Columnista invitada
Coca, oro y mercurio: la triple amenaza que arrasa la Amazonía
Experta en prevención de crimen organizado. Docente de la UG, con más de 5 años de expertise en prevención de crimen organizado y lavado de activos. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Máster en Seguridad.
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El mayor error de la política criminal ecuatoriana ha sido mirar a la Amazonía como periferia. Mientras la atención se concentra en los puertos y las ciudades costeras, en la selva se consolidan economías ilícitas capaces de capturar territorio, contaminar ríos y reemplazar al Estado.
Esto se debe a que la violencia no impacta de forma inmediata en los sectores urbanos con un mayor número de votos electorales. Sin embargo, existe una hipótesis cada vez más relevante: el crimen organizado está igual de activo en la Amazonía ecuatoriana como en la costa del Pacífico.
En la Amazonía peruana como en la colombiana se observa una presencia significativa de cultivos de coca y de proyectos mineros ilícitos. La particularidad de la Amazonía es que múltiples economías criminales convergen en un mismo espacio y se retroalimentan entre sí.
Uno de los efectos más graves de la minería ilegal, una problemática que también afecta al Ecuador, es la profunda contaminación de ríos y comunidades locales mediante el uso de mercurio. A ello se suman otros delitos que suelen articularse en torno a estos enclaves extractivos, como la trata y el tráfico de personas con fines de explotación sexual y laboral.
Las áreas donde el crimen organizado es más pronunciado suelen ser rurales y remotas, marcadas por una baja conectividad y una débil comunicación con las autoridades estatales.
Como señala Bram Ebus, fundador y codirector de Amazon Underworld, la distancia y la ausencia de un control estatal efectivo suelen convertirse en una ventaja estratégica para las redes criminales: entienden que la supervisión es limitada, la capacidad de respuesta es débil y la cooperación transfronteriza a menudo es inexistente. Por esto, la disputa no solo de grupos delictivos brasileños como el Comando Vermelho o el PCC, sino también del ELN.
En el Parque Nacional La Playa, en Putumayo, zona fronteriza con Ecuador y Perú, la naturaleza ha sido arrasada para el cultivo de coca. Se trata de una economía profundamente rentable: mientras un kilo de cocaína puede costar alrededor de 1.500 USD en origen, en Europa su valor haciende a 45.000 USD. Dentro de Colombia, uno de los estados con más crecimiento porcentual de cultivo de hoja de coca anualmente es Putumayo.
Dentro de la Amazonía, uno de los modus operandi de los grupos de delincuencia organizada (GDO) consiste en no limitarse a un solo mercado criminal para generar rentas. Por el contrario, diversifican sus actividades entre el cultivo de coca, la producción de cocaína, la explotación petrolera, legal e ilegal, y la ganadería extensiva, sectores que con frecuencia terminan integrándose a la economía formal de la región amazónica debido a la corrupción.

En la figura 1 se observa que, dentro de la región amazónica, las provincias con las tasas de homicidios más altas por subcircuitos, son Sucumbíos, Francisco de Orellana y Zamora Chinchipe. Al mismo tiempo, el resto de la violencia del país continúa concentrándose en la Costa ecuatoriana, particularmente en las provincias portuarias de aguas profundas que movilizan la mayor parte de las exportaciones: Guayas y El Oro.
La estrategia frente a la Amazonía en Ecuador se ha limitado, en gran medida, a la destrucción de maquinaria utilizada en la minería ilegal, equipos que suelen representar inversiones millonarias tanto de grupos de delincuencia organizada como de actores legales vinculados al negocio.
El resultado es predecible: las personas detenidas recuperan la libertad pocos días después y, casi de inmediato, los proyectos ilícitos se reactivan con nuevo personal o incluso con el mismo y con nueva maquinaria importada al país o alquilada nuevamente.
Myanmar es un claro ejemplo de lo que no debe hacerse para enfrentar la minería ilegal, actividad que opera con la tolerancia informal de autoridades locales. Sus ríos se encuentran gravemente contaminados con metales pesados, entre ellos mercurio y cobre, lo que ha restringido el acceso al agua apta para consumo humano de numerosas comunidades locales. Si seguimos así, posiblemente ese será el futuro de la Amazonía ecuatoriana.