De limpiar baños en un 7-Eleven a bautizar una zona en Nueva Jersey: la historia del guayaquileño que empezó desde cero en Estados Unidos
Llegó durante la crisis económica de 1999, perdió a sus padres sin poder despedirse y empezó de cero. Años después, impulsó el reconocimiento de Ecuadorian Square en Passaic, una ciudad de Nueva Jersey.

Joffre Pérez Acosta recibe un reconocimiento de la congresista estadounidense Nellie Pou, representante del noveno distrito de Nueva Jersey, durante la ceremonia de izamiento de la bandera ecuatoriana en la Alcaldía de Paterson, en 2025.
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NUEVA YORK. En Ecuador Joffre Pérez trabajaba con inversiones en dólares, llevaba traje y corbata y tenía una carrera en la banca privada. En Estados Unidos, su primer uniforme fue la ropa de trabajo y sus herramientas, una escoba y un trapeador. Nacido en Guayaquil hace 56 años, Pérez viaja en el tiempo: “Todavía recuerdo el contraste entre las oficinas de Filanbanco y La Previsora, donde había construido mi trayectoria profesional, y los baños de una tienda 7-Eleven que me tocó limpiar al llegar a Nueva Jersey”. Había cruzado la frontera de una vida conocida hacia otra en la que ni siquiera dominaba el idioma.
La crisis bancaria ecuatoriana de finales de los noventa precipitó su salida. Pérez había estudiado en el Colegio Aguirre Abad y pasado por la Universidad Laica Vicente Rocafuerte, aunque no terminó sus estudios superiores. Era el menor de 12 hermanos y su padre había sido oficial de la Armada ecuatoriana. En la banca llegó a desempeñarse como asesor de inversiones y negocios bursátiles vinculados a Previsora International Bank. Cuando decidió emigrar, entre finales de 1998 y comienzos de 1999, dejó atrás una profesión y una estabilidad que no sabía si podría recuperar.
En Nueva Jersey descubrió que sus conocimientos financieros servían de poco sin inglés ni una situación migratoria regular. Aceptó los trabajos que encontró, entre ellos la limpieza de una tienda de conveniencia. No habla de aquel empleo con vergüenza. Lo considera una de las experiencias que le permitieron entender las dificultades de quienes llegan a Estados Unidos sin contactos ni recursos suficientes para empezar.
Pero el golpe más duro no llegó del mercado laboral. Nueve meses después de instalarse en Estados Unidos murió su madre. Su situación migratoria le impidió regresar a Guayaquil para despedirse. Años más tarde falleció también su padre y la historia se repitió. “Aquellas pérdidas me hicieron preguntarme si tanto sacrificio valía la pena”, cuenta. Pensó en abandonar el país, pero recordaba una petición de su madre: que no regresara derrotado, que quería verlo triunfar.
De los baños de una tienda a la industria aeronáutica
Su recorrido laboral fue cambiando. Después de aquellos primeros empleos consiguió incorporarse a L'Oréal, donde trabajó cuatro años como asistente de control de calidad. Más tarde pasó a Lamart Corp, empresa que identifica como vinculada a Boeing, donde lleva dos décadas trabajando en procesos de laminación y aislamiento térmico utilizados en la fabricación de aviones. Su vida familiar también encontró estabilidad: lleva 15 años casado con Ana Rodrigues, de origen brasileño, y tiene dos nietos pequeños. La actividad comunitaria, sin embargo, tardó varios años en ocupar un lugar central en su vida.

El punto de inflexión llegó con el terremoto que sacudió Ecuador en abril de 2016. Pérez comenzó a reunir alimentos, colchones, ropa y otros artículos para enviarlos a los damnificados. Según relata, consiguió organizar el envío de dos contenedores de donaciones. En algunas latas de fréjoles escribió mensajes para personas cuyos nombres desconocía: ‘Ustedes no están solos. Tienen un hermano ecuatoriano que los va a ayudar desde aquí’. Aquella iniciativa lo llevó a buscar apoyo en Alianza Ecuatoriana de Passaic en Nueva Jersey, una organización comunitaria fundada en 1984.
Una intersección de Nueva Jersey con nombre ecuatoriano

Primero se incorporó como director de eventos y posteriormente fue elegido presidente. Permaneció siete años al frente de la institución. En ese periodo comenzó a impulsar una idea que parecía desproporcionada para algunos de sus compañeros: conseguir que una calle de Passaic llevara el nombre de Ecuador. “Yo no pretendía únicamente organizar otra celebración patriótica. Quería que la presencia ecuatoriana, construida durante generaciones de trabajo y migración, quedara reconocida en el espacio público de la ciudad”.
Pérez acudió al Ayuntamiento, se informó sobre el procedimiento y preparó una propuesta para el Concejo Municipal. En ella enumeró las contribuciones de médicos, comerciantes, profesores, policías, bomberos y trabajadores ecuatorianos a la vida de Passaic. Recuerda que el día de la votación competían cinco propuestas de distintas comunidades. “La votación quedó empatada y el alcalde emitió el voto decisivo”. La designación de Ecuadorian Square, inaugurada en 2019, se convirtió en uno de los logros más visibles de Alianza Ecuatoriana durante su presidencia.

La celebración tampoco quedó limitada a sus compatriotas. Pérez propuso organizar un festival multicultural en el espacio recién designado. Cuando el alcalde le preguntó si sería una fiesta ecuatoriana, respondió que quería una fiesta latinoamericana. “Aunque el reconocimiento era para Ecuador, queríamos compartir esa alegría con las demás comunidades”, explica.
Tras dejar la presidencia de Alianza Ecuatoriana, Pérez pasó a encabezar la Fundación Raíces Ecuatorianas New Jersey, con la intención de extender las actividades de apoyo comunitario hacia familias necesitadas en Ecuador. También ha participado en ceremonias patrióticas y encuentros con autoridades de ambos países. Entre los reconocimientos que enumera figura la Orden Dr. Vicente Rocafuerte, en el grado de Gran Cruz al Mérito Nacional, otorgada por la Asamblea Nacional ecuatoriana. En agosto de 2025 recibió, además, un reconocimiento de la congresista estadounidense Nellie Pou durante una ceremonia de izamiento de la bandera ecuatoriana en Paterson.
Pérez dice que su actividad comunitaria no le proporciona ingresos. La compagina con su empleo en la industria aeronáutica y con su vida familiar. “Mi esposa suele preguntarme qué obtengo a cambio de tantas horas dedicadas a reuniones y gestiones”. Él responde que económicamente nada. Después de más de 25 años en Estados Unidos, ha conseguido la estabilidad que buscaba cuando salió de Guayaquil, aunque hubo pérdidas que ese recorrido no pudo reparar: las de sus padres, a quienes no pudo despedir por su situación migratoria.
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