Leyenda Urbana
Justicia para Mónica Silva Koniuszek, la polaca que amó Ecuador
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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“Cuando pronuncio la palabra futuro, la primera sílaba ya pertenece al pasado. / Cuando pronuncio la palabra Silencio, lo destruyo. / Cuando pronuncio la palabra Nada, creo algo que no cabe en ninguna no-existencia”.
Este poema es una profunda reflexión sobre la naturaleza esquiva del tiempo, porque en el instante mismo en que intentamos nombrar o alcanzar lo que está por venir, la primera sílaba ya se ha desvanecido en el pasado, demostrando lo inalcanzable que es el futuro.
Su autora es Wislawa Szymborska, poeta y ensayista polaca, Premio Nobel de Literatura 1996 y se titula “Las tres palabras más extrañas”.
Con este poema rindo homenaje a su compatriota Mónica Silva Koniuszek, que amó a Ecuador como si hubiese nacido aquí, pero no pudo ver el desenlace de su impecable trabajo de investigación, a pesar de haber puesto nombres, cifras y fechas sobre la rampante corrupción en la provincia de Santa Elena.
Por sacar a la luz la existencia de mafias dedicadas al tráfico de tierras y la destrucción de la naturaleza, la polaca llevaba meses recibiendo amenazas de muerte, pero ni la Fiscalía ni ningún otro organismo del Estado la protegieron, a pesar de conocer los riesgos.
Su muerte no puede quedar en la impunidad.
Amigos y periodistas que admiraban cómo era Mónica como madre de dos niñas menores de edad; que valoraban su entereza para encarar las vicisitudes y su trabajo de investigación, nunca admitieron la teoría del supuesto suicidio que se instalaba en el país, luego de que el ministro del Interior, John Reimberg, lo mencionara en un medio de comunicación, apenas se supo de su muerte y antes de conocer el resultado de la autopsia.
El golpe pre mortem en la cabeza; una mácula de sangre en una habitación; una olla con alimentos en su cocina prendida a fuego lento; las llaves por fuera en su puerta y el mensaje enviado a su compañero, que decía: “Buen día, mi amor”, que el ministro del Interior lo interpretó como una despedida, dieron otra dimensión al terrible suceso.
Y, sobre todo, el hecho de que sus hijas estaban abandonadas en la escuela, cuando ella las llevaba y traía de vuelta, todos los días.
Que la Delegación de la Unión Europea, al tratarse de una ciudadana de su comunidad, solicitara una “investigación rápida, exhaustiva, independiente y transparente para esclarecer las circunstancias y garantizar la rendición de cuentas”, ha sido determinante.
Al igual que el Gobierno de Polonia, por medio de su embajada en Perú, concurrente para Ecuador, se uniera al pedido de la Unión Europea, y que el cónsul se hiciera presente en Montañita para verificar el proceso.
Entonces, las autoridades y la Fiscalía General del Estado solicitaron cooperación internacional, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) exigió al Estado ecuatoriano iniciar una investigación para determinar si la muerte violenta guarda relación directa con las denuncias de corrupción que realizó públicamente en el país.
Cuentan que a Mónica le había ilusionado que amigos que consideraba defensores de la naturaleza y promotores del turismo ecológico asumieran altos cargos, porque pensaba que apoyarían su causa en bien de las comunidades que protegía, como presidenta de la Fundación La Integridad, pero pronto le dieron la espalda, confirmando que el poder embrutece, y que, con tal de amasar fortuna, poco les importa expoliar su propio país.
“No hace falta nacer en Ecuador para amarlo y defender lo justo”, se lee en la descripción del perfil en la red social X de Mónica, en la que se autodefine como activista anticorrupción, defensora de la Pachamana y de los grupos vulnerables.
Ella honró su palabra, y eso es ejemplar.
Para Mónica Silva Koniuszek, tal como refiere el poema de Wislawa Szymborska, el futuro no solo que es inalcanzable, sino que ni siquiera existe.
Eso sí, nadie olvidará a la polaca que amó Ecuador como si hubiese nacido aquí.
La única forma posible de agradecerla es que se haga justicia.