¿Por qué regalar experiencias gana cada vez más espacio en fechas como el Día del Padre?
Una camisa, un perfume, una billetera o una herramienta siguen siendo algunos de los regalos más comunes para el Día del Padre. Sin embargo, cada vez más familias optan por celebrar la fecha de otra manera: compartiendo experiencias.

Padre e hijo en el muelle en la playa
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Viajes cortos, salidas familiares, actividades al aire libre o incluso una comida especial están ganando terreno frente a los obsequios materiales. La tendencia responde a un cambio en las preferencias de consumo, especialmente entre quienes priorizan los recuerdos y el tiempo compartido por encima de la acumulación de bienes.
El estudio “La economía de las experiencias", elaborado por Mastercard, encontró que los consumidores muestran un creciente interés por destinar parte de su presupuesto a actividades que les permitan crear recuerdos, descubrir nuevos lugares y compartir tiempo con familiares y amigos.
La investigación señala que las experiencias ocupan un lugar cada vez más relevante dentro de las decisiones de consumo.
Detrás de este cambio existen razones emocionales y psicológicas. Para Kenneth Ávalos, psicólogo clínico y consultor privado independiente, las experiencias compartidas generan un impacto que suele permanecer durante más tiempo en la memoria. En entrevista con GESTIÓN, explica que estos momentos activan emociones asociadas al afecto, la gratitud y la convivencia familiar. “Se queda marcado el hecho de vivir y sentir la emoción de compartir y de dar cariño a la otra persona. Hay una forma de vivencia que permanece en el tiempo”, señala.
¿Por qué recordamos más una experiencia que un objeto?
Aunque los regalos materiales pueden generar satisfacción inmediata, las experiencias suelen dejar una huella emocional más profunda. Ávalos explica que el cerebro tiende a asociar los recuerdos con emociones, lugares y personas. Por eso, una actividad compartida tiene más probabilidades de permanecer en la memoria que un objeto recibido en una fecha específica.
“Nosotros recordamos más nuestras emociones por medio de los lugares que hemos visitado y de las experiencias que hemos vivido. Eso es lo que nos va llenando y perdurando en el tiempo”, afirma. El especialista añade que las experiencias también contribuyen a construir la identidad personal y familiar.
“Nos ayuda a recordar lo que vivimos, lo que sentimos y lo que disfrutamos. Se crea un recuerdo más placentero y más duradero que un objeto recibido”, explica. Desde esa perspectiva, actividades como un viaje, una salida familiar o incluso una experiencia sencilla realizada en conjunto pueden convertirse en recuerdos que acompañen a las personas durante años.
El tiempo compartido fortalece los vínculos familiares
Más allá del entretenimiento, compartir tiempo de calidad tiene efectos positivos sobre las relaciones familiares. Según Ávalos, el tiempo se ha convertido en uno de los recursos más valiosos para las familias modernas, especialmente en un contexto donde las jornadas laborales, los estudios y las obligaciones diarias reducen los espacios de convivencia.
“El tiempo compartido fortalece la comunicación, los vínculos afectivos y los espacios seguros dentro de la familia. Nos ayuda a conocernos mejor y a construir conexiones más profundas con nuestros seres queridos”, sostiene. Señala que estas actividades permiten fortalecer los apegos, generar confianza y mejorar la comunicación entre padres e hijos.
Además, pueden convertirse en oportunidades para conversar sobre temas que normalmente no se abordan en la rutina diaria, creando espacios para expresar emociones, compartir preocupaciones o simplemente disfrutar de la compañía mutua.
Lo que cambió después de la pandemia
La pandemia también modificó la forma en que muchas personas valoran el tiempo compartido. Durante los confinamientos, las familias pasaron más tiempo juntas y descubrieron nuevas formas de entretenimiento dentro del hogar. Para algunos especialistas, esa experiencia dejó una huella que todavía influye en las decisiones de consumo actuales.
“Después de la pandemia aprendimos a valorar mucho más el tiempo con nuestros seres queridos. Compartir, apoyarnos, entendernos y vivir experiencias juntos comenzó a tener un significado distinto”, afirma Ávalos.
