Autor:

Redacción Comercial

Actualizada:

3 Dic 2021 - 17:30

Historia de Quito: ciudad clave en el poderío incaico

Para conocer mejor la historia de la Fundación de la Carita de Dios, debemos remontarnos a la época incaica, pues Quito, segunda capital del Tahuantinsuyo, era una ciudad muy importante para el imperio.

En ese entonces, dos hermanos se disputaban el poder del señorío inca y el control del Tahuantinsuyo: Atahualpa, en Quito, y Huáscar, en el Cuzco. En medio de la guerra civil, Atahualpa decidió avanzar hacia el sur, con dirección a Cajamarca, para reunirse con Francisco Pizarro, expedicionario español que llegó a las costas de Perú, en 1532.

Atahualpa fue capturado y posteriormente asesinado por el ejército español. El historiador Gonzalo Ortiz explica que de ese grupo de españoles se desprendió el capitán Sebastián de Benalcázar, para dirigirse hacia el norte. Esto porque habían escuchado de pues se escuchaba de las grandes riquezas que el imperio tenía ahí.

“Sebastián de Benalcázar dice que lo hizo con el permiso de Francisco Pizarro, pero poco después le dio alcance Diego de Almagro, que fue en nombre de Pizarro y que quería asegurarse de que cualquier tierra que conquiste Benalcázar la compartiera con Pizarro, capitán general del descubrimiento”.

Gonzalo Ortiz.

Una de las ventajas de Benalcázar es que tenía una alianza con los cañaris, quienes habían resistido a la conquista de los Incas. Junto a ellos, siguió hacia el norte en persecución de Rumiñahui, sucesor de Atahualpa.

Además de Benalcázar y Almagro, había un tercer conquistador interesado en Quito, se trataba de Pedro de Alvarado, quien avanzaba rápidamente a la ciudad para ganar la partida a los otros dos conquistadores. Ortiz relata que esto motivó la fundación apresurada de Quito en la actual Riobamba, a través de un acto jurídico de fundación de una ciudad, aunque no sea en el sitio exacto.

Sin embargo, Alvarado no se quedó con las manos vacías, pues los otros conquistadores le cedieron parte de las riquezas y el oro de Atahualpa. 

Benalcázar avanzó hacia Quito con un ejército más fortalecido y enfrentó a Rumiñahui, con quien tuvo una importantísima batalla que se resolvió, según relata Ortiz, “debido a la erupción coincidente de un volcán, Cotopaxi o Tungurahua. Benalcázar salió victorioso y continuó hacia Quito, ciudad que Rumiñahui prefirió quemar y abandonar antes que entregar.

“Fue así como el 5 de diciembre de 1534 se asentaron en la ciudad y el 6 se instaló el cabildo. Esa ciudad que se había fundado en agosto ya tenía por fin su asiento definitivo en Quito, en la capital norte del incario, ciudad que, aunque en ruinas, era el centro del poder”.

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