Cruzar de Queens a Nueva Jersey por un pan de yuca | El antojo ecuatoriano en Estados Unidos
Conseguir la combinación que muchos recuerdan, junto al yogur, puede exigir cruzar un río, hacer un encargo o esperar una visita desde Ecuador. En el área de Nueva York y Nueva Jersey hay opciones que buscan ampliar un mercado para un producto poco conocido fuera del mercado migrante.

Diana León asegura que el yogur con pan de yuca sigue siendo uno de esos sabores ecuatorianos que busca también desde que vive en Nueva Jersey.
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Selene Cevallos
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NUEVA YORK. María Belén González vive en Queens, pero cuando tiene antojo de yogur con pan de yuca sabe que probablemente tendrá que salir de Nueva York. A veces viaja hasta Nueva Jersey; otras, hace un encargo a las empresas que transportan paquetes desde Ecuador o aprovecha que algún conocido viene de visita para pedirle que le traiga. Con el yogur, dice, puede arreglárselas. El problema es el pan. “Es lo más complejo de encontrar parecido al de Ecuador”. Cuando ninguna de esas opciones funciona, termina comprando pan de queso congelado brasileño.
La búsqueda dice algo sobre un ‘antojo’ que en Ecuador necesita pocas explicaciones. Yogur frío y pan de yuca caliente forman parte de los recuerdos de distintas ciudades y generaciones, pero en Nueva York y Nueva Jersey todavía son pocos los establecimientos que han construido su negocio alrededor de esa combinación. Para Jéssica Calderón, propietaria de LeGurt Yogurt & Pan de Yuca, ubicado en Lyndhurst, en Nueva Jersey, esa escasez tiene una explicación: “Abrir mercado para algo que no es tan conocido es un reto”, sostiene. El temor a que el producto no tenga suficiente aceptación, añade, puede explicar por qué pocos negocios se especializan en él.
LeGurt decidió hacerlo. La apuesta inicial era concreta. Vender yogur y pan de yuca. Para el cliente ecuatoriano, ella sabía que existía un vínculo previo. Habla de “recuerdos de nuestra infancia y adolescencia” y de la conexión con la tierra. La pregunta más difícil estaba fuera de esa comunidad. ¿Qué podía significar aquel pequeño pan elaborado con almidón de yuca para alguien que nunca lo había probado?
La respuesta empezó a aparecer detrás del mostrador. Hoy, asegura Jessica, la clientela es de distintas nacionalidades. Una característica que en Ecuador puede pasar inadvertida se convirtió aquí en argumento para llegar a nuevos consumidores: el pan de yuca no lleva harina de trigo. Algunos clientes descubren con sorpresa, cuenta, que un pan sin gluten puede resultar tan apetecible como uno preparado con trigo.

El sabor que viajó
Reproducir el recuerdo, sin embargo, ha exigido ajustes. Los ingredientes disponibles en Estados Unidos no son exactamente los mismos y la receta tuvo que trabajarse hasta acercarse al sabor que buscaban. También hicieron pequeñas modificaciones para personas con dificultades para tolerar la lactosa. Jessica lo describe como un ejercicio conocido por muchos negocios de comida ecuatoriana en el exterior. “Aprender a cocinar con lo que ofrece el mercado sin perder aquello que el cliente espera reconocer en el primer bocado”.
Hay ingredientes en los que resulta más difícil ceder. Las pulpas de frutas importadas están entre los insumos más costosos del negocio, pero Jessica sostiene que son determinantes para conseguir el sabor del yogur. “Sin ellas el sabor de nuestro yogurt no sería el mismo de nuestra tierra”, explica. A esos costos se suman los gastos de operar un establecimiento en Estados Unidos, en un momento en que, según la propietaria, distintas medidas económicas han presionado las cuentas del negocio.
El mapa sentimental aparece cuando llegan los ecuatorianos. Los clientes de la Costa le cuentan que acostumbraban comer pan de yuca por la noche; los quiteños recuerdan Yogurt Amazonas y los cuencanos hablan del yogur de la Benigno Malo. Jessica es de Cuenca y se incluye entre estos últimos. “Todos tienen sus historias y sus rincones favoritos”, dice. El mismo producto llega al mostrador acompañado de recuerdos diferentes.

María Belén pertenece a ese público que compara inevitablemente con lo que comía en Ecuador. Su recorrido desde Queens hasta Nueva Jersey ayuda a explicar el desafío del negocio: existe un consumidor que conoce exactamente lo que busca, pero está disperso y tiene alternativas imperfectas. El pan de queso brasileño congelado resuelve una urgencia; para ella, no reemplaza el sabor que está tratando de encontrar.
Es un desafío que ha encontrado, dentro de Estados Unidos, espacio en una ciudad como Miami, con una fuerte población migrante guayaquileña con recuerdos del pan de yuca. Allá la cadena Naturíssimo abrió su primer local en 2021. Ahora tiene tres en el estado de Florida y con sus productos —que también llegan a consumidores de Nueva York y Connecticut— prevén una expansión hacia España.
Más allá del cliente ecuatoriano
LeGurt tampoco quiere depender para siempre de quienes llegan buscando un recuerdo. Jessica cree que la condición del pan de yuca como producto sin gluten puede abrir una puerta hacia consumidores estadounidenses y de otras nacionalidades. Su objetivo es que gane presencia fuera de la comunidad ecuatoriana, siguiendo el camino que productos de otros países latinoamericanos han conseguido abrir en el mercado estadounidense. “Es cuestión de paciencia, estrategia y perseverancia”, afirma.

El negocio tuvo que aprender a moverse. LeGurt abrió con una oferta concentrada en yogur y pan de yuca, pero el primer invierno obligó a ampliar el menú. De la misma masa nacieron waffles dulces y salados y, con el tiempo, la oferta incorporó otras combinaciones, toppings como chocolate y caramelo y bebidas que cambian con la temporada. En otoño, por ejemplo, el local ofrece preparaciones con pumpkin spice. La adaptación, cuenta Jessica, fue también una manera de mantener el negocio funcionando cuando vender únicamente los dos productos con los que había comenzado dejó de ser suficiente.
Ese pequeño cambio resume buena parte del desafío. En Ecuador, el pan de yuca llega al consumidor con una historia ya aprendida; aquí todavía tiene que presentarse. Entre quienes cruzan desde Queens para encontrarlo, por ejemplo, o para quienes lo reciben dentro de un paquete llegado de Ecuador y quienes lo prueban por primera vez porque buscan una opción sin gluten, el mismo pan ocupa lugares distintos. Para unos, el reto es encontrar el sabor que recuerdan. Para LeGurt, conseguir que algún día también lo busque quien nunca tuvo ese recuerdo.
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