Estrategia, táctica y entrenamiento físico: Así se prepara Anahí Ortiz para disputar la Olimpiada de Ajedrez
La ecuatoriana Anahí Ortiz competirá por cuarta ocasión en la Olimpiada de Ajedrez. Con su amplia experiencia y una preparación exhaustiva, la quiteña aspira a una destacada actuación y sueña con el título de Gran Maestra.

Anahí Ortiz, durante una entrevista con PRIMICIAS en Quito, el 14 de agosto de 2026.
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Nelson Dávalos / PRIMICIAS
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La exigencia es un aspecto intrínseco de la vida de Anahí Ortiz. No es una exageración, la quiteña ha combinado su carrera de medicina —una de las profesiones más difíciles de estudiar— con el ajedrez —el deporte más estratégico e intelectual—.
Han sido años muy complicados, pero ha sabido sobrellevar estos dos ámbitos y se ha destacado en ambos. En 2026, la deportista de 25 años finalizó la etapa del internado y se encuentra realizando su tesis, lo que le ha dado más tiempo para concentrarse en el ajedrez.
"La verdad me he sentido bastante aliviada, porque eso generaba mucha presión en mí, mucho agotamiento. El internado es hacer guardia de 24 horas cada cuatro días. Pero ahora que acabé, siento que es una meta cumplida", confiesa Anahí en una entrevista con PRIMICIAS.
Es así que la atleta tricolor ha podido focalizarse al 100% en su deporte y se ha está preparando minuciosamente para la Olimpiada de Ajedrez —la cuarta en su carrera—, donde liderará a la selección femenina ecuatoriana. El evento tendrá lugar del 15 al 27 de septiembre de 2026 en Uzbekistán.
"Esta Olimpiada será especial porque en la anterior (en Budapest 2024) ya representé a Ecuador en el primer tablero y esta vez volveré a hacerlo. Es un desafío, porque juegas contra las mejores de cada país".
En la edición previa, Anahí se enfrentó a rivales de Hungría, Puerto Rico, Haití, Emiratos Árabes Unidos, Andorra, República Dominicana y Letonia, y sumó cuatro victorias, dos empates y tres derrotas.
"En realidad fue duro, porque había partidas que perdía y en la siguiente tocaba una rival más difícil. Eso es lo que ocurre en el primer tablero. Creo que eso me llevo de aprendizaje, que no puedo aflojar, que siempre tengo que ir bien templada los nervios y las emociones; que una partida no va a determinar cómo me va en el torneo".

Los entrenamientos duran todo el día. Anahí comienza a las 08:00 y se mantiene enfocada hasta las 13:00. De ahí se toma dos horas para el almuerzo y la rutina continúa hasta las 18:00.
"Básicamente, me he centrado mucho en la estrategia, es decir, en identificar posiciones y cómo aprovechar ciertas ventajas. También he revisado las aperturas. La táctica siempre está en el ajedrez, al menos una hora estudio táctica. Y de ahí he profundizado en los finales de partida. Así que es un amplio rango de entrenamiento en general".
Además, la quiteña no descuida el entrenamiento físico y en las noches realiza ejercicio. "A pesar de que es un deporte mental, debemos estar preparados físicamente para aguantar las partidas. Son cuatro o cinco horas sentados, pensando; entonces, si no tenemos la resistencia física, la mente se agota".
Para mantener esta disciplina, Anahí recuerda a su gran referente, la húngara Judit Polgár, considerada como la mejor ajedrecista femenina de la historia. Ella fue la única mujer en llegar al Top 10 del ranking mundial, la única en superar un rating de 2.700 y la única en competir en una etapa final del Campeonato Mundial de Ajedrez.
"Me gusta ver cómo jugaba, porque me inspira. Ella demuestra que las mujeres también tenemos mucho nivel y podemos llegar muy alto".
Y a nivel personal, la Olimpiada será un paso más hacia sus grandes sueños en el deporte, el primero de ellos: alcanzar el título de Gran Maestra.
"He trabajado duro para llegar aquí, nadie me ha regalado nada, estoy aquí por todos mis esfuerzos. Gracias también al apoyo de Banco Pichincha y la Pontificia Universidad Católica, que fueron claves para seguir con mi carrera. Lo que me digo todos los días es que siga mis sueños, que no me rinda, que tengo mucho camino por recorrer y lo importante es no rendirse".
Anahí Ortiz es parte del Programa de Fomento Deportivo de Banco Pichincha, el cual apoya a los mejores atletas del país en sus objetivos profesionales, financieros y educativos.
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