Lula y Bolsonaro, la recta final de una polémica y crucial elección presidencial en Brasil
Acusaciones de interferencias, pedidos de anulación de candidaturas, denuncias de corrupción, retos y promesas, la ajustada segunda vuelta del 25 de octubre eleva la tensión en un Brasil polarizado.

Una mujer camina frente a un puesto de venta ambulante con banderas de los candidatos presidenciales Lula Da Silva y Flavio Bolsonaro, en Brasilia, el 22 de octubre de 2026.
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AFP
Autor:
Adriana Noboa / Agencias
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Brasil acude a las urnas dividido y en un clima de creciente tensión. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afronta una difícil batalla por la reelección y necesita remontar, mientras que el senador opositor Flávio Bolsonaro busca ampliar la inesperada ventaja que obtuvo en la primera vuelta.
Ambos candidatos se enfrentan este domingo 25 de octubre en una segunda vuelta que se prevé muy reñida, según las últimas encuestas, que los ponen apenas a un punto de distancia. Esto, dentro del margen de error estadístico, apunta a una apretada victoria de cualquier de los dos.
El 4 de octubre, el primogénito del exmandatario Jair Bolsonaro obtuvo el 47% de los votos, frente al 45% de Lula. Desde entonces, cientos de miles de simpatizantes de ambos candidatos han salido a las calles para arroparlos.
Y en estas tres semanas los votantes brasileños han sido testigos de una pugna que incluye incluso pedidos de anulación de ambas candidaturas, lanzados tanto por Bolsonaro como por Lula.
El primero pidió a la justicia electoral que anule la participación del líder del Partido de los Trabajadores por presunta propaganda indebida en WhatsApp, mientras que el segundo pidió hacer lo mismo contra el candidato del Partido Liberal por supuesta interferencia de Meta y X (antes Twitter) en el balotaje.
Pero estas son sólo las últimas polémicas entre los aspirantes al Palacio de Planalto.
Por ejemplo, Lula lanzó una campaña y denuncia contra las redes sociales de Meta por injerencia electoral en sus plataformas y el Tribunal Electoral le dio 24 horas al gigante tecnológico para demostrar que garantiza un tratamiento igualitario a las campañas de los dos candidatos presidenciales.
Y la multinacional afirmó garantizar el cumplimiento de las 17 determinaciones que le impuso el Tribunal para garantizar la igualdad en la distribución de contenidos políticos y en la publicación de anuncios electorales y adjuntó un informe técnico con la supuesta demostración.
Mientras que el senador ultraderechista Bolsonaro acusó al magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, de haberse convertido en el principal articulador político del Mandatario que busca la reelección.
Moraes fue el juez instructor del proceso en el que el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) fue condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado y ahora está bajo sospecha por su relación con un banquero investigado por fraude financiero.
Además, Lula puso contra las cuerdas a Bolsonaro al retarlo a poner a disposición de la justicia los registros telefónicos y bancarios de ambos candidatos, para demostrar quién es corrupto y quién es honesto. Inicialmente el senador esquivó el reto, pero después agregó 19 condiciones, entre ellas que la información se transparente desde 2003, cuando Lula empezó su primer periodo presidencial.
Finalmente, ambos candidatos autorizaron el 22 de octubre el levantamiento "recíproco, simultáneo y total" de sus respectivos secretos bancarios, a tres días de la segunda vuelta de los comicios. Sus equipos de campaña firmaron una carta dirigida al Tribunal Superior Electoral con los términos del acuerdo.
Un último cara a cara para convencer a los brasileños
La noche de este 24 de octubre Lula y Bolsonaro se enfrentarán en un segundo y final debate, previo al balotaje. Además, Datafolha, la firma de medición de opinión pública más tradicional de Brasil, divulgará un nuevo sondeo de intención de voto, marcando el camino a las urnas.
El primer debate estuvo lleno de acusaciones y dio poco espacio a propuestas concretas. Por ejemplo, Bolsonaro habló de declararle la guerra al narco, atacó al hijo mayor de su contrincante (investigado por tráfico de influencias), ofreció la castración química para violadores y lo acusó de corrupción.
Mientras que Lula habló de los supuestos nexos de los Bolsonaro con grupos paramilitares, afirmó que Jair Bolsonaro votará por él desde la cárcel, cuestionó a su hermano de conspirar contra Brasil desde Estados Unidos, promoviendo sanciones contra el gigante amazónico.
Es por eso que los candidatos se prepararán aún más para el último debate, en el que pueden definir unos apoyos clave. La tónica de la participación puede terminar de acercar a Bolsonaro a los votantes desilusionados con el actual Mandatario o de convencer a los abstencionistas de votar por Lula.
