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El problema de la basura en Quito visto desde otra perspectiva
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

7 Feb - 19:00

Uno creería que los plásticos son el único o el principal problema de la basura en la capital. Pero el asunto de los orgánicos es como para que venga Greta a enojarse con todos nosotros.

Quito tiene dos organismos municipales para la gestión de residuos. La primera es la Empresa Pública Metropolitana de Aseo de Quito, EMASEO EP, es la institución municipal encargada del barrido y recolección de residuos sólidos domiciliarios e industriales no peligrosos, barrido del espacio público, baldeo de plazas emblemáticas y transporte de residuos del Norte, Centro, Sur, y Parroquias no descentralizadas de Quito.

Una vez recolectada la basura, es trasladada a dos estaciones de transferencia que tiene la ciudad. Ahí los residuos que ingresan son depositados temporalmente en el galpón de transferencia y. mediante una cargadora frontal. se los empuja hacia la tolva que conecta directamente con el sistema de compactación de residuos, para reducir el volumen y optimizar su transporte.

En la actualidad no se realiza separación de material reutilizable en esta zona de operaciones, sin embargo, hay una Planta de Separación de Residuos Sólidos Urbanos, que es manejada directamente por la EMGIRS-EP es la segunda empresa municipal dedicada a la basura.

La estación de transferencia del sur está subcontratada y la estación de transferencia del norte, la administra directamente la EMGIRS-EP. En esta se formó un grupo de minadores llamado Asociación de Gestores Artesanales Nueva Vida, compuesto por aproximadamente 220 personas dedicadas al reciclaje de papel, cartón, plástico, metal y vidrio.

Los minadores, también llamados gestores ambientales artesanales, clasifican y reciclan la basura de forma precaria y con riesgo para su salud, lo que los convierte en un grupo vulnerable digno de ser estudiado bajo la lupa de los riesgos ocupacionales, principalmente el biológico.

Quito genera alrededor de 2.400 a 2.700 toneladas de residuos diariamente, según una caracterización realizada en el año 2013, se determinó que la basura quiteña se divide en: plásticos 15.5%, cartón y papel 12%, vidrio 2%, orgánicos 54%. El resto está en rechazo, chatarra y llantas usadas.

Esto quiere decir que la capital genera entre 1.200 y 1.400 toneladas de residuos orgánicos. Si es que no fue separada antes de subir al camión recolector (casi la totalidad), la basura orgánica será dispuesta en el Relleno Sanitario del Inga, para ser tratada y enterrada. Y esto es una barbaridad que terminará por colapsar el relleno sanitario.

Las personas han centrado su atención en el impacto que genera el plástico dentro de los ecosistemas y las campañas se han centrado en su reciclaje y disminuir su consumo. Pero la realidad de los quiteños y ecuatorianos es que generamos más orgánicos que cualquier otro residuo. Y nos estamos muriendo de sed junto a la cervecería, pues con esos orgánicos podríamos generar compost a millares surgir, y transformar los suelos de jardines, parterres, plantaciones, etcétera.

Una de las principales características de los desechos orgánicos es que no necesitan grandes cantidades de agua u otros recursos para transformarlos, solo necesitan condiciones apropiadas que permitan su degradación y transformación a compostaje.

Sin embargo, no los tratamos de manera correcta y estamos generando Metano el cual es 24 veces más contaminante que el Dióxido de Carbono, y otros compuestos como los lixiviados que son agentes contaminantes que generan gran impacto ambiental. En otras palabras, podríamos tener el mejor abono, pero estamos produciendo el peor gas y líquido contaminantes.

En Quito hay dos disposiciones: una es enterrarlos en el relleno sanitario y la otra es utilizarlos para alimento de animales de granja. Esto me hace pensar en los chinos y, creo que solo por suertudos es que no estamos importando algún virus asesino.

Estos dos mecanismos son obsoletos y agudizan la problemática ambiental, ya que, en lugar de separar la basura desde el origen, el relleno sanitario se está llenando de residuos orgánicos lo que provoca que su vida útil se acorte.

A este paso, ¿cuánto tiempo más le queda realmente al relleno sanitario del El Inga? ¿Qué se puede hacer al respecto? La solución no radica exclusivamente en una medida administrativa, sino en un cambio en nuestra forma de meter la basura en las fundas para que se las lleven los camiones.

Y con esta conclusión, creo que las cosas se vuelven más negras y desesperanzadoras, pues nos tocaría meter las manos a todos.

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