Añade que muchas familias empezaron a priorizar actividades compartidas y a valorar más los momentos cotidianos. “Se fortaleció la convivencia familiar porque las personas tuvieron que buscar nuevas formas de divertirse, jugar y compartir dentro de su mismo círculo cercano”, explica.
A su criterio, este cambio también ha contribuido a que más personas consideren las experiencias como una alternativa atractiva frente a los regalos tradicionales.
Cuando las marcas venden experiencias
El auge de las experiencias no solo ha transformado el comportamiento de los consumidores. También ha cambiado la forma en que las empresas construyen sus estrategias comerciales. Para Carla Barbotó, cofundadora de Paccari, la experiencia permite que los consumidores conecten con la historia y los valores que existen detrás de un producto, explica para GESTIÓN.
“Ya no solo se consume por consumir. Las personas quieren entender qué hay detrás de cada producto y cómo sus decisiones de compra pueden generar un impacto”, señala. Los consumidores actuales muestran un interés creciente por conocer el origen de los productos, las historias de quienes los elaboran y el impacto que generan.
“Existe un consumidor que busca conocimiento, que quiere experimentar nuevos sabores y acercarse a las culturas a través de los productos que consume”, afirma. También considera que esa conexión emocional es la que finalmente impulsa la fidelidad y la recompra. “Buscamos que la experiencia sea tan especial que las personas quieran volver. No solo por el producto, sino por todo lo que representa”, agrega.
Viajar también es una forma de construir recuerdos
Para Santiago Peralta, fundador de Paccari, las experiencias ocupan un lugar central en la vida de las personas porque están ligadas a la memoria emocional. “Vivimos de experiencias”, afirma.
A su criterio, los recuerdos asociados a momentos compartidos suelen permanecer mucho más tiempo que los bienes materiales. “Uno recuerda la comida que compartía con su familia, los lugares que visitó o los momentos especiales que vivió. Son esas experiencias las que terminan formando parte de nuestra historia personal”, añade.
Peralta considera que los viajes tienen un valor especial porque permiten descubrir nuevos lugares y crear recuerdos que permanecen durante años. “Cada experiencia suma calidad a la vida. Son las cosas que finalmente llenan y pintan nuestra historia”, sostiene. Por ello considera que las marcas tienen cada vez más interés en construir experiencias alrededor de sus productos.
“Las personas buscan emociones, historias y conexiones. No se trata solamente de vender un producto, sino de formar parte de momentos significativos”, afirma.
Cómo crear una experiencia memorable sin afectar el presupuesto familiar
Aunque muchas personas asocian las experiencias con viajes o actividades costosas, los especialistas coinciden que el impacto emocional no depende necesariamente del dinero invertido. Según Ávalos, las experiencias más significativas suelen estar relacionadas con el tiempo compartido y la participación de la familia.
Identificar las preferencias del padre: planificar en función de las actividades que realmente disfruta el agasajado (revivir un pasatiempo, descubrir un lugar nuevo o descansar) en lugar de imponer una actividad masiva o estresante.
Diseñar una actividad en conjunto: Organizar eventos que requieran la participación de los miembros del hogar, como preparar una comida especial en familia o coordinar una tarde de juegos de mesa.
Aprovechar los espacios públicos urbanos: Reducir los costos de transporte y entradas optando por actividades al aire libre, como salir a caminar, visitar un parque ecológico o realizar un pícnic.
Fomentar la desconexión digital: Asegurar que la experiencia funcione como un espacio seguro de comunicación, limitando el uso de dispositivos móviles para consolidar el tiempo de calidad.
Sustituir el empaque por la vivencia: Recordar que las actividades de bajo costo generan la misma huella en la memoria familiar cuando están asociadas al afecto y a la convivencia real.
Para Ávalos, el objetivo no es reemplazar los regalos materiales, sino recordar que muchas veces los recuerdos más duraderos surgen de actividades simples compartidas en familia. “No necesariamente se trata de llevar a los padres a un restaurante costoso o comprar un objeto de gran valor. Lo importante es hacer algo en conjunto y crear un momento significativo”.
(*) Periodista Gestión Digital.
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