Más allá de las cifras de la delincuencia
Politólogo. Autor de varios libros sobre democracia, partidos y política latinoamericana.
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Según algunos voceros gubernamentales, la estrategia de lucha contra los grupos de delincuencia organizada está dando excelentes resultados. La evidencia que presentan es la reducción del número de homicidios intencionales en los primeros seis meses del presente año con respecto al anterior. Señalan que se habría pasado de una tasa de 50,1 a una de 26,0 por cada 100.000 habitantes. Así, se demostraría estadísticamente que el camino escogido ha sido el adecuado y que cabe mantenerlo.
Sin embargo, como ocurre siempre que se trabaja con índices de ese tipo es recomendable mirar algunos otros aspectos de las cifras sobre las que se hace ese cálculo. La primera de estas es el número original, esto es, la cantidad de muertes violentas sucedidas en cada período. En el año anterior sumaron un total de 9.283, mientras entre enero y junio del presente año se han registrado 3.486. A primera vista, se presenta como una reducción drástica, pero se debe considerar que la una corresponde a doce meses y la otra a un solo semestre, esto es, a la mitad. Por tanto, con un ejercicio de primer año de escuela, para comparar manzanas con manzanas —en este caso semestre con semestre—, debemos tomar la cifra del primer semestre del 2025 que fue de 4.659 (tomada de www.datosabiertos.gob.ec). Ciertamente, la del 2026 es inferior a esta (en un 25%), pero no en la medida que presentan algunos voceros (alrededor de 50%).
Para tener las cosas más claras es conveniente ver el tema en su dimensión más pequeña. El promedio de muertes violentas diarias fue de 25 en el año pasado y de 19 durante los primeros seis meses del presente. Esto significa que pasamos de una persona asesinada cada 58 minutos (prácticamente una hora) a una persona asesinada cada hora y dieciséis minutos. Sí, hay una reducción, pero no parece que sea para alegrarse y asegurar que las cosas van muy bien. Obviamente, y en beneficio de quienes hacen esa lectura optimista, no hay que olvidar que el año pasado fue el más violento en toda la historia del país, de manera que cualquier reducción es más que bienvenida.
Más allá del manejo estadístico de las cifras es importante comprender cuál es la causa que explica esa reducción. Los hechos fundamentales fueron, en primer lugar, la declaratoria de estado de excepción y, derivado de esta, los diversos toques de queda focalizados en zonas determinadas. Para hablar en el lenguaje de los entendidos en el tema, al primero se lo podría considerar como un elemento estratégico, mientras el segundo sería un recurso táctico. El estratégico tiene como núcleo al uso de la fuerza y es permanente. El táctico busca reducir el tiempo diario disponible para la acción de los grupos delincuenciales y es pasajero. El primero está vigente desde hace más de dos años, en tanto que el otro se ha aplicado de manera sistemática en los últimos seis meses. Por tanto, es factible suponer que la reducción de las muertes violentas se debe en mayor medida a este último.
La hipótesis —o, más modestamente, el supuesto— es que los grupos delincuenciales optaron por no exponerse en las horas del toque de queda. Pero, esa inactividad no fue total, ya que paralelamente se incrementaron las acciones violentas en otras zonas del territorio nacional. Buena parte de los delincuentes, básicamente aquellos que no tienen un colchón económico para resistir más de un par de días, se habrían desplazado a otras provincias para seguir con su actividad. Es probable que este desplazamiento les obligara a hacer un giro y privilegiar las acciones más asociadas con la delincuencia común que las propias del crimen organizado.
Independientemente de la validez de este supuesto, lo cierto es que el núcleo del problema no ha sido afectado. La táctica del toque de queda tiene límites muy claros tanto en lo legal como en lo económico (y en lo político, porque afecta a la imagen de quien lo establece). Además, habrá que ver las cifras en períodos de mediano o largo plazo sin toque de queda. Pero, el fondo del asunto es que el diseño estratégico nació huérfano porque no contempla la principal arma para combatir a esta plaga, que es el seguimiento de la ruta del dinero.