Tablilla de cera
El hundimiento (de la conciencia moral en Estados Unidos) se transmitirá en vivo
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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El anuncio del Departamento de Guerra de Estados Unidos de que transmitirá en directo por internet el fusilamiento de Nidal Hasan es una barbaridad que merece el rechazo de toda conciencia recta.
Que subsista la pena de muerte en EE. UU. es detestable, pero proponerse televisar un fusilamiento, convertir en espectáculo la muerte de un ser humano, por más culpable que sea, es un retroceso abismal de la civilización.
De llevarse a cabo, mostrará que la conciencia moral sobre la dignidad humana está muriendo en EE. UU.
Lo que hizo Nidal Malik Hasan es horripilante y merece la condena de la justicia. Hasan, médico psiquiatra del Ejército estadounidense, fue declarado culpable de 13 asesinatos premeditados y de 32 cargos de intento de asesinato premeditado por el ataque a tiros que perpetró en Fort Hood, Texas, en noviembre de 2009. El 28 de agosto de 2013, un tribunal militar compuesto por 13 miembros lo condenó a muerte por unanimidad.
A lo largo de los años posteriores, los abogados de Hasan recurrieron a las instancias legales de apelación, hasta agotarlas en septiembre. Por ley, la decisión recayó entonces en el presidente del país, y Donald Trump autorizó la ejecución este 2 de octubre. El Ejército fijó la fecha para el 3 de diciembre de 2026.
La locura de televisarla fue anunciada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ante el horror universal. El arzobispo Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU., muy afectado por la noticia, condenó con energía la decisión:
“Nuestro Dios es el Dios de la vida. De ninguna manera pueden justificarse las acciones de Hasan, pero esta decisión constituye una promoción bárbara de la cultura de la muerte y debe ser reconsiderada. La Palabra de Dios nos exhorta: ‘No devolváis a nadie mal por mal’ (Romanos 12, 17). La ejecución pública, incluso de alguien que ha causado un daño grave, no hará sino socavar aún más el tejido moral de nuestra nación y constituir una mancha en la conciencia de sus habitantes”.
Hillary Clinton, la ex secretaria de Estado y ex primera dama, escribió en redes sociales: "Una idea bárbara, indigna de nuestro país. Opónganse a esto". El cardenal Blaise Cupich, arzobispo de Chicago, condenó la ejecución televisada, calificándola de “una barbarie tratada como espectáculo”.
Si se realiza, será la primera ejecución militar estadounidense desde abril de 1961, el primer fusilamiento militar desde 1945 y la primera ejecución pública desde los años 1930.
Según el Death Penalty Information Center (DPIC), hasta el 14 de octubre de 2026 la justicia civil de EE. UU. ha ejecutado a 1.685 personas desde 1976 —cuando comenzó la era moderna de la pena capital tras su reanudación por decisión de la Corte Suprema—. Este año se ha ejecutado a 31 personas y se prevé siete ejecuciones más de justicia civil hasta diciembre, y una, la de Hasan, de justicia militar.
La pena de muerte militar tiene su propia historia. Según el DPIC, 135 personas han sido ejecutadas por el Ejército estadounidense desde 1916.
El método de ejecución por pelotón de fusilamiento había sido descartado en lo civil y en lo militar, pero el 24 de abril de este año el Departamento de Justicia de EE. UU. anunció su reintroducción como método de ejecución federal.
Bajo la dirección del fiscal general interino Todd Blanche, la institución publicó ese día el informe titulado 'Restoring and Strengthening the Federal Death Penalty' ('Restauración y fortalecimiento de la pena de muerte federal'). El documento autoriza la expansión de los métodos de ejecución para incluir el fusilamiento, la electrocución o la asfixia con nitrógeno en caso de que no estén disponibles las sustancias de la inyección letal tradicional.
Exactamente unas horas antes aquel mismo día el papa León XIV había apoyado públicamente los esfuerzos de la Iglesia católica estadounidense y otras organizaciones por abolir la pena capital en EE. UU., reiterando la enseñanza de la Iglesia de que la pena de muerte es "inadmisible”.
La hermana Helen Prejean, religiosa josefina y activista desde hace años contra la pena de muerte, al conocer el anuncio del Departamento de Justicia, dijo: "No existe una manera humana de matar a un ser humano”.
Peor cuando cometen chapuzas como la fallida ejecución en Tennessee de Christa Pike, condenada a muerte en 1996 por el asesinato de una compañera de clases.
Hoy es la única persona viva en la historia de los EE. UU, que ha sobrevivido al protocolo completo de dos dosis de inyección letal (pentobarbital). El 30 de septiembre la “ejecutaron”, luego la llevaron en ambulancia al hospital, estuvo en terapia intensiva encadenada a su cama, recobró la conciencia y hoy ya ha regresado a la cárcel, esperando en el pabellón de la muerte. ¿Habrá cosa más aberrante?
Los estadounidenses no deben dejarse enceguecer por la sed de sangre. El macabro espectáculo no honrará a las víctimas ni traerá paz a los muertos ni consolará a los familiares.
Uno mi voz a los católicos y a todos quienes denuncian el horror que se pretende. Cuando tratamos la muerte de alguien como un show, una pachanga o un programa de entretenimiento renunciamos a nuestra propia humanidad. Es la desaparición de la conciencia moral de la sociedad.
¿Está EE. UU. recreando los horrores de los linchamientos de los negros? ¿Quiere repetir la Era del Terror de la Revolución Francesa con las multitudes viendo cortar cabezas? ¿O es que esta exhibición grotesca de odio y humillación apunta a igualarse con los regímenes autoritarios más retardatarios del mundo, como Irán y Afganistán?
EE. UU. no puede caer tan bajo.