Leyenda Urbana
Pierina, Monge, Quishpe o Villavicencio, ¿quién presidirá la Asamblea Nacional?
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

18 Ene 2021 - 19:02

La conformación de la nueva Asamblea Nacional, que se instará el 14 de mayo, no ha logrado despertar mayor interés en la ciudadanía, concentrada en la elección del nuevo Presidente de la República. 

Aunque se trata de una constante en comicios de esta naturaleza, la indiferencia colectiva parece una respuesta a la atroz imagen de la Asamblea actual, marcada por un sinnúmero de escándalos de corrupción, con 60 legisladores enfrentados a procesos judiciales, y el más bajo respaldo histórico de que se tenga registro (2% de aceptación).

La crisis sanitaria que azota al país conspira también para una campaña electoral de más amplia difusión, por las medidas de bioseguridad que se deben observar, a fin de evitar que el Covid-19 se expanda.  

Los últimos debates presidenciales, incluido el organizado por el Consejo Nacional Electoral, el fin de semana último, y al que estaban obligados a asistir todos los aspirantes, parecen haber logrado conectar a gran parte de la ciudadanía con la campaña, aunque la misma comenzó el 31 de diciembre pasado.  

Haber escuchado a todos los aspirantes juntos no habría dejado indiferente a nadie. Y, mientras procesan las intervenciones de los 16 presidenciables, ahora se preguntan quiénes son los candidatos a la Asamblea Nacional.

Una gran dosis de valor y coraje hará falta para superar la frustración que se apoderará de los ecuatorianos cuando el 7 de febrero tengan en sus manos la papeleta para escoger a los asambleístas y se encuentren con el rostro de figuras procesadas por la justicia por graves delitos vinculados a la corrupción.

Será la escenificación de la decadencia democrática, en una Nación donde las leyes son laxas y la interpretación de las mismas favorecen a quienes han delinquido. 

Mientras dure el proceso electoral, a aquellos candidatos que tienen cuentas con la justicia se les ha suspendido toda acción legal, lo que implica haberlos liberado de los grilletes y levantado las órdenes de prisión en su contra. 

A los candidatos que tienen cuentas con la justicia se les suspendió toda acción legal, lo que implica liberarlos de los grilletes y levantar las órdenes de prisión.

A 19 días de ir a las urnas, no pocos se sorprenderán de que haya 17 listas para elegir 137 asambleístas (15 nacionales, 116 provinciales y 6 del extranjero). Y que 34 de los actuales asambleístas busquen la reelección, algunos luciendo nueva camiseta ideológica.

Escoger entre 17 listas a quienes serán sus representantes en la Legislatura impone al ciudadano la obligación de informarse bien, y meditar en los años difíciles que tiene el país por delante. El panorama no pinta de colores. 

Observadores anticipan que podría ser la Asamblea más fragmentada de la que se tenga memoria, con lo cual la gobernabilidad estará en riesgo sin importar quien gane la Presidencia.

Saber quiénes y cómo se integrarán las bancadas resulta, por ahora, una incógnita, alimentada por la ausencia de encuestas que den pistas de cómo se decantarán los ecuatorianos.

Lo que es obvio es que aquellos cuyos candidatos a la primera magistratura estén mejor posicionados, tendrán mayor opción. La gente vota por las mismas listas del presidenciable.

Con las figuras de Andrés Arauz, Guillermo Lasso y Yaku Pérez posicionadas en los primeros lugares, aunque su ubicación difiere en varias mediciones, se puede deducir que las listas de Centro Democrático, CREO y Pachakutik tendrían el mayor número de asambleístas.

Cuántos pondrían cada organización es imposible calcular, porque se ha cambiado el método D´Hondt por el Webster, lo que significa que se votará en listas cerradas (en plancha). La distribución de los escaños será también con una fórmula proporcional distinta a la usada en los pasados comicios.

Una variable a tomar en cuenta es el grado de conocimiento y aceptación que la ciudadanía tenga de los candidatos a asambleístas, en cuyo caso hasta podría superar en votación a su presidenciable. Ha ocurrido antes y podría repetirse en febrero.

Pero siguiendo la lógica electoral, se daría por descontado que en la nueva Legislatura estarán Pierina Correa, de Centro Democrático; César Monge, de CREO y Salvador Quishpe, de Pachakutik.

Por la trayectoria o por la fuerza de la organización que los auspicia, también llegarían quienes encabezan las listas nacionales: Henry Kronfle, del PSC (aunque no pocos discuten si la lista 21 no le estaría restando votos a la 6).

Fernando Villavicencio, de la Alianza Honestidad (Partido Socialista-Concertación); Wilma Andrade, de Izquierda Democrática; César Litardo, de Alianza País; Geovanni Atarihuana, de Frente Popular; Abdala Bucaram, del movimiento FE; Ximena Bohórquez, de Sociedad Patriótica, y Xavier Zavala Egas, de Democracia Sí, entre otros.

Qué sucede en las provincias se conoce muy poco. Allí lo determinante es la influencia de las figuras locales y el caciquismo.

Al filo del precipicio por la crisis sanitaria, económica y social que golpea al país, el futuro gobernante va a requerir, aunque suene imposible, de un órgano Legislativo solvente en el que sus integrantes privilegien la supervivencia de la Nación a sus intereses individuales y partidistas. 

¿Quién debería presidir la Asamblea desde el 14 de mayo? ¿Quién dice usted?

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