Ecuador proyecta un crecimiento promedio de 2,8% hasta 2029: ¿qué factores pueden frenar esta trayectoria?
La actualización de la Programación Macroeconómica sitúa el crecimiento del PIB en 2,5% para este año y una media del 2,8% anual para el período 2027-2029.

Bandera de Ecuador con billetes de USD 100
- Foto
Canva
Autor:
Actualizada:
Compartir:
La economía ecuatoriana registra un ajuste al alza en sus métricas de mediano plazo. La Programación Macroeconómica 2026-2029, elaborada por el Banco Central del Ecuador (BCE) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), estima un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 2,5% para 2026.
Para el horizonte de mediano plazo, proyectan una mejora de la actividad económica con tasas de 2,6% en 2027 y 2,9% para 2028 y 2029. Esto consolidaría un crecimiento promedio anual de 2,8%.
La demanda interna opera como el motor central del crecimiento. El consumo de los hogares proyecta un avance del 2,1% en 2026. Esta cifra representa una moderación frente a la tasa del 2,7% registrada en 2025. No obstante, para el período 2027-2029, esta variable retomará un crecimiento promedio del 2,4%.
La Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF), que mide la inversión, tendría un crecimiento proyectado del 3,3% para 2026. En el ámbito público, el indicador recoge la ejecución de proyectos de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) y del Gobierno central.
En el sector privado, la inversión se respalda en el desempeño del sector de la construcción. Las cifras del primer bimestre de 2026 muestran un crecimiento interanual del 8,3% en la producción de cemento y del 10,4% en los despachos. Para el mediano plazo (2027-2029), la FBKF registrará una tasa promedio del 3,7%, fortalecida por la entrada de flujos de capital hacia proyectos de minería a gran escala.
Por el lado de la administración pública, el gasto del gobierno tendrá un aumento del 1,0% en 2026, concentrado en adquisiciones para los sectores de seguridad, educación y salud, además de las erogaciones para sueldos. Entre 2027 y 2029, este rubro crecerá a un promedio del 1,4%.
La oferta de bienes y servicios se complementa con las operaciones de comercio exterior. Las importaciones crecerán un 2,1% en 2026. La estructura de estas compras externas muestra una recomposición hacia la actividad productiva: aumentan los volúmenes de materias primas y bienes de capital (estimados en USD 5.106 millones para la industria).
Finalmente, las exportaciones de bienes y servicios crecerán un 3,2% en 2026. Aunque representa una tasa inferior al 6,4% de 2025, el sector externo mantendrá un crecimiento promedio del 2,6% hasta 2029.
Recomposición del sector externo
La balanza comercial proyecta un superávit de USD 5.695 millones para 2026, lo que representa una reducción frente a los USD 6.402 millones registrados en 2025. Según la Programación Macroeconómica, el saldo comercial total experimentará una moderación gradual hasta 2028, para luego mostrar una recuperación en 2029, alcanzando los USD 5.718 millones al cierre del horizonte proyectado.
Las exportaciones no petroleras proyectan un crecimiento promedio del 3,9% entre 2027 y 2029, cerrando en USD 32.931 millones. El sector minero operará como el factor determinante de esta expansión, estabilizando exportaciones por USD 5.001 millones hacia 2029, impulsado por la consolidación de los yacimientos en producción y la entrada operativa de nuevos proyectos a gran escala.
Simultáneamente, bienes tradicionales como el camarón y el banano alcanzarán ingresos por USD 10.696 millones y USD 4.800 millones, respectivamente, gracias a la materialización técnica de las preferencias arancelarias contenidas en los acuerdos comerciales suscritos con Estados Unidos, China y Corea del Sur.
La programación anticipa que los productos agrícolas impactados por fluctuaciones de precios, como el cacao y el café, iniciarán una recuperación paulatina de sus ingresos a partir de 2027, en línea con la estabilización de las cotizaciones internacionales.
