El toque ecuatoriano en Madrid
Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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La exposición de obras de Paula Barragán en Madrid es una muestra más de la importancia que ha cobrado la relación con España en la expansión de nuestra cultura, y viceversa. Una relación que va desde la literatura, el periodismo y el arte hasta los partidos de ecuavóley y la preparación de llapingachos en El Retiro y otros parques los fines de semana.
El vínculo se amplió y fortaleció a partir de la crisis de 1999–2000 que disparó la migración de cientos de miles de compatriotas que eran bien recibidos allá por el idioma y porque eran básicamente católicos, mestizos, buenos trabajadores y no pocos tenían estudios universitarios, todo lo cual facilitó la integración, a diferencia de migrantes que llegaban de otros continentes en condiciones mucho más difíciles.
Quizá con ese sustento se han abierto espacio, en el exigente campo de la narración, tres escritoras ecuatorianas que viven y publican en Madrid, que han sido traducidas a varios idiomas y reseñadas hasta en el New York Times. Salvo Jorge Icaza, ningún novelista ecuatoriano ha gozado de tamaña difusión internacional.
Me refiero a Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero y Natalia García, quienes no hubieran logrado lo que han logrado si se quedaban ancladas en Guayaquil y Cuenca. O en La Paz o en Santiago de Chile porque se trata de un auge explosivo (para no usar la palabra boom, tan desgastada) de sudamericanas que escriben con éxito en España.
Las mujeres no paran (y tampoco facturan; la que factura es Shakira, la icónica barranquillera que vivió varios años en Barcelona, igual que el destacado novelista guayaquileño Leonardo Valencia, quien daba clases en la universidad). Hace tres años se desplegó en Alcalá de Henares la Bienal Iberoamericana de Mujeres, donde Ecuador fue el país invitado con 19 artistas; entre ellas, Isabel Espinosa, Ana Fernández, Pamela Suasti, María Teresa García, o la misma Paula Barragán que ahora lleva a Madrid obras de la serie ‘Jungla de papel’ donde refleja el ritmo y el color exuberante de la selva amenazada por el petróleo.
No está sola en la galería de Tamara Kreisler: la acompaña con sus esculturas murales en metal la mexicana Roxanna Huerta, que también parte de la naturaleza para elaborar esas obras abstractas sin perder la sensibilidad vegetal.
Aquí un dato de la histórica relación entre México y España: a raíz de la derrota de la República en la guerra civil, el presidente Lázaro Cárdenas acogió a muchísimos combatientes e intelectuales republicanos del más alto nivel que escapaban del fascismo y aportaron al desarrollo cultural mexicano.
Porque las migraciones van y vienen; las noticias también. En la difusión en América Latina del mundo español ha cumplido una función clave el diario El País, que acaba de festejar sus 50 años. Aunque en los últimos tiempos ha escorado un poco hacia los socialismos del siglo XXI, el papel que cumplió cuando los periódicos eran justamente de eso, de papel, fue invalorable.
Muestra del incesante intercambio iberoamericano, otro artista ecuatoriano, Miguel Betancourt participó, en 2023, en el proyecto anual del venezolano Antonio Azzato, que consiste en “sacar las meninas de paseo”.
Partiendo de la obra magna de Velásquez, que habita en el museo de El Prado, Betancourt colocó en la calle Serrano una escultura refulgente que reinterpretaba a la infanta Margarita con algunas formas de una venus de Valdivia, cubierta con el amarillo de los guayacanes cuando florecen bajo del sol vertical de la mitad del mundo. La naturaleza otra vez, alimentando el sincretismo cultural del que venimos hablando.
¡Ah, y el deporte! No en el ecuavoley, porque no hay cotejas, sino en el ciclismo: nacido en los Andes y entrenado en España, Richard Carapaz pedaleó incansablemente hasta conquistar el segundo puesto de la Vuelta a España en 2020, alentado por cientos de banderitas tricolores y desafiando al covid 19 en el primer año de la pandemia.
En ese mismo año, cuando el virus cobraba vidas por millones, Paula Barragán creó en formato medio ‘¿Quién tiene la culpa?’, obra que fue reproducida en el New York Times y que desde el marte se exhibirá en Madrid.