¿El tráfico te estresa? Así puedes reducir la tensión al volante
El estrés al conducir puede elevar la frecuencia cardíaca y afectar la concentración. Algunos hábitos ayudan a reducir la tensión en medio del tráfico.

Imagen referencial de conductora con gesto de frustración mientras permanece al volante de un vehículo.
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Pvproductions / Magnific
Autor:
Redacción Comercial
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Una bocina insistente, un conductor que cambia de carril sin avisar, una fila de autos que no avanza y la preocupación por llegar tarde. Para quienes conducen a diario, estas escenas pueden repetirse durante varias horas al año. Según el Global Traffic Scorecard 2022, en Quito se perdieron en promedio 70 horas por la congestión vehicular y en Guayaquil, 54.
Pero el tiempo perdido es solo una parte del problema. El tráfico también puede afectar cómo se siente y reacciona una persona al volante.
Una revisión metaanalítica publicada en Frontiers in Neuroergonomics analizó las respuestas fisiológicas frente al estrés al volante. Los resultados mostraron un aumento significativo de la frecuencia cardíaca en situaciones de mayor estrés durante la conducción.
Aunque no siempre es posible evitar un embotellamiento, hay maneras de sobrellevar mejor cada viaje.
¿Notas que aprietas el volante? Revisa tu cuerpo
La reacción no siempre aparece primero como enojo. Apretar con fuerza el volante, tensar los hombros o la mandíbula y respirar más rápido pueden ser señales de que el cuerpo está en alerta.
Cuando las notes, afloja las manos, relaja los hombros y procura hacer la respiración más lenta, sin apartar la atención del camino. Si necesitas detenerte para recuperar la calma, hazlo en un lugar seguro.
Haz que el interior del vehículo ayude
Temperatura, ruido y distracciones también forman parte de la experiencia de conducción. Antes de arrancar, ajusta el asiento y los espejos, configura la ruta y procura mantener una temperatura cómoda.
La música o un podcast pueden acompañar el recorrido, pero sin competir por la atención. Si el tráfico se complica, reducir el volumen también disminuye la cantidad de estímulos que debes procesar mientras conduces.
Después de un susto, observa cómo conduces
Una frenada brusca, un vehículo que se cruza o una discusión pueden terminar en segundos, pero la tensión puede permanecer.
Después de uno de estos episodios, fíjate si empiezas a acelerar más, frenar bruscamente, acercarte demasiado al vehículo de adelante o reaccionar con mayor irritación. Si no logras recuperar la calma, busca un lugar seguro para detenerte unos minutos.
No intentes recuperar en la vía el tiempo perdido
Después de varios minutos atrapado en un atasco vehicular, puede aparecer la tentación de recuperar el tiempo cuando la vía finalmente se despeja.
Acelerar, cambiar constantemente de carril o reducir la distancia con otros vehículos no elimina el retraso acumulado. Si ya vas tarde, evita trasladar esa urgencia a tu forma de conducir.
Reconoce qué te altera al volante
No todos reaccionan igual ante la congestión. El detonante puede ser llegar tarde, las bocinas, una ruta desconocida o determinados comportamientos de otros conductores.
Identificar esas situaciones permite anticiparlas. Revisar la ruta antes de salir, elegir otro recorrido o dejar un margen mayor de tiempo son decisiones sencillas que pueden evitar sumar estrés al trayecto.
No podemos controlar el tráfico ni las decisiones de quienes comparten la vía. Pero sí reconocer cuándo nuestro estado empieza a cambiar la manera en que conducimos y actuar antes de que lo haga.
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