El megavatio más caro para el Ecuador es el que hoy se pierde en la red eléctrica
Mientras Ecuador busca construir nuevas centrales termoeléctricas y alquilar barcazas para enfrentar el déficit de electricidad, el país pierde en sus propias redes una cantidad de energía equivalente al 80% de Coca Codo Sinclair.

Parque generador termoeléctrico Esmeraldas III (ATM)
- Foto
CELEC
Autor:
Vanessa Brito / Analista invitada
Actualizada:
Compartir:
Se estima que Ecuador desperdicia cerca del 20% de la electricidad que produce, casi tres veces más que el promedio internacional, que bordea el 6%. Con una generación nacional cercana a los 6.000 megavatios (MW), esto representa alrededor de 1.200 MW perdidos en transmisión y distribución.
Si el país lograra reducir esas pérdidas hasta niveles internacionales, podría recuperar unos 780 MW, una cantidad suficiente para disminuir de manera significativa el déficit energético que hoy enfrenta el sistema eléctrico.
La pregunta es inevitable: ¿por qué invertir cientos de millones de dólares en nueva generación si una parte importante de la electricidad que Ecuador ya produce se pierde antes de llegar a los consumidores?
La energía que se desperdicia equivale al déficit eléctrico
El Gobierno ha estimado un déficit eléctrico de entre 800 MW y 1.500 MW, es decir, un promedio de 1.200 MW.
A nivel mundial, las pérdidas de transmisión y distribución bordean el 6% de la producción eléctrica. En Ecuador, ese porcentaje prácticamente se triplica y alcanza cerca del 20%, según datos del Banco Mundial y de la Agencia Internacional de Energía (IEA) para 2023.
Con una generación nacional de 6.000 MW, esto significa que aproximadamente 1.200 MW se pierden antes de llegar a hogares e industrias. Esa cantidad de energía es, precisamente, similar al déficit eléctrico que el país hoy busca cubrir con urgencia.
Si Ecuador lograra reducir esos 1.200 MW desperdiciados hasta niveles similares a los estándares internacionales, se estima que podría recuperar unos 780 MW, cantidad comparable a una gran central hidroeléctrica. La electricidad que hoy se desperdicia equivale al 80% de la capacidad instalada de Coca Codo Sinclair.La electricidad que Ecuador pierde equivale a casi una Coca Codo Sinclair
Cómo se pierde la electricidad
La energía se pierde por razones técnicas, como el calentamiento natural de los cables, equipos obsoletos, subestaciones sobrecargadas y falta de mantenimiento.
Uno de los principales problemas es la sobrecarga de las subestaciones. Muchas fueron diseñadas hace décadas, cuando la población y el consumo eléctrico eran mucho menores.
Hoy, hogares y empresas utilizan más electrodomésticos, maquinaria, sistemas de climatización y equipos tecnológicos, lo que incrementa la demanda y exige una capacidad superior a la originalmente prevista.
Otra parte de las pérdidas corresponde a factores no técnicos, como el robo de electricidad, manipulación de medidores y conexiones clandestinas.
En la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL), por ejemplo, el fraude eléctrico y la alteración de medidores generan pérdidas millonarias superiores a USD 500 millones anuales y han derivado en investigaciones por presuntas redes de corrupción vinculadas al manejo de consumos eléctricos.
La magnitud del problema también varía entre ciudades. Quito y Cuenca registran niveles de pérdidas cercanos al 6% o 7%, mientras que en otras provincias los porcentajes superan el 20%.
Estas diferencias muestran que el problema no es únicamente de infraestructura, sino también de gestión y control.
El problema está en las subestaciones
La mayor parte de la electricidad ecuatoriana se genera lejos de los principales centros de consumo. Las grandes hidroeléctricas —como Coca Codo Sinclair y el complejo Paute Integral— se ubican principalmente en la Amazonía y el sur del país, mientras buena parte de la demanda se concentra en ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca.
A esto se suman decenas de plantas termoeléctricas, generalmente instaladas cerca de las ciudades para atender el consumo local.
Para transportar esta energía, Ecuador cuenta con aproximadamente 6.200 kilómetros de líneas de transmisión y 66 subestaciones que conectan prácticamente todo el territorio nacional. La red opera mediante líneas de 500, 230, 138 y 69 kilovoltios, que permiten transportar grandes volúmenes de energía con menores pérdidas.
Sin embargo, el principal cuello de botella no está en las líneas de transmisión, sino en las subestaciones, encargadas de transformar la electricidad de alto voltaje para que pueda ser utilizada en hogares e industrias.
La demanda eléctrica crece alrededor del 3% anual, especialmente en la Costa, donde el crecimiento poblacional, la expansión industrial y las altas temperaturas elevan el consumo con mayor rapidez.
