La pobreza de visión en la Agenda 2040
Fellow en Estudios Latinoamericanos del Instituto Cato. Entre 2006-2026 escribió para El Universo (Ecuador). Es autora de En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales en Iberoamérica (Editorial Planeta, 2025).
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Esta semana el gobierno presentó la “Agenda Crecimiento: Ecuador 2040”. El documento parte de un diagnóstico correcto: “…el modelo de crecimiento sostenido en expansión del gasto público y en dependencia de rentas petroleras volátiles ha llegado a su límite…la única vía sostenible para crecer y generar empleo es movilizar inversión privada, nacional y extranjera, bajo reglas claras, estables y creíbles”.
Dicho esto, en la agenda abundan cifras seleccionadas para ensalzar la gestión del gobierno actual y escasean metas cuantitativas para 2040. Sobre las cifras propaganda, consideremos aquellas de la Inversión Extranjera Directa (IED). Luego de mencionar el promedio de IED captada por Ecuador como porcentaje del PIB entre 2014 y 2023 de 0,8%, procede a destacar un crecimiento interanual de la IED de 191% entre 2024 y 2025. ¿Por qué elegir primero el indicador estándar y más apropiado para medir la magnitud de la inversión captada por la economía y luego fijarse en la variación entre solo dos puntos de data? Porque si hubieran mantenido la misma vara —la IED como porcentaje del PIB— veríamos que en 2025 esta constituyó 0,9% del PIB, lo que implica una mejora de tan solo una décima por sobre el promedio de la década anterior. Además, la cifra del 191% no permite comparar a Ecuador con nadie más, mientras que la de 0,9% nos ubica a la cola de la región en captación de IED y muy por debajo del promedio captado por los países de América Latina y el Caribe (2,8%). Sobre la pobreza, el documento celebra una reducción reciente, pero desde 2014 la pobreza por ingresos se redujo en tan solo un punto porcentual y la extrema es hoy ligeramente superior.
Algo llamativo del documento es que reproduce esa muletilla omnipresente en quienes perciben a la dolarización como una cruz pesada. El documento dice con frecuencia algo así: “como Ecuador tiene una economía dolarizada”, entonces necesita disciplina fiscal, seguridad jurídica, neutralidad tributaria, regulaciones previsibles, mayor productividad, etc. Pero esas son condiciones necesarias para crecer en cualquier economía, dolarizada o no. Peor aún, si no estuviéramos dolarizados la disciplina fiscal fuera mucho más necesaria, puesto que la política monetaria nacional solía derivar en la depreciación de la moneda y crisis cambiarias que luego arrasaban con el sistema bancario.
Ahora vamos por lo que falta en el documento. Por ejemplo, la estatal que predomina en el sector petrolero, Petroecuador, ni una sola vez se menciona. El fondo de pensiones del IESS podría quedarse sin liquidez en cuatro años y la agenda del gobierno ni una sola vez menciona al IESS. Ante la insuficiencia que ya existe en el fondo para pagar las pensiones, el subsidio estatal a estas se ha convertido en el más cuantioso, llegando en 2026 a UDS 3.600 millones.
En el cuarto eje de la agenda, aquel de “Fortalecimiento de la dolarización y profundización financiera” brilla por su ausencia una visión de país que debería ser obvia para una economía dolarizada: convertirnos en un centro financiero internacional. Para esto es necesario, como mínimo, eliminar el Impuesto a la Salida de Divisas (ISD) y el control de tasas de interés. Nada de esto se menciona, aunque sí dice que habrá una “revisión integral del sistema de tasas de interés hacia esquemas técnicos basados en perfiles de riesgo". Pero eso no indica si se eliminarán o no los techos de las tasas.
El documento reconoce que los impuestos impactan en las decisiones de inversión, evaluando los inversionistas la carga efectiva total de los impuestos, el tiempo necesario para cumplir con su pago y la previsibilidad de las normas tributarias. Además, reconoce “la trampa del tamaño” introducida en la economía por un sistema tributario progresivo, cuyas tasas crecientes de tributación desalientan la formalidad y alientan a las empresas a mantenerse por debajo de determinados umbrales para eludir una carga tributaria mayor. Pero luego recomienda que cualquier cambio debe hacerse con miras a mantener la “sostenibilidad fiscal”. Eso es como querer hacer la tortilla sin romper los huevos.
Para crecer más, Ecuador tiene que reducir el tamaño de su estado a alrededor de un 25%, que es el tamaño con el que crecía a un ritmo más acelerado entre 2000 y 2007, ya en dolarización. Esa reducción en el tamaño del estado permitiría reducir la carga tributaria y simplificar el código tributario hacia una estructura que se aproxime a un impuesto uniforme. Eso, junto con un régimen territorial de impuestos y libre movimiento de capitales—0% ISD—nos permitiría empezar a captar el ahorro externo en un centro financiero internacional.