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Tablilla de cera

De la interdicción al asesinato: cómo cambió la política antidrogas de Estados Unidos

Gonzalo Ortiz

Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.

Actualizada:

17 sep 2026 - 05:55

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La cocaína, droga muy popular en EE. UU. (4,3 millones de estadounidenses la esnifan al menos una vez al año, y 1,7 millones al menos una vez al mes), fue tratada durante décadas como un tema criminal. La Guardia Costera interceptaba embarcaciones sospechosas, incautaba los alijos que hallaba a bordo y arrestaba a los narcotraficantes que iban a juicio.

¿Cómo es que Donald Trump cambió esta política y empezó a hundir las embarcaciones y matar a los supuestos narcotraficantes?

No es reciente. Desde su primer mandato, Trump quiso usar la fuerza. Planteaba bombardear los laboratorios mexicanos de fentanilo, que causaban 100 mil muertes al año en EE. UU.

Xi Jingpin y Rodrigo Duterte eran sus modelos. Decía que ellos no tenían limitación para ordenar la muerte de narcotraficantes ni abogados que cacareasen sobre derecho internacional o debido proceso.

Aunque en su primer periodo no lo puso en práctica, en el segundo dijo a su equipo que manejaría el problema de las drogas al estilo del filipino Duterte. No le importó que, a los dos meses de iniciado ese segundo mandato, este terminara apresado y juzgado por la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes contra la humanidad en su “guerra contra las drogas”.

Trump se siente inmune al no ser EE. UU. parte de la CPI, comandar la fuerza militar más poderosa del mundo y estar blindado con una amplia inmunidad presidencial.

Como narran los periodistas Maggie Harman y Jonathan Swan, en su libro 'Regime Change', Trump y su asesor Stephen Miller (tanto o más radical que su jefe) tuvieron en el nuevo Gobierno al operador perfecto: el secretario de Estado Marco Rubio, que de senador idealista que predicaba democracia y libertad para los pueblos venezolano y cubano se había transformado en un realista pragmático, dispuesto a lo quisiera su jefe.

Los cambios de Trump 1 a Trump 2 fueron igualmente notables en el Pentágono, el Departamento de Justicia y la Oficina del Asesor Jurídico. Tenían a Pete Hegseth, sediento de emplear la fuerza sin consideraciones legalistas, y a abogados que dirían sí a todo.

Lo de bombardear a los carteles en México tuvo que abortarse pues la presidenta Sheinbaum —comprometida a hacer todo lo que le pidiera EE. UU. para contener los flujos de migrantes y drogas— no quería ninguna intervención militar directa, temiendo que la reacción nacionalista pondría en juego su propia estabilidad y cualquier cooperación futura.

Y entonces llegó la idea de bombardear las lanchas rápidas venezolanas, a las que nunca nadie había mencionado como problema. El 2 de septiembre del año pasado, Trump lo anunció casi de casualidad: EE. UU. había hundido en el Caribe un bote que llevaba drogas y a las 11 personas que lo ocupaban.

De inmediato surgieron las dudas. No podía ser fentanilo, porque este no venía de Venezuela, de donde a veces se transportaba cocaína. ¿Cómo y cuándo se había comprobado que se la llevaba a bordo? ¿Y por qué el bote tenía tantos ocupantes? Quienes transportan droga no ceden espacio de carga por llevar pasajeros.

Luego se supo que no fue con un único cohete que se fulminó al buque y ocupantes. Hubo sobrevivientes, pero el Gral. Frank Bradley, entonces jefe del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, ordenó que siguieran los misilazos hasta matarlos a todos.

La operación levantó sin fin de cuestionamientos, no solo de organismos de derechos humanos sino de los legisladores demócratas y algún republicano, como el senador Rand Paul (R-Ky) quien dijo: “No se puede tener una política en la que simplemente se acuse a alguien de ser culpable de algo, y se va y se lo mata”.

Pero aquello no sería óbice. Usando los poderes que se le dieron al presidente luego de los ataques de Al-Qaeda del 11 de septiembre de 2001, Trump empezó a designar a los carteles de la droga como “organizaciones terroristas extranjeras”. Y aunque esa designación solo era para impedir financiamiento o transacciones financieras en EE. UU., Trump no se detuvo en detalles y lo tradujo como permiso para matar.

Los hundimientos siguieron en el Caribe y el Pacífico, con sobrecogedores videos, ideales para redes sociales. Al 10 de septiembre de 2026, el recuento de InSight Crime registra 75 ataques estadounidenses contra presuntas embarcaciones de narcotráfico y 230 personas muertas.

Este año le tocó el turno al Ecuador. Desde enero hasta anteayer, se ha denunciado que once embarcaciones ecuatorianas han sido atacadas: Fiorella, Negra Francisca Duarte II, Don Maca, Karla Franshesca, Los Tres Hermanos, Conquista II, OM2, María Candelaria, Montecristi, Don Rufo y, este mismo martes, X Siempre Don Carlos. Organizaciones de derechos humanos atribuyen los primeros cuatro ataques a fuerzas de EE. UU., aunque Washington no lo ha reconocido.

En cambio, al menos siete embarcaciones ecuatorianas han sido destruidas o hundidas en operaciones reconocidas por EE. UU. y Ecuador entre fines de agosto y el 15 de septiembre:  de Los Tres Hermanos hasta X Siempre Don Carlos.

60 pescadores de tres de esas embarcaciones (Conquista II, OM2 y María Candelaria) fueron detenidos y procesados: 32 quedaron sometidos a procedimiento por asociación ilícita y 28 recuperaron la libertad, después de que una jueza declarara ilegal su detención.

Además, 16 tripulantes de la Negra Francisca Duarte II fueron retenidos después del ataque y trasladados a El Salvador antes de ser repatriados; no están detenidos en Ecuador. El Comando Sur anunció ayer que los 25 pescadores del X Siempre Don Carlos serán entregados a las autoridades ecuatorianas.

Ocho pescadores de la Fiorella permanecen desaparecidos desde enero. Es el caso más grave y todavía no hay una explicación oficial satisfactoria sobre qué ocurrió con ellos.

Las autoridades justifican las acciones indicando que las naves no eran pesqueras sino “plataformas logísticas” del narcotráfico. Pero ¿qué juez lo determinó y con qué pruebas? Y, dado que en el Ecuador no existe pena de muerte ni destrucción arbitraria de bienes, ¿cuál es la autoridad legal para actuar como piratas de mar abierto?

  • #Estados Unidos
  • #Ecuador
  • #barco
  • #Desaparecidos Ecuador
  • #Donald Trump
  • #cocaína
  • #narcotráfico

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