Por el lado de los hidrocarburos, el superávit comercial petrolero se fijará por debajo de sus niveles históricos. Las exportaciones de crudo se estabilizarán en torno a los 112 millones de barriles anuales hasta 2029, debido a que el incremento en la producción nacional se destinará prioritariamente a la carga de las refinerías locales, lo que reducirá la presión sobre la importación de derivados.
Finalmente, las importaciones no petroleras mantendrán una trayectoria de crecimiento sostenido hasta ubicarse en USD 28.539 millones en 2029. Los mayores requerimientos se concentrarán en la importación de materias primas, proyectadas en USD 11.499 millones y bienes de capital con un cálculo de USD 8.628 millones.
Fortalecimiento de la liquidez y expansión del crédito
Las proyecciones del sistema financiero para el periodo 2026-2029 anticipan un entorno de liquidez sólida y un crecimiento sostenido de la intermediación. Según la Programación Macroeconómica, el sistema consolidará indicadores al alza tanto en la captación de recursos como en la colocación de crédito al sector privado.
Las Reservas Internacionales (RI) proyectan un cierre de USD 13.038 millones para finales de 2026, lo que representa un incremento anual de USD 3.243 millones. Esta trayectoria de fortalecimiento, que inició en 2025 impulsada por el sector privado y la valorización del oro monetario, registra un cambio en sus factores de acumulación hacia el cierre de 2026.
Según el BCE, el sector privado continuaría aportando positivamente, pero su contribución sería más moderada debido al deterioro de la balanza comercial no petrolera y la desaceleración de las remesas.
Las captaciones del sistema financiero mantendrán una evolución favorable, en línea con la recuperación de la actividad económica y el dinamismo del consumo. Para 2026, se estima un crecimiento del 11,1% en los depósitos, alcanzando los USD 87.397 millones. En el horizonte de mediano plazo, las captaciones continuarán expandiéndose hasta ubicarse en USD 110.661 millones en 2029, lo que representaría un incremento de su peso relativo en la economía, pasando del 60,3% del PIB en 2025 al 73,3% al cierre de la década.
El crédito al sector privado proyecta una trayectoria dinámica con un crecimiento estimado del 10,0% en 2026. Esta expansión se apoya en una relajación de los estándares de aprobación por parte de las entidades financieras y en la implementación de políticas de fomento habitacional. Programas como 'Miti-Miti' y la ampliación de plazos para créditos hipotecarios de interés social hasta 30 años actúan como catalizadores de la demanda en el segmento inmobiliario.
En términos nominales, la cartera de crédito al sector privado ascenderá de USD 82.040 millones en 2026 a USD 103.618 millones en 2029. Esta evolución implica que el crédito al sector privado representará el 68,7% del PIB al finalizar el periodo, frente al 57,2% registrado en 2025. El dinamismo crediticio se concentrará en los segmentos productivo, microcrédito y consumo, reflejando una mayor profundidad financiera en la economía ecuatoriana.
Optimización del gasto y fortalecimiento de la recaudación
La programación fiscal para el período 2026-2029 se centra en una recomposición del gasto público, priorizando la inversión en activos no financieros y la eficiencia administrativa sobre la expansión del gasto corriente. Según el BCE y MEF, este enfoque busca mejorar la calidad de las finanzas públicas sin comprometer la sostenibilidad de la caja fiscal.
Para 2026, se proyecta un impulso en la inversión pública de USD 502 millones, explicado por una mayor ejecución de gasto de capital por parte del Gobierno Central. Según el MEF, este dinamismo será financiado mediante el fortalecimiento de la recaudación tributaria, sustentado en medidas administrativas más que en la creación de nuevos impuestos.
El escenario contempla ajustes en los esquemas de retención del IVA y del Impuesto a la Renta, así como una ampliación de la base de agentes de retención, lo que permitirá capturar flujos fiscales de manera más eficiente y oportuna.
