La corrupción sedujo también a los ‘nuevos cuadros’ políticos

Política

Autor:

Mario Alexis González

Actualizada:

27 Jul 2020 - 0:05

El asambleísta Daniel Mendoza (de morado), junto al candidato a prefecto Ricardo Zambrano (de verde), durante la campaña para la Alcaldía de Chone, el 17 de febrero de 2019. - Foto: FB Mejor

La corrupción sedujo también a los ‘nuevos cuadros’ políticos

Autor:

Mario Alexis González

Actualizada:

2 Ago 2020 - 10:35

A meses de un nuevo proceso electoral, las opciones presidenciales en Ecuador -una vez más- son personajes que llevan muchos años en la vida política.

Daniel Mendoza, exlegislador por Alianza País. Ana Galarza, exasambleísta por Creo. Dos políticos jóvenes que tienen más cosas en común de lo que parece.

Ambos ingresaron a la Asamblea Nacional para el período 2017-2021 como caras nuevas en la política, pese a que Mendoza ya había sido legislador alterno en el período anterior.

El perfil político de ambos, además, creció rápidamente en el Legislativo.

Apenas arrancado el período, Mendoza se convirtió en la mano derecha de José Serrano, presidente de la Asamblea en ese entonces y uno de los políticos más influyentes del oficialismo.

Daniel Mendoza junto a José Serrano en la sesión del Pleno de la Asamblea, el 6 de junio de 2017.

Daniel Mendoza junto a José Serrano en la sesión del Pleno de la Asamblea, el 6 de junio de 2017. Asamblea

Con la caída política de Serrano, quien fue destituido de la Presidencia de la Asamblea tras la filtración de un controversial diálogo con el excontralor Carlos Pólit, el político manabita se acercó al Gobierno y se convirtió en uno de los hombres de confianza del Ejecutivo.

En sus manos, por ejemplo, tuvo la presidencia de la Comisión para aplicar lo aprobado en la consulta popular de 2018, que ha sido la mayor apuesta política de la administración de Lenín Moreno.

Galarza, en el otro extremo del espectro político, tuvo la misma efervescencia que Mendoza. La coyuntura del caso Odebrecht y la ruptura entre el presidente Moreno y el exvicepresidente Jorge Glas fueron su plataforma política y mediática.

Incluso, Galarza se impuso -a punta de denuncias y apariciones mediáticas- a figuras con más experiencia de Creo como Mae Montaño, que a la postre terminó dejando esa organización.

En el plano de la lucha contra la corrupción, Mendoza y Galarza ‘también destacaron’. El primero, por ejemplo, integró la Comisión de Fiscalización e interpeló al excontralor Carlos Pólit en su juicio político.

Y Galarza fue una de las más entusiastas líderes del proceso político para viabilizar el enjuiciamiento penal de Jorge Glas. Y denunció a Norma Vallejo, exlegisladora oficialista, por cobrar diezmos, lo que terminó en su destitución.

La exasambleísta Ana Galarza (rosado), junto a Eliseo Azuero, en una reunión de la Comisión que investigó a Norma Vallejo, en octubre de 2018.

La exasambleísta Ana Galarza (rosado), junto a Eliseo Azuero, en una reunión de la Comisión que investigó a Norma Vallejo, en octubre de 2018. Asamblea

Sin embargo, esa aparente lucha contra la corrupción se dio vuelta para ambos. Los dos tuvieron que dejar la Asamblea por denuncias en su contra.

Mendoza es acusado de liderar una red de corrupción que desvió fondos públicos destinados construir hospitales en Manabí. Galarza, en cambio, fue destituida luego de que fuera acusada de supuestamente tramitar cargos públicos. Su caso también está en manos de la Fiscalía.

Estos no son los únicos casos de figuras jóvenes de la política que han sido ensombrecidas por acusaciones de corrupción. A continuación tres de los ejemplos más sonados.

  • Iván Espinel: Apareció en las elecciones de 2017 como el candidato más joven. Luego pasó a formar parte del Gabinete presidencial de Moreno. Hoy tiene varias sentencias en su contra por casos de corrupción en el IESS.
  • Abdalá ‘Dalo’ Bucaram: Aunque ya tiene un largo recorrido en política se vendió como la nueva cara del roldosismo. Fue legislador y candidato presidencial. Hoy está prófugo de la justicia.
  • María Alejandra Vicuña: Con dos períodos legislativos a cuestas, logró hacerse de la Vicepresidencia de la República. Un caso de diezmos le terminó costando su puesto y una sentencia de un año por concusión.

¿Y los nuevos cuadros?

Son los mismos de siempre“, “hay que dar espacio a gente joven“… Son apenas dos de las frases que rondan en Ecuador cuando se acerca un nuevo proceso electoral.

Sin embargo, no han dejado de ser eso: premisas lanzadas por el descontento social hacia los partidos y movimientos políticos pero que no logran cambiar la realidad.

Este y otros factores han generado que la población pierda interés en los partidos y movimientos políticos.

Según la encuestadora Cedatos, a finales de 2019, el 40% de la población no sentía sentía agrado en las organizaciones políticas y el 22,2% no tenía interés en ellas.

Esta mala imagen de los partidos está anclada, de una u otra manera, a los políticos tradicionales, que no han podido ser relevados.

Por un lado, están los nuevos cuadros que no terminan de consolidarse y, por otro, aquellos nuevos rostros que terminan involucrados en irregularidades, o directamente seducidos por la corrupción.

En junio de 2020, un estudio de la firma Click mostró que el 42,34% de la población considera que el mayor problema de nuestro país es la corrupción.

Por eso, las organizaciones políticas terminan por confiar en ‘caras conocidas’. Eso se refleja en la configuración que parece tomar la papeleta electoral de cara a los comicios de 2021.

Ecuador tiene seis precandidatos a la Presidencia de la República confirmados. El promedio de edad de estos políticos es de 61 años.

Álvaro Noba (AEA) y Lucio Gutiérrez (PSP) son los candidatos con más larga trayectoria política. Ambos terciarán por sexta vez a la Presidencia.

Aunque son mayoría, los políticos de larga data no parecen encajar con el perfil que, se supone, buscan los ecuatorianos

Click, consultó a 760 personas en Quito y Guayaquil, sobre el perfil del nuevo presidente. La mayoría prefiere personas jóvenes pero con experiencia política.

Ahora, el reto está en que las organizaciones políticas recurran a sus bases para encontrar estos perfiles, no solo para la Presidencia sino también para la Asamblea.

Nota aclaratoria: En nota enviada a PRIMICIAS, la exasambleísta Ana Galarza aclara que fue destituida de la Asamblea “no por el supuesto cobro de diezmos. Mi destitución se llevó a cabo por una supuesta supuesta gestión de cargo público”. Sobre los señalamientos de cobro de contribuciones a sus colaboradores, recalca que se trata de un proceso “que aún se mantiene en indagación previa en la Fiscalía” por lo que debiera ser antecedido de la palabra “supuesto”. Galarza dice que “no ha existido un fallo en mi contra, he presentado a la Fiscalía y a todas las instancias de control correspondientes mis pruebas de descargo”. El artículo original, publicado el 27 de julio de 2020 a las 0:05 ha sido modificado el 30 de julio a las 10:29 para incorporar estas precisiones.

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