La venta de autos eléctricos se dispara en el mundo por la nueva crisis energética desatada tras la guerra en Irán
Las marcas no tienen stock para atender la demanda, porque las ventas de vehículos eléctricos se han disparado en toda Europa, por ejemplo. Las petroleras reconocen el impacto por el alza de los precios de los combustibles, en el contexto de conflictos en Oriente Medio, y que la situación golpeará en algún momento en la demanda. Quienes no tenían sensibilidad ambiental, sí tienen sensibilidad económica, apuntan expertos.

Un ataque a instalaciones de la petrolera Aramco, al sur de Riad, el 3 de octubre de 2026. La petrolera, que pertenece mayoritariamente al estado saudí, ha estado bajo fuego los últimos días por los rebeldes hutíes, que han dirigido su ofensiva a Arabia Saudita, como parte de la guerra en Yemen.
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AFP
Autor:
Ignacio Fariza | Manuel Panelles
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La segunda crisis energética en menos de un lustro —ambas provocadas por guerras, primero en Ucrania y luego en Oriente Próximo— está desarmando la resistencia a la transición para alejarse de los combustibles fósiles. Mes a mes gana peso el debate de la electrificación, es decir, alimentar con electricidad sectores económicos que ahora dependen del carbón, el petróleo y el gas. Por si había pocos argumentos —ambientales, económicos y de autonomía estratégica— para una electrificación exprés, la gasolina y el diésel a dos euros por litro en Europa han puesto la puntilla. En España, solo se ha bajado de esa barrera de los dos euros cuando el Estado ha abierto la cartera y aplicado una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro, añadiendo una nueva y pesada losa a la de por sí milmillonaria factura de la dependencia energética.
Las señales del cambio se amontonan en plena sacudida de precios. La instalación de renovables volvió a marcar un récord el año pasado: creció un 15,5% en todo el mundo. El almacenamiento de electricidad, complemento fundamental para la solar y eólica, se duplicará este año en el mundo. Y las ventas de automóviles eléctricos se han disparado desde primavera en los principales mercados europeos. En los países nórdicos, los coches térmicos (gasolina y gasóleo) ya son residuales. En Portugal y en Bélgica, los 100% a pilas ya son uno de cada dos coches vendidos. En Francia y en Alemania, uno de cada tres. Incluso en España, que marcha con retraso, ya hay 400.000 coches eléctricos circulando: aunque rezagado, el principal mercado ibérico también parece ponerse las pilas. Por fin.
“Las marcas no tienen stock para atender la demanda, porque las ventas de coches eléctricos se han disparado en todo el continente”, apunta por teléfono Luis Valdés, quizá el analista que mejor toma el pulso a la electrificación en España. “Los fabricantes tradicionales no dan abasto: en muchos países europeos casi todo el mundo está pidiendo eléctricos ya, y están atendiendo aún los pedidos de marzo y abril, que es cuando empezaron a dispararse”.

Las propias petroleras empiezan a reconocer la evidencia. “En los seis últimos meses hemos visto un aumento en las ventas de eléctricos en muchas geografías. Es espectacular”, reconocía hace una semana el consejero delegado de la petrolera francesa TotalEnergies. Admitía, además, que, como ya ocurre en China, el empuje electrificador en el transporte —con los camiones también llamando a la puerta: ahí está la próxima revolución— afectará a la demanda de crudo más pronto que tarde.
Bruce Douglas, consejero delegado de la Alianza Global por las Energías Renovables, considera que el avance de las renovables y la electrificación “provocará una disminución significativa de la demanda de combustibles fósiles”. Pone como ejemplo la caída interanual del 16% en la demanda de petróleo para el transporte en China. “Parte de esa disminución es por cambios de comportamiento —conducir menos, trabajar desde casa...—, pero otra parte es un cambio estructural hacia el transporte alternativo, como los vehículos eléctricos”, señala. “Es el principio del fin de la era de los combustibles fósiles. No será inmediato, no va a ser una caída brusca: llevará tiempo. Pero es una transición”, añade Douglas.
Hay más. Si la anterior sacudida energética, en 2022 y 2023, fue el aldabonazo definitivo para apostar por las renovables, ahora es el turno del coche eléctrico, de la aerotermia (bombas de calor) y de las baterías conectadas a la red.