En otras palabras, el problema no consiste únicamente en generar más electricidad, sino en contar con la infraestructura necesaria para transformarla y entregarla eficientemente. retorno
Una inversión con alto
Recuperar los 780 MW que hoy se pierden en las redes eléctricas sería mucho más barato que construir nueva generación.
Producir electricidad en hidroeléctricas cuesta alrededor de 7 centavos por kilovatio hora (kWh). En termoeléctricas, el costo sube entre 11 y 14 centavos por kWh. En las barcazas arrendadas por el Estado, solo el alquiler de los equipos representa unos 7 centavos por kWh, sin incluir combustible.
Generar esos 780 MW adicionales implicaría desembolsos anuales de entre USD 250 millones y USD 500 millones.
En contraste, modernizar subestaciones, reforzar redes, instalar medidores inteligentes y reducir el fraude permitiría aprovechar energía que hoy ya existe, pero se desperdicia.
El desafío de la inversión
El sistema eléctrico ecuatoriano enfrenta años de inversión insuficiente. Aunque el Estado mantiene el control de la generación, transmisión y distribución, las limitaciones fiscales han dificultado la ejecución de proyectos de expansión y modernización.
La inversión privada ha estado concentrada principalmente en proyectos hidroeléctricos medianos y pequeños. En los últimos años se han dado pasos para incorporar capital privado en energías renovables como la solar y la eólica, y recientemente el Gobierno definió los precios de venta de esta electricidad.
Sin embargo, el desarrollo de nuevos proyectos todavía enfrenta trámites regulatorios y ambientales que pueden tardar varios años y que, en muchos casos, no están alineados con las prácticas internacionales.
La reducción de pérdidas no reemplaza la necesidad de construir nueva generación, pero sí puede convertirse en una de las medidas más rápidas y costo-efectivas para fortalecer la seguridad energética del país.
La urgencia de estas inversiones ya se refleja en la operación del sistema. En las últimas semanas se han registrado cortes de energía en Guayaquil y restricciones al suministro para grandes consumidores industriales, entre ellos las dos principales acereras y las dos mayores empresas mineras del país.
La integración regional avanza, pero Ecuador sigue rezagado
Las crisis eléctricas han evidenciado otra debilidad del sistema ecuatoriano: la limitada capacidad de integración regional.
Previo al conflicto comercial con Colombia, ese país suministraba electricidad a Ecuador a través de la línea de interconexión binacional entregando 450 kilovoltios. Si bien la importación de esta electricidad tuvo costos elevados, permitió aliviar parcialmente la crisis.
En el caso de Perú, junto con Ecuador acordaron desarrollar una nueva interconexión eléctrica de 500 kilovoltios, considerada uno de los proyectos más importantes del Sistema Nacional de Transmisión ecuatoriano.
La obra contempla una inversión de USD 289,4 millones y cuenta con financiamiento asegurado del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que aportaría USD 125 millones, y del Banco Europeo de Inversiones (BEI) otros USD 125 millones. A Celec sólo le correspondería unos USD 39,4 millones.
La infraestructura incluye dos líneas de transmisión: Chorrillos–Pasaje, de 206,97 kilómetros, y Pasaje–Frontera, de 77,88 kilómetros, además de la construcción de la subestación Pasaje y la ampliación de la subestación Chorrillos.
En términos prácticos, el proyecto integrará la subestación Chorrillos, en Guayas, con la subestación Pasaje, en El Oro, y posteriormente con la subestación de Piura, en Perú.
La interconexión permitiría exportar electricidad en épocas de alta generación hidroeléctrica e importar energía más barata cuando exista déficit interno.
Sin embargo, aunque el financiamiento está aprobado y Perú tiene concluido su tramo, Ecuador continúa rezagado. El proceso de contratación del lado ecuatoriano fue declarado desierto el año pasado y deberá convocarse nuevamente. De concretarse una nueva adjudicación, y avanzar en las obras, se estima que la interconexión podría arrancar recién en 2029.
Las soluciones
Reducir las pérdidas eléctricas requiere modernizar subestaciones, instalar redes inteligentes, combatir el fraude y abrir más espacio a la inversión privada. También implica reformar el marco legal para facilitar la participación de inversionistas nacionales y extranjeros, como ocurre en otros países de la región.
En medio de la crisis energética, Ecuador enfrenta una paradoja: mientras busca construir nuevas centrales y alquilar generación térmica, una parte importante de la electricidad que ya produce se pierde antes de llegar a hogares e industrias.
La energía más barata del sistema eléctrico ecuatoriano podría ser, simplemente, la que hoy se desperdicia.
Compartir:
