Los resultados de PISA muestran el presente y futuro de la educación ecuatoriana en la era de la IA
Investigadora. Directora Técnica de Fundación Octaedro. Integrante del Comité Asesor Internacional de The Lancet Global Health y del Consejo Editorial de BMJ Public Health. Asociada a la Cátedra UNESCO de Salud Global y Educación.
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Como es costumbre, el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) acaba de demostrar, con la última prueba aplicada a estudiantes de 15 años en 91 países, que Ecuador es líder en mediocridad. Pero al menos es líder en algo. La tendencia global de los resultados ha ido a la baja y el país está dentro de la tendencia, pero se destaca por superar a solo 20 países, con 393 puntos en ciencias, 385 en lectura y 366 en matemáticas, en comparación con China, el mejor puntuado en dos áreas, que obtuvo 612 en matemáticas, 597 en ciencias y 527 en lectura.
Un consuelo propuesto por PISA es que los resultados ecuatorianos son peores que en la evaluación anterior de 2017, debido a un mayor número de estudiantes matriculados por la inclusión de estratos socioeconómicos más bajos. Pero esta afirmación contradice las cifras del propio Ministerio de Educación, que muestran un decrecimiento constante de la matrícula en Educación General Básica.
La realidad es que nuestro sistema educativo es lamentable y, con el creciente uso de la inteligencia artificial, sin rectores y docentes que sepan cómo abordarlo, se volverá cada vez peor. Por un lado, los resultados de la prueba PISA son consecuencia de la simple y llana pobreza de los estudiantes. Mientras que solo el 31% de los estudiantes del estrato socioeconómico más alto tuvo un desempeño en ciencias inferior al umbral mínimo de competencia, el 79% de los estudiantes más pobres no logró superar ese umbral. Asimismo, son consecuencia de la simple y llana falta de inversión en las instituciones educativas. El 47% de los estudiantes asiste a clases con alguna carencia estructural y el 51% carece de material educativo (libros de texto, computadoras, biblioteca o equipos de laboratorio).
Adicionalmente, PISA no considera el número de días de clases efectivos en un país como Ecuador, donde los colegios cancelan periódicamente las clases debido a incendios, apagones, sequía, inundaciones y violencia social. Igualmente, los resultados no se corrigen por el efecto del idioma de la prueba (castellano) en estudiantes con lengua materna distinta. Esta posible influencia es palpable en Paraguay, que tiene un sistema educativo desastroso y, por eso, no le quito mérito, pero también tiene un alto porcentaje de habitantes cuyo primer idioma es el guaraní.
Si Ecuador no invierte en educación, a la par de monitorear y capacitar a todos los profesores sin la capacidad mínima para enseñar y con niveles de lectoescritura bajos, se puede anticipar que los resultados serán cada vez peores. También tiene que revisar algunas políticas. Por ejemplo, con el objetivo de reducir las distracciones, el Ministerio de Educación decidió prohibir el uso de teléfonos en los colegios. Pero sin computadoras ni calculadoras inteligentes ni bibliotecas ni libros de calidad, el teléfono móvil es la única vía para que un estudiante de un colegio sin recursos pueda corroborar un dato, aplicar una fórmula matemática ágilmente, corregir faltas de ortografía y hasta grabar audios o videos que le puedan ser útiles a la hora de hacer deberes.
No digo que tengamos que presionar a los estudiantes para que lleguen a los niveles de países como China, porque eso es imposible y, además, tiene costos mentales y sociales, pero tampoco podemos permitir que cada vez menos estudiantes alcancen el umbral mínimo de competencia ni la ausencia de estudiantes que llegan al potencial máximo por la inoperancia general del sistema educativo.
En promedio, en los 38 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que coordina PISA, las deficiencias de aprendizaje se deben parcialmente o en gran medida a que el 40% de los estudiantes asisten a instituciones con déficit de profesores y la misma proporción de instituciones reporta falta de personal de apoyo. Si en estos países, en su mayoría poderosos, existen estos problemas, no espero mucho más de Ecuador. Pero los resultados de los países de la OCDE implican que, aun con brechas de personal, es posible llegar un poco más lejos en los resultados si el gobierno central invierte en la educación y la gestiona con mayor efectividad que en este país.