Apuestas deportivas y ludopatía: La "epidemia que se normaliza y se subestima" en América Latina
La ludopatía (adicción a los juegos de azar) crece mientras las apuestas deportivas se normalizan en las camisetas de equipos de fútbol, transmisiones, publicidades y redes sociales. Para el psicólogo Diego Tzoymaher, América Latina subestima una "epidemia" que combina acceso inmediato y endeudamiento, sobre todo entre los jóvenes.

La ludopatía afecta actualmente a los menores de edad.
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Uno de cada cuatro adolescentes de entre 13 y 18 años ha tenido contacto con las apuestas deportivas y sufrió de ludopatía durante el último año en Argentina, según datos citados por el psicólogo clínico Diego Tzoymaher.
Entre los adultos, estima que entre tres y cuatro de cada 10 participaron en algún tipo de apuesta en ese mismo período. No todos desarrollan una conducta problemática, pero las cifras muestran hasta qué punto apostar dejó de ser una actividad marginal. Hoy, forma parte de lo cotidiano.
Tzoymaher observa el cambio también desde su consultorio. Actualmente atiende de manera constante a cinco o seis pacientes que tienen problemas con el juego, ya sea como motivo principal de consulta o asociado a otras dificultades. Hace algunos años, asegura, recibir estos casos era algo excepcional.
Pero esta problemática, en la actualidad, trasciende continentes. En España, uno de cada cuatro menores de edad reconoce haber apostado en línea, mientras que uno de cada 10 lo hace habitualmente, según un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela.

Y en Estados Unidos, donde la edad mínima para apostar es de 21 años, el 58% de chicos entre 18 y 22 años acepta haber apostado en línea. La mayoría de estos jugadores apuesta entre USD 1 y 50 y pierde de USD 10 a 300 diarios, según información de la Asociación Nacional Deportiva Universitaria.
Mientras que, en Ecuador, la ludopatía comenzó a dispararse a partir de 2021. Ese año, el Ministerio de Salud Pública registró 182 personas diagnosticadas con este trastorno. Un número récord y que fue más del doble en comparación con 2020.
Según Tzoymaher, la ludopatía es un concepto clínico muy específico. Y para diagnosticar a una persona con esta enfermedad, se tienen que dar una serie de criterios técnicos precisos durante un cierto tiempo.
Actualmente, la Organización Mundial de la Salud dice que aproximadamente el 1,2% de la población mundial podría cumplir criterios para una ludopatía. Pero más allá de cumplir específicamente esos requisitos, Tzoymaher insiste en que esa cifra no representa a todas las personas que ya sufren consecuencias por apostar.
Apostar durante un partido, perder y volver a apostar
El problema se vuelve todavía más complejo con las apuestas en vivo. Una persona ya no tiene que esperar el resultado final de un partido. Puede apostar por el próximo córner, una tarjeta amarilla o cualquier otro acontecimiento que ocurra durante el juego.
Eso modifica la relación con la recompensa. Según Tzoymaher, las apuestas producen un mecanismo de "recompensa intermitente": algunas veces se gana y otras se pierde, pero la posibilidad de volver a ganar mantiene activa la conducta.
En las apuestas deportivas aparece, además, una ilusión particular: la sensación de que el conocimiento puede inclinar la balanza. Saber de fútbol, conocer a un equipo o seguir las estadísticas puede generar la percepción de tener una ventaja.

Pero existe un límite que el apostador no controla. "Las empresas de apuestas deportivas, como los casinos, como cualquier empresa dedicada al juego, siempre ganan", sostiene el psicólogo.
El riesgo aumenta cuando apostar deja de ser una actividad ocasional y comienza a utilizarse para manejar las emociones. Primero puede aparecer como entretenimiento. Después, como una forma de escapar del aburrimiento, la ansiedad o el malestar.
Finalmente, la propia ausencia de la apuesta puede generar irritabilidad y ansiedad, y volver a jugar produce alivio. Es ahí cuando el entretenimiento puede transformarse en un problema.
Un círculo vicioso
Uno de los comportamientos que más preocupa a Tzoymaher es la persecución de las pérdidas. Una persona pierde dinero y vuelve a apostar con la intención de recuperarlo. Si vuelve a perder, apuesta nuevamente.
La lógica parece simple, pero puede convertirse en un círculo difícil de romper: perder, intentar recuperar, endeudarse, volver a apostar.
"No hace falta llegar al criterio que los manuales piden para diagnosticar ludopatía para que una persona esté experimentando daño, problemas y consecuencias importantes para su salud y para su vida cotidiana".
Diego Tzoymaher, psicólogo argentino
En ese proceso aparecen otras señales: ocultar gastos, mentir sobre el dinero utilizado, pensar constantemente en las apuestas y deteriorar las relaciones familiares, de pareja o laborales.
El problema no es solamente quién apuesta
Para el psicólogo, uno de los mayores errores es concentrar toda la discusión en las características individuales del apostador. El contexto también importa.
Los jóvenes son especialmente vulnerables por encontrarse todavía en una etapa de desarrollo del sistema nervioso y por la influencia de los grupos de pertenencia. A eso se suma un mensaje que aparece una y otra vez: apostar es parte del deporte.
"La normalización de las apuestas en lo social, en los grupos, amigos, familiares y demás, y después en los medios, ya sea televisión, plataformas digitales, los partidos de fútbol. Creo que eso es el perjuicio más grande".
Diego Tzoymaher, psicólogo argentino
Publicidad durante los partidos, patrocinadores, camisetas, jugadores e ídolos deportivos contribuyen a que esa conducta forme parte de la vida cotidiana.
Tzoymaher compara el proceso con la transformación que experimentó el consumo de tabaco. Una práctica que durante décadas estuvo incorporada a la publicidad y a la vida cotidiana terminó siendo sometida a fuertes restricciones cuando sus efectos sobre la salud se hicieron imposibles de ignorar.
"La apuesta no funciona nunca como salida"
En un contexto de endeudamiento y dificultades económicas, las apuestas pueden aparecer como una promesa de dinero rápido. Para Tzoymaher, esa es precisamente una de las ideas más peligrosas.
"La apuesta no funciona nunca. Nunca las apuestas pueden ser la salida a un problema ya existente, financiero o económico, ni tampoco van a ser la forma de obtener un objetivo que esa persona tenga en la vida".
El problema, entonces, excede al jugador. También alcanza a las familias, los sistemas de salud, los gobiernos y al propio deporte, que se convirtió en uno de los principales vehículos para promocionar las apuestas.
Por eso Tzoymaher considera insuficiente discutir únicamente si una plataforma es legal o ilegal. La legalidad, sostiene, no elimina necesariamente el riesgo de desarrollar una conducta problemática.
Y vuelve al punto que atraviesa toda su advertencia: el acceso inmediato, la publicidad permanente y la aceptación social han eliminado buena parte de los límites que antes existían. "Lo que más me hace ruido es la normalización y la infiltración en todos los ámbitos de la sociedad cotidiana".
El desafío, entonces, será determinar si las apuestas deportivas seguirán siendo vistas como una parte natural del entretenimiento o si, como ocurrió con el tabaco, llegue un momento en que sea extraño mirar hacia atrás y entender hasta qué punto estuvieron integradas al deporte y a la vida cotidiana.
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