la meretriz del poder político (desde eternas memorias), me opongo a los jueces golondrina.
Vayan a volar a otro lado.