El gasto corriente mantendrá una trayectoria de crecimiento contenido, alineada con los objetivos de consolidación fiscal. Se prevé un control en las erogaciones destinadas a sueldos, salarios y adquisición de bienes y servicios. En términos nominales, la presión del gasto corriente se reducirá progresivamente: mientras que en 2026 el incremento se situará en USD 371 millones, para 2028 este margen se limitará a USD 197 millones. Esta desaceleración implicará una reducción del gasto operativo como proporción del PIB, liberando espacio fiscal para otros rubros estratégicos.
Hacia el final del horizonte de proyección, la política fiscal incorporará un cambio estructural en las transferencias de capital hacia los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD). A nivel del Sector Público No Financiero (SPNF), este supuesto se traduce en una reducción relativa de los egresos en personal y bienes asociados a proyectos, en favor de un incremento directo en la formación bruta de capital fijo.
Esta reconfiguración está diseñada para elevar la incidencia del gasto estatal en el crecimiento potencial de la economía, asegurando que los recursos públicos se canalicen hacia infraestructura y activos que dinamicen la actividad productiva nacional.
Factores de riesgo en la trayectoria de mediano plazo
El cumplimiento de la Programación Macroeconómica 2026-2029 está condicionado por la materialización de vulnerabilidades estructurales y choques exógenos. La sensibilidad de los supuestos básicos ante el entorno global y factores internos constituye el principal margen de riesgo para el desempeño económico del período.
- Riesgos geopolíticos y energéticos: La prolongación de conflictos en Europa del Este y Medio Oriente ejerce presión al alza sobre las cotizaciones del WTI. Aunque un crudo más costoso incrementa los ingresos fiscales de Ecuador, la paralela subida en los costos logísticos y de importación de derivados erosiona los términos de intercambio. A esto se suma el riesgo de disrupciones en rutas comerciales directas; el encarecimiento de fletes y seguros navieros afecta directamente la colocación de productos en mercados tradicionales.
- Política monetaria de Estados Unidos: La rigidez de las tasas elevadas por parte de la FED encarece el financiamiento externo y el servicio de la deuda. Además, un dólar fortalecido frente a las devaluaciones de socios regionales (como Colombia o Perú) genera una apreciación del tipo de cambio real de Ecuador, encareciendo la oferta nacional y provocando una pérdida de cuota de mercado.
- Vulnerabilidades en los flujos de remesas: Este ingreso de la balanza de pagos enfrenta riesgos por la entrada en vigor del gravamen federal del 1% a las transferencias físicas en Estados Unidos, combinado con una política de control migratorio más estricta. El BCE advierte un posible agotamiento de los ahorros de los remitentes y la migración hacia canales informales. Una contracción en las remesas erosionaría el consumo privado de los hogares y limitaría la liquidez del sistema financiero nacional.
- Desafíos operativos en hidrocarburos y minería: El cumplimiento de la meta de producción de 164,9 millones de barriles de crudo presenta una elevada sensibilidad ante problemas de subinversión en Petroecuador, mantenimientos prolongados y amenazas naturales sobre la infraestructura. En el sector minero, pilar del crecimiento a mediano plazo, la prolongación de procesos de licenciamiento ambiental y los conflictos socioambientales operan como barreras que retrasan la formación bruta de capital fijo.
- Choques climáticos: La probabilidad de que fenómenos hidrometeorológicos extremos como El Niño impacten el país induce riesgos sobre la agricultura de ciclo corto y la acuicultura. Las inundaciones en áreas productivas y el deterioro de la infraestructura vial elevan los costos logísticos, originando presiones inflacionarias sobre la canasta de alimentos y forzando desvíos de recursos fiscales para reconstrucción.
- Seguridad y competitividad: El deterioro de la seguridad interna por la actividad del crimen organizado y la extorsión impone un sobrecosto estructural a la producción. Las empresas asumen inversiones adicionales obligatorias en seguridad privada, trazabilidad y monitoreo para evitar la contaminación de contenedores en puertos marítimos. Esta carga incrementa los costos de transacción y reduce la competitividad de la oferta nacional frente a pares regionales con menores perfiles de riesgo.
Compartir:
