Del fútbol a los conciertos: Así cambió el Estadio Olímpico Atahualpa durante la ausencia de la Selección de Ecuador
La Selección de Ecuador volverá a jugar en el Estadio Atahualpa después de nueve años, cuando reciba a Costa Rica el 13 de noviembre de 2026. Durante ese tiempo, el deterioro de sus instalaciones provocó que la Tricolor se trasladara al Estadio Rodrigo Paz Delgado. El 'Coloso del Batán' encontró en los conciertos una importante fuente de ingresos.

Imagen del exterior del estadio Olímpico Atahualpa en Quito, el jueves 5 de noviembre de 2026.
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Felipe Larrea / PRIMICIAS
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El Estadio Olímpico Atahualpa volverá a recibir a la selección ecuatoriana de fútbol. Después de nueve años de ausencia, la Tri regresará al escenario que durante décadas fue su casa y en el que escribió las páginas más importantes de su historia. El partido será este viernes 13 de noviembre ante Costa Rica.
Esta vuelta tiene un significado especial. No se trata únicamente de cambiar de escenario para disputar un encuentro por Fecha FIFA. Implica también recuperar un vínculo que parecía haber quedado en segundo plano entre la Selección y uno de los estadios más emblemáticos del país.
Desde entonces, el estadio no formó parte de la planificación de la Federación Ecuatoriana de Fútbol para los partidos de local de la Selección. El deterioro de sus instalaciones y la necesidad de contar con un escenario que ofrezca mejores garantías deportivas influyeron en esa decisión. Por eso, el equipo movió sus partidos al Rodrigo Paz Delgado, estadio de Liga de Quito.
El cambio marcó el inicio de una nueva etapa. Mientras Casa Blanca se consolidó como la principal sede de la Tricolor en condición de local, el Atahualpa atravesó sus propios problemas administrativos, económicos y de infraestructura.

Un estadio que dejó de ser la casa de la Tri
El Atahualpa, inaugurado el 25 de noviembre de 1951, acumuló problemas que le impidieron albergar partidos de la exigencia de las Eliminatorias. Goteras, humedad, graderíos desgastados, instalaciones deterioradas y espacios de prensa sin el mantenimiento adecuado eran parte de una realidad difícil de ocultar.
En enero de 2020, el presidente de la FEF, Francisco Egas, explicó que el Rodrigo Paz Delgado ofrecía condiciones que el Olímpico Atahualpa ya no podía garantizar. Las necesidades no se limitaban a la cancha: también involucraban a los aficionados y requerimientos logísticos y comerciales de la FEF.

Pero el problema venía de mucho antes. Al menos desde la última década se anunciaron proyectos de remodelación, propuestas de reconstrucción e incluso planes para levantar un nuevo escenario. Ninguno se concretó. Mientras tanto, el estadio siguió funcionando, pero cada vez más lejos de los estándares que exigía FEF, FIFA y Conmebol.
Y en ese periodo ocurrió una transformación especial: el Atahualpa adquirió protagonismo fuera de las canchas. Los conciertos y espectáculos musicales se convirtieron en una alternativa para mantener activo el escenario y, sobre todo, generar recursos.
De la pelota a los conciertos: un negocio más rentable
Por el césped del Atahualpa han pasado algunas de las figuras más importantes de la música internacional. Shakira, Bon Jovi, Guns N' Roses, Aerosmith, Bruno Mars, Bad Bunny y Roger Waters son parte de una extensa lista de artistas que encontraron en el estadio un espacio para sus presentaciones.
A eso se suman espectáculos de artistas como Chayanne, Ed Sheeran e Iron Maiden, en una etapa en la que el estadio también se convirtió en un punto de encuentro para decenas de miles de aficionados a la música.
La razón para apostar por este tipo de eventos no era exclusivamente cultural. Había un argumento económico detrás. Para la Concentración Deportiva de Pichincha (CDP), dueña del escenario, alquilarlo para un concierto representa ingresos muy superiores a los que deja un partido de fútbol.
De acuerdo con las tarifas que manejaba la CDP en 2025, el alquiler del estadio para un partido de LigaPro costaba USD 2.400. En cambio, organizar un concierto implicaba un pago de USD 50.000.

Es decir, un solo concierto podía generar más de 20 veces lo que representaba el alquiler para un partido de la LigaPro. La diferencia era considerable, incluso tomando en cuenta que en los partidos con más de 24.000 espectadores la CDP recibía un 10% adicional de la taquilla. Ahora, si bien no se conoce la cifra del alquiler del estadio a la FEF, el valor seguramente es más alto.
Miguel Ángel Pavón, expresidente de la Concentración, aseguró que el Atahualpa genera unos USD 800.000 anuales por concepto de alquileres. Buena parte de esos recursos se destina al respaldo de los deportistas de Pichincha y otra parte servía para cubrir obligaciones económicas de la institución. El mantenimiento del césped, por su lado, representa una inversión cercana a los USD 200.000 al año.
Pavón reconoció, además, que los ingresos de los conciertos son fundamentales para la sostenibilidad financiera de la Concentración. La prioridad, decía, era coordinar los partidos de fútbol, pero prescindir de los espectáculos musicales significa un golpe económico para la entidad.
Así, el Atahualpa pasó por una paradoja: mientras perdió espacio como sede de la Selección, encontró en los conciertos una fuente de ingresos mucho más atractiva que el alquiler para los partidos de fútbol.
Por ejemplo, en lo que va 2026 se han desarrollado seis conciertos en el estadio, lo que representa USD 300.000 de acuerdo a la tarifa expuesta por Pavón. Pero hasta fin de año está previsto que se haga uno más. Es decir, USD 350.000 en total solo por concepto de alquiler para espectáculos.

Un reencuentro esperado
El regreso de Ecuador al Atahualpa también permite recordar lo que significa el estadio para el fútbol nacional. Allí se produjo, el 7 de noviembre de 2001, el momento más importante de su historia: el empate 1-1 ante Uruguay que aseguró la primera clasificación de la Selección a un Mundial.
También fue el escenario de triunfos ante Argentina y Brasil, albergó partidos de la Copa América de 1993 y recibió la final de la Copa Libertadores de 2016, entre Independiente del Valle y Atlético Nacional. Su historia va mucho más allá de los resultados. Es parte de la identidad deportiva de Quito y del país.
Así, el partido ante Costa Rica representa, para la Tricolor, la oportunidad de reencontrarse con una cancha que fue su casa durante décadas.
Y para el propio Atahualpa implica recuperar parte de su protagonismo futbolístico. En ese contexto, presenta mejoras en cuanto a su fachada exterior, baterías sanitarias y palcos. De todas formas, aún quedan expuestos los problemas de infraestructura -por ejemplo, en la visera principal- debido a la longevidad del estadio.
El equipo dirigido por Marcelo Gallardo saltará a la cancha el próximo viernes 13 de noviembre, a partir de las 19:00, en lo que será el primer partido oficial del 'Muñeco' en Ecuador. Este encuentro amistoso se transmitirá en vivo y en señal abierta por Teleamazonas.

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