Más allá de la 'Fragua de Vulcano': Los rostros "subalternos" que se tomaron Guayaquil el 9 de Octubre de 1820
Guayaquil celebra 206 años de independencia este viernes 9 de octubre de 2026. El historiador Ángel Emilio Hidalgo destaca el papel de las mujeres, de personajes subalternos como el cacique Hilario Álvarez y de sectores populares en la gesta que independizó a la ciudad.

Una vista de la columna de la Plaza Bicentenario, alusiva al bicentenario de la independencia (9 de octubre de 1820 - 2020), homenaje a la bandera celeste y blanco de Guayaquil y a los ciudadanos contemporáneos.
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Municipio de Guayaquil
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La historia tradicional sobre la independencia de Guayaquil, el 9 de Octubre de 1820, ha estado centrada en la acción política y militar de próceres criollos e intelectuales de la élite.
El historiador y académico guayaquileño Ángel Emilio Hidalgo propone reparar también el participación decisiva de quienes conformaron la fuerza de choque y la estructura logística popular que hizo posible la toma de la ciudad –indígenas, afrodescendientes, mestizos-
Guayaquil celebra este viernes 9 de octubre de 2026 de independencia. El historiador señala que existe una deuda historiográfica y de memoria pública con estos “actores subalternos” y con las mujeres que hicieron posible la gesta octubrina.
"Creo que hay otros aspectos que todavía no se han estudiado lo suficiente: cuál fue la participación de las mujeres y de los sujetos subalternos en ese proceso".
Ángel Emilio Hidalgo, historiador y académico guayaquileño.
El cacique Hilario Álvarez y el asalto a los cuarteles
Uno de los personajes clave en la jornada emancipadora fue el cacique indígena cuzqueño Hilario Álvarez -un curaca o jefe político-administrativo heredero de los tiempos Tahuantinsuyo-. Como oficial al mando de tropa de origen peruano acantonada en el cuartel de Granaderos de Reserva, Álvarez desempeñó un papel directo en los enfrentamientos de la madrugada del 9 de Octubre
De acuerdo con registros de la época y testimonios militares, Álvarez dirigió a un grupo de unos 50 hombres en el asalto al domicilio del comandante del Batallón Granaderos de Reserva, el oficial español Benito García del Barrio. La versión española de los hechos registra al menos 15 muertos entre ambos bandos durante el hostigamiento a las guarniciones de la ciudad.
"El cacique Álvarez fue el el líder de un pelotón de indígenas cusqueños que pelearon el 9 de octubre de 1820, que estuvieron en la primera fila, al pie de lucha. Y, sin embargo, más allá de haberle puesto su nombre a una calle de esta ciudad, no se lo recuerda como debería hacerse memoria de su aporte".
Ángel Emilio Hidalgo, historiador y académico guayaquileño.
Tras una descarga de disparos y un enfrentamiento armado en las afueras de la residencia, las fuerzas dirigidas por Álvarez lograron neutralizar a la guardia realista y apresar al comandante, desarticulando el mando militar español en la ciudad
Pese a haber figurado en primera línea de fuego como una de las principales fuerza de choque, Hidalgo señala que la memoria histórica oficial no le ha otorgado a Álvarez ni a sus hombres el peso que merecen -más allá del nombre de una calle de la ciudad con el nombre del cuzqueño-.
Guillermo Leones, presidente de la Fundación Pueblo Negro, destaca por su parte el papel protagónico en diferentes frentes de la gesta octubrina del Cuerpo de Cívicos, conocido como Regimiento de Infantería de Milicias de Pardos, conformado por militares afrodescendientes y mulatos libres, pues dice que el proceso emancipatorio también significó un rompimiento con la esclavitud.
El capitán Damián Nájera (o Nájar), de ascendencia afrodescendiente, se erigió como otro de los gestores y líderes de la revuelta octubrina. Se trata de uno de los 10 próceres de la independencia que recibió la medalla de los Libertadores de Guayaquil, señala Leones.
Logística, conspiración y el rol de las mujeres
La toma de Guayaquil y la posterior consolidación de la causa republicana a escala nacional dependieron en gran medida de unidades integradas por sectores populares urbanos y rurales. El proceso revolucionario contó también con un respaldo femenino fundamental en la estrategia conspirativa y logística militar de la posterior campaña de liberación de Ecuador.
En los días previos y en la emblemática reunión del 1 de octubre de 1820 -bautizada más tarde como la 'Fragua de Vulcano'-, las mujeres de la sociedad guayaquileña organizaron reuniones, tertulias literarias y un baile que sirvieron de fachada para ocultar la conspiración ante las autoridades coloniales. En la Fragua participaron próceres como Villamil, Antepara, Febres-Cordero, Letamendi o Urdaneta.
“El 9 de Octubre, con sus ideales de libertad, de autonomía, de independencia, siempre configuró la imagen política de Guayaquil como un polo regional que destacó por reivindicar el derecho a ser libres y autónomos”.
Ángel Emilio Hidalgo, historiador y académico guayaquileño.

"El papel de la mujer fue fundamental para poder organizar el baile, la cena, y guardar las apariencias de que se iba a celebrar una fiesta y no una reunión para complotar", destaca el historiador.
Tras el triunfo de la insurrección y la creación de la División Protectora de Quito, las mujeres asumieron la fabricación de vestuarios y uniformes, la recolección de fondos y el abastecimiento de alimentos para las tropas en campaña. “Este soporte dio origen a la presencia de las "guarichas" o acompañantes de tropa en los frentes de batalla”, apunta.
El compromiso femenino quedó registrado en publicaciones de la época, como en el periódico El Patriota de Guayaquil (1821) -agrega- donde constan pronunciamientos públicos de mujeres que gestionaban recursos y confeccionaban ropa para los soldados republicanos.
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