“Ten el coraje de pensar por ti mismo”, el llamado del cardenal Luis Cabrera cuando la IA busca reemplazar las decisiones humanas
El arzobispo de Guayaquil, cardenal Luis Cabrera, defendió el uso de la inteligencia artificial como herramienta, pero alertó sobre el riesgo de convertirla en sustituto del criterio humano, y de aceptar sus respuestas sin contrastarlas.

El cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, interviene en el simposio Custodiar lo humano en tiempos de inteligencia artificial, realizado en la ESPOL el 3 de septiembre de 2026.
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PRIMICIAS
Autor:
Gonzalo Herrera vargas
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En un simposio poco usual para Guayaquil, el cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, se refirió a la inteligencia artificial (IA), y al igual que el papa León XIV habló sobre los riesgos que supone esta tecnología para Ecuador y el mundo.
El encuentro se denominó Custodiar lo humano en tiempos de inteligencia artificial', y se realizó en la universidad ESPOL, con el fin de advertir sobre el riesgo de delegar a estas herramientas la capacidad de pensar y decidir.
“Ten el coraje de pensar por ti mismo”, fue una de las enseñanzas de Cabrera, ante una sala llena de representantes de la academia, la Iglesia, el sector público y privado.
Meses atrás, León XIV llamó a los ciudadanos a tomar en cuenta que la IA puede no ser neutral e incluso urgió a desarmarla, a través de su encíclica Magnifica Humanitas.
Durante su intervención, el cardenal Cabrera, quien también preside la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, retomó esta frase del filósofo alemán Immanuel Kant para defender la importancia de conservar el criterio propio frente al avance de la inteligencia artificial.
“Ten el coraje de hacer uso de tu razón y no delegues a ese aparato que piense por ti, que sienta por ti, que decida por ti, que sueñe por ti. Es un instrumento que está a tu servicio, no nosotros al servicio del aparato”.
Cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil

Paola Ricaurte, investigadora de un centro especializado en internet y sociedad de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, llevó esa preocupación al terreno de los algoritmos.
Explicó que cada vez más aspectos de la vida cotidiana están mediados por sistemas que seleccionan qué vemos, qué leemos o qué se nos recomienda, sin que necesariamente conozcamos cómo toman esas decisiones.
“Nosotros recibimos muchos referentes de la realidad ya no por nuestra experiencia directa, sino a través de la mirada que nos devuelven los algoritmos”.
Paola Ricaurte, investigadora del Berkman Klein Center for Internet & Society de Harvard
El riesgo de que 'todos' pensemos igual
Esa mediación aparece incluso en decisiones sencillas. Ricaurte mencionó las aplicaciones que indican qué ruta seguir en las calles o las plataformas que escogen qué música recomendar. Son acciones que se automatizan y que muchas veces dejamos de cuestionar.
El cardenal plantea una reacción sencilla frente a esa automatización. Ante una respuesta de inteligencia artificial, dijo, la primera pregunta debería ser “¿será verdad?”. “Tenemos que ser muy críticos”, sostuvo.
Para Ricaurte, el riesgo va más allá de recibir una respuesta equivocada. Si cada vez más personas utilizan herramientas construidas y entrenadas de manera similar, también puede reducirse la diversidad de perspectivas con las que forman sus propias ideas.
“Si todos utilizamos las mismas herramientas, creadas por las mismas personas y entrenadas de la misma manera con un conocimiento que no sabemos cuál es, podemos llegar a tener una estandarización de las formas de pensar”.
Paola Ricaurte, investigadora del Berkman Klein Center for Internet & Society de Harvard
Inteligencia Artificial y dependencia
Ricaurte identifica una señal cuando la persona empieza a perder capacidades que antes podía ejercer sin asistencia.
“Cuando delegas tu capacidad de pensar, tu capacidad de razonar, tu capacidad de tomar decisiones, allí puedes ya estar generando dependencia”, señaló. Puso como ejemplo necesitar inteligencia artificial para resumir un libro o escribir un texto que antes podía elaborar por cuenta propia.
“No es ni un Dios ni un demonio”, resumió el arzobispo, quien tampoco rechaza estas tecnologías. Aseguró que la propia Iglesia utiliza inteligencia artificial en ámbitos como la educación y la preparación de textos, pero insistió en que debe evitarse tanto “demonizar” como “endiosar” la tecnología.
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