Futbolista profesional en Ecuador, árbitro, jugador y constructor en Estados Unidos: La nueva vida de Mario Barrionuevo
Mario Barrionuevo viajó a Estados Unidos en 2024 para visitar a sus hijas con pasaje de regreso a Ecuador. Pero la vida le cambió los planes. Hoy juega en el fútbol de cuarta categoría, trabaja en construcción y disfruta de una etapa en la que encontró paz.

Mario Barrionuevo festeja un gol durante un partido en Estados Unidos, en 2026.
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Cortesía Mario Barrionuevo
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Mario Barrionuevo salió de Ecuador con una maleta, un pasaje de regreso y la idea de quedarse apenas 15 días. Viajó a Nueva Jersey, Estados Unidos, para visitar a sus hijas. Pero no imaginó que esa aventura cambiaría su vida.
Dos años después, sigue en Nueva Jersey, lejos del fútbol profesional ecuatoriano, pero más cerca de su familia y de una tranquilidad que, asegura, no tiene precio.
No fue una decisión repentina ni una despedida definitiva del fútbol. Después de 13 años como profesional, Barrionuevo sentía que algo había cambiado. Los entrenamientos ya no le generaban la misma ilusión, la distancia de sus hijas pesaba y la incertidumbre económica de la LigaPro le pasó factura. Había llegado el momento de respirar.
Su historia en las canchas comenzó en Deportivo Cuenca, donde debutó en 2011, después de llegar un año antes para probarse en las divisiones formativas.
Bajo la dirección técnica de Gustavo Soler, encontró una oportunidad para dar el salto al primer equipo. Esa época todavía ocupa un lugar especial en su memoria: fue la escuela que lo formó como futbolista y como persona.
Después vinieron otros clubes y ciudades. Vargas Torres, Técnico Universitario, Gualaceo, Chacaritas, Naranja Mekánica y Aampetra fueron parte de un recorrido en el que consiguió ascensos, hizo amigos y aprendió a convivir con las dificultades de una profesión que, detrás de la fama, no siempre ofrece estabilidad.
Barrionuevo recuerda que solo unos pocos clubes le pagaron puntualmente. En otros, los retrasos llegaron a acumular hasta seis meses. El dinero que conseguía ahorrar terminaba destinado a cubrir las necesidades que se habían acumulado mientras esperaba su sueldo. Era un ciclo difícil de romper.
A eso se sumó la inseguridad, la crisis económica y el desgaste mental. No dejó de amar el fútbol; solo dejó de disfrutar la rutina de entrenar todos los días. La posibilidad de estar cerca de sus hijas inclinó la balanza.
"Yo ya venía un poco cansado mentalmente, porque vengo jugando profesionalmente 13 años. Ya no me sentía a gusto en los entrenamientos. Ya no lo estaba disfrutando".
Mario Barrionuevo, futbolista ecuatoriano
En mayo de 2024 cerró su etapa en Aampetra. Un mes después viajó a Estados Unidos. Aunque recibió propuestas para continuar en el fútbol ecuatoriano, priorizó a su familia. Lo que comenzó como una visita se convirtió en un nuevo proyecto de vida.
Primero fue árbitro. Y lo recuerda con una sonrisa. Durante unos seis meses cambió de lado y pasó a impartir justicia en partidos locales. La experiencia le permitió conocer el reglamento desde otra perspectiva, aunque pronto se reencontró con antiguos futbolistas ecuatorianos que lo animaron a volver a jugar.
El fútbol, una vez más, le abrió una puerta. Ahora integra el New York Renegades FC, un club de cuarta categoría que mantiene actividad durante buena parte del año y aspira a crecer dentro del sistema futbolístico estadounidense.
En verano puede concentrarse casi exclusivamente en jugar; durante el invierno, cuando disminuyen los partidos, combina el balón con otro oficio: la construcción.
"El futbolista es una burbuja (...) Si tú no aprovechas tu etapa de futbolista como para hacer dinero, luego tienes que saber que tienes que trabajar como una persona normal".
Mario Barrionuevo, futbolista ecuatoriano

Su jornada exige esfuerzo. Trabaja con concreto, utiliza herramientas y participa en distintas tareas de obra. Ya no tiene a su disposición todo lo que rodea a un futbolista profesional. Ahora entiende, desde otro lugar, que jugar es una parte de su vida, no toda su vida.
Y no lo vive como una derrota. Al contrario, Barrionuevo reconoce que siempre supo que el fútbol algún día terminaría y que debía prepararse para trabajar como cualquier otra persona. Hoy puede seguir haciendo lo que le gusta mientras construye una estabilidad que antes le resultaba más difícil alcanzar.
En Nueva Jersey también disfruta de algo que se volvió esencial: salir a la calle con tranquilidad, pensar en el futuro y compartir tiempo con sus hijas. Tiene pareja y espera casarse pronto. Poco a poco, también consigue ahorrar y concretar objetivos personales que había postergado.
Ahora disfruto más que todo la tranquilidad. No me arrepiento de haber venido, porque sigo jugando, cerca de mis hijas".
Mario Barrionuevo, futbolista ecuatoriano
"No me arrepiento de nada", dice sobre su decisión de quedarse. Ama Ecuador, pero entiende por qué buscó otra vida. No necesitó una despedida ni abandonar por completo las canchas. Solo cambiar de escenario, aprender nuevos oficios y descubrir que todavía podía empezar de nuevo.
Mario Barrionuevo no sabe si su historia terminará en el fútbol estadounidense, en la construcción o en algún camino que todavía no imagina. Por ahora, se enfoca en el presente con sus hijas, con su pareja y con un país que lo acogió desde el primer día.
Para Barrionuevo, su lugar está hoy en Nueva Jersey, con los pies entre dos mundos: el cemento de una obra y el césped de una cancha.
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