El 66% de las empresas familiares con fuerte legado de identidad en Ecuador reporta un alto desempeño
Un estudio de ESPAE a 99 empresas familiares analiza cómo los valores, la cultura y la identidad se relacionan con su desempeño. También revela desafíos frente a América Latina y el mundo.

Representantes de empresas familiares reunidos en el Bankers Club de Guayaquil, en agosto de 2026.
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Cortesía Espae
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En Ecuador, el 66% de las empresas familiares con un fuerte legado de identidad registra un alto desempeño financiero, según un estudio de Espae, la Escuela de Negocios de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL).
El legado de identidad incluye los valores, la cultura y el propósito que una familia transmite a las siguientes generaciones. El 58% de las empresas familiares trabaja activamente para preservar estos elementos.
Ese componente intangible puede marcar la diferencia entre conservar una compañía o prepararla para que sobreviva a la siguiente generación, según el reporte.
El legado material, en cambio, se refiere a los bienes, activos y patrimonio que una familia construye y transmite a las siguientes generaciones. En las empresas familiares donde este tipo de legado tiene mayor peso, el 57% registra un alto desempeño financiero.
Para María Luisa Granda, decana de Espae, la lectura no es que los activos materiales hayan perdido importancia. Al contrario, son fundamentales para la solvencia inicial de la organización.
El problema aparece cuando el patrimonio se convierte en el único soporte. “Los activos por sí solos son vulnerables”, explica Granda. En una crisis económica o frente a una disrupción tecnológica, el capital no necesariamente define hacia dónde debe avanzar la compañía, agrega.
Los cuatro tipos de legados
Además del legado material y de identidad, el estudio identifica otros dos tipos: el biológico, relacionado con la continuidad de la familia en la empresa a través de los hijos, nietos y otros familiares; y el social, vinculado con las relaciones que la compañía construye con sus empleados, proveedores y comunidad.
Aunque el legado de identidad registra el nivel más bajo de las cuatro dimensiones en Ecuador, las empresas familiares que lo tienen más desarrollado muestran una mayor incidencia de alto desempeño financiero, insiste el reporte.
Al comparar con otras regiones, Ecuador también muestra una diferencia. En el país, 51 de cada 100 empresas familiares analizadas tienen un legado de identidad alto, es decir, mantienen con fuerza los valores, la cultura y el propósito de la familia. En América Latina, la cifra sube a 57 de cada 100 y, a escala global, a 71 de cada 100.
Esto significa que Ecuador está 20 puntos porcentuales por debajo del promedio mundial en esta dimensión, la mayor brecha entre los cuatro tipos de legado que analiza el estudio.
El estudio de ESPAE, realizado como parte de una investigación global del STEP Project Global Consortium, en alianza con KPMG, analizó a 99 empresas familiares en Ecuador.
El 54% pertenece a servicios, el 23% a industria, el 14% a agricultura y el 8% a comercio.
A escala global, la investigación reunió las respuestas de más de 2.400 líderes de empresas familiares de cerca de 70 países.
Los resultados se publicaron en agosto de 2026 y se difundieron en una segunda fase el 5 de octubre, en el marco del Día Internacional de la Empresa Familiar.
El estudio también advierte sobre un desafío en la sucesión, que se enfoca en la permanencia prolongada de los líderes.
Por un lado, agrega Granda, puede ayudar a transmitir la cultura de la empresa, pero también puede dificultar el relevo si la siguiente generación no está preparada para asumir responsabilidades.
Preparar la siguiente generación
La continuidad del legado depende de cómo cada familia prepara el relevo y adapta el negocio a nuevas necesidades. Las experiencias de Caterina Costa von Buchwald, de Poligrup, y Nicole Martinetti, vinculada a un negocio familiar de cacao y chocolate, muestran dos formas de enfrentar ese desafío.
En julio de 2026, Costa von Buchwald entregó la administración de Poligrup a la tercera generación de su familia. La compañía guayaquileña que fundó su papá fabrica soluciones plásticas y fibras sintéticas para las industrias.
Para ella, la responsabilidad de quien lidera una empresa familiar comienza mucho antes del relevo. "La primera responsabilidad del CEO en la empresa familiar es formar a la siguiente generación en esos valores y principios que dejó el fundador", señala.
Costa considera que una sucesión exitosa no consiste en mantener la empresa tal como está, sino en darle a la siguiente generación la libertad para transformarla.
Después de más de 30 años en Poligrup, decidió dar un paso al costado porque la compañía estaba ordenada y tenía proyectos en marcha. Destaca la importancia de contar con un directorio y un consejo de familia que ayuden a ordenar las decisiones y reduzcan los riesgos para la compañía.
“Yo no quiero que la empresa sea igual para los próximos 30 años, yo quiero que sea diferente”, señala Costa. Esa diferencia es precisamente uno de los desafíos que identifica el estudio: evitar que el legado se convierta en una barrera para innovar.
El reporte señala que las empresas con un legado consolidado alcanzan un 77% de compromiso con el emprendimiento transgeneracional, frente al 56% entre aquellas con legados débiles.
Nicole Martinetti, Public Relations de Casacao, con base en Quevedo (Los Ríos) y CEO de Nikoa Chocolate, representa a una tercera generación y, para ella, el legado significa crear algo propio a partir de los valores y conocimientos que recibió.
Su vínculo con el cacao se formó desde la infancia, con la visita a plantaciones y la comercialización de este producto, de relevancia en la economía nacional. Sus abuelos fueron su guía en el sector agroexportador.
Esa experiencia la llevó a transformar la materia prima en un producto terminado y a desarrollar una barra de autor que acercar a los consumidores por su origen. Su propuesta también incluye catas y actividades educativas para compartir la cultura del cacao.
Pero para lograrlo, tuvo que pasar por un período de adaptación. Retornó al país en 2016 luego de estudiar una maestría y ante propuestas innovadoras ""me choqué con una pared", reconoce.
Con el tiempo, cuenta, la toma de decisiones se ha vuelto más colaborativa y las responsabilidades se han distribuido según las fortalezas de cada integrante.
En los últimos tres años, los ingresos de Poligrup crecieron un 12,4%, mientras que los de Casacao aumentaron cerca de un 400%, según los estados financieros reportados a la Superintendencia de Compañías. Las cifras sirven como referencia de la evolución de ambos negocios entre 2023 y 2025.
Reglas claras
En ese contexto, Granda, decana de ESPAE, destaca que uno de los retos de las empresas familiares es separar la propiedad de la gestión y establecer reglas claras para tomar decisiones.
Profesionalizar el negocio no significa que la familia deba dejar de controlarlo, sino prepararlo para que pueda adaptarse a los cambios.
De esa manera, las empresas pueden adaptarse y ser competitivas a través de las nuevas generaciones, como buscan hacerlo las familias de Costa y Martinetti.
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