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En Europa, el año pasado los Veintisiete gastaron más de 300.000 millones de euros en petróleo y gas. Una factura a la que, como recuerda Jan Rosenow, de la Universidad de Oxford, el cierre del estrecho de Ormuz ha sumado otros 50.000 millones. “La propia Comisión Europea estima que la electrificación reducirá esa carga en hasta 260.000 millones de euros de aquí a 2040”, recuerda por correo electrónico.
El coche eléctrico lleva años compitiendo de tú a tú con el de combustión si se tiene en cuenta el coste durante toda su vida útil: para conductores que recorren muchos kilómetros al año, los ahorros en el surtidor compensaban con creces el mayor precio de compra. Ese cálculo, sin embargo, ya ha quedado obsoleto: en China, a igualdad de características, los eléctricos —cuyo mayor lastre es el precio de la batería, en clara trayectoria descendente— ya son más baratos que sus pares de gasolina. En Europa, su coste de compra ya es prácticamente el mismo. Y, desde que sale del concesionario, todo es ahorro.
“No hay mayor publicidad que pasar por una gasolinera y ver todo a dos euros. Incluso quienes no tenían sensibilidad ambiental, sí tienen sensibilidad económica”, apunta el divulgador y consultor energético Xavier Cugat. “Por una vez, todo cuadra: los únicos argumentos en contra son los de la industria petrolera, a la que va a ir mal”, sostiene. “Y eso que el precio de los carburantes no refleja toda la realidad, porque sigue teniendo una subvención de 20 céntimos por litro”, agrega Pedro Fresco, autor de El arte de impulsar el cambio (Barlin Libros). “Tenemos que empezar a asumir que el conflicto geopolítico permanente y el petróleo convertido en arma de guerra es la nueva normalidad”, sostiene. “En el futuro nos arrepentiremos de todos los pasos que no demos hoy para electrificar”.
No todo es precio, balanza comercial, dependencia estratégica y emisiones: el salto en eficiencia es salvaje. Consumen, en fin, mucha menos energía primaria. “Los coches eléctricos y las bombas de calor son entre tres y cuatro veces más eficientes (que sus equivalentes fósiles)”, calcula Rosenow. “Cada automóvil de combustión y cada caldera de gas vendidos hoy nos dejan expuestos durante 15 años a la próxima crisis petrolera. Y cada nueva instalación industrial que funcione con combustibles fósiles consolida durante décadas una infraestructura dependiente de las importaciones”.
Electrificación
Los estudios que cuantifican los sobrecostes que la crisis ligada al ataque de Estados Unidos a Irán está teniendo para los países importadores se solapan. Es un lastre que se mide en miles de millones de dólares. “El aumento del coste de los combustibles fósiles implica que los países importadores están gastando 1.800 millones de dólares adicionales al día”, expone Douglas.
Por eso el término de moda es electrificación. En los debates medioambientales, sí, y también en los financieros: la sacudida geoeconómica que viene es de aúpa y, por primera vez, es para bien. El presidente de la próxima cumbre del clima, la COP31, que se celebrará en noviembre en Antalya (Turquía), Murat Kurum, ha lanzado una propuesta que pretende que asuman los casi 200 países que participan en esta conferencia de la ONU: que para 2035 el 35% del consumo energético final en el mundo se cubra con electricidad, un salto más que notable respecto al 23% actual.
Pero el diablo está en los detalles. Analistas y activistas advierten de que no basta con electrificar. Esa es la mitad del problema. La otra es cómo se genera la electricidad. En muchos mercados, como el español, esta es, en gran medida, libre de emisiones. Pero otros países aún no pueden decir lo mismo: el peso del carbón y del gas natural, que emiten gases de efecto invernadero, sigue siendo importante. Lo resumía así, tras conocerse la propuesta de Kurum, Savio Carvalho, de la ONG especializada en clima 350.org: “La electrificación puede ser una parte poderosa de la transición energética, pero electrificar la economía dejando los combustibles fósiles en el centro no es una transición. Necesitamos electrificar rápido, alimentar esa electrificación con renovables y eliminar los combustibles fósiles al mismo tiempo”.
Esta misma preocupación se compartía hace unos días desde el Consejo de la UE, el órgano comunitario en el que están representados los Veintisiete. En los documentos preparatorios para fijar la posición común sobre la COP se incidía en que la propuesta “no se compromete a que este aumento (de la electrificación) esté impulsado únicamente por fuentes de energía limpia”. Está por ver si la UE finalmente establece ahí o no una línea roja para apoyar este pronunciamiento en la COP.
Contenido publicado el 9 de octubre de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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