Una primera página de terror
Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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A mucha gente le atraen las películas de terror, un género que suele estar plagado de clichés: hay por regla general alguna amenaza ominosa, un asesino serial que anda suelto, una psicópata o algunos vampiros sedientos de sangre, una nave de otro planeta que aterriza en medio del campo o algún Chuky o Godzilla, en fin, todo un arsenal de personajes y efectos que, de tan manidos, ya no asustan a nadie.
Si de verdad quieren sentir que el miedo y la adrenalina les ponen a temblar, lean, por ejemplo, la primera página de El País digital de este jueves, que muestra las imágenes pavorosas de la gigantesca riada o aluvión causado por el desprendimiento de un inmenso glaciar.
Como en una producción de Hollywood, pero con seres reales, se distingue a muchas personas que huyen desesperadamente de esa ola de lodo que los engulle en dos segundos, en vivo y en directo, pues ahora no falta quien filme cualquier catástrofe con su celular.
El origen del desastre, el villano de esta tragedia, no es otro que el calentamiento global, que alcanza ya a las cumbres más altas del planeta, pero que también actúa a nivel del mar como lo informa otro titular que nos atañe íntimamente: “El Pacífico registra El Niño más intenso del último milenio por el cambio climático: Vamos contra el reloj”.
¿Saben en qué se basan los científicos para lanzar semejante advertencia? Pues en los corales de las islas Galápagos, que muestran que este Niño que se nos viene encima “es un 36,5% más fuerte que durante el período preindustrial”.
Esto sucede en nuestras narices mientras el país asiste al espectáculo denigrante de una panda de políticos morados, verde-flex o de ponchos dorados que despliegan sus artimañas para burlar las leyes y conseguir algún cargo jugoso en las seccionales.
En otro titular terrorífico de la misma primera página, Rusia amenaza al Reino Unido y Francia por ayudar a Ucrania con misiles y drones. “Están jugando con fuego” proclama. Para darle más eco al asunto, añade el diario que la CIA conoce que Rusia “se plantea un ataque contra los países bálticos y el uso de armas nucleares”.
Leo “armas nucleares” y pienso en el ciclo absurdo de una generación, la mía, que vivió en la infancia bajo la amenaza de la bomba atómica que iban a lanzar los rusos, quienes por entonces se apodaban soviéticos y estaban dispuestos a incendiarlo todo en nombre del comunismo. Ahora, en la vejez, tanto nuestra como de la democracia, vemos que otra vez los rusos amenazan a Occidente en nombre de los delirios imperiales de Vladimir Putin.
¿Y el imperialismo yanky? Reclamará alguno. Calma, que esa página no tiene desperdicio pues también presenta, con foto y todo, a su más eximio y senil representante, Donald J. Trump, quien muestra ufano la orden firmada para llamar al lago Ontario “lago América”. Un paso más en su guerra declarada contra el hasta ayer amigo más entrañable de Estado Unidos. Guerra también cultural que empezó al cambiar el nombre del golfo de México por “golfo de América”.
No, no es solo una cuestión onomástica: es la política imperial, pero de un imperio en decadencia que envía al director de la CIA al Kremlin para solicitarles que no invadan a los países bálticos ni usen armas nucleares tácticas en Ucrania. Antes se lo hubieran pensado dos veces; ahora, el presidente de EE UU les ha allanado el camino al debilitar a la OTAN.
La otra invasión, la de los desesperados o condenados de la Tierra, como los llamó Frantz Fanon, viene del sur, de las arenas del Sahara y más allá, una y otra vez. El País destaca ante todo la noticia más llamativa y urgente para los españoles: “Crece la tensión en una Ceuta al borde del estallido social”. Hay imágenes de fogatas y policías encasquetados, en cuyo pie se lee que “un grupo de ceutíes quema parte del campamento de los migrantes en una playa”.
Se acabaron las buenas maneras en una Europa donde el tema de la migración es el caballo de batalla de la extrema derecha, que sigue conquistando espacios en varios países del viejo continente. Y también del nuevo, que hoy se retuerce bajo la Doctrina Donroe.
En definitiva, si alguien hubiera realizado una película de miedo con un presidente de EE.UU. que ostentara las características de Donald Trump, nadie se la hubiera creído. Pero los hechos y los personajes sobre los que informa el diario son de la vida real. Eso es lo que da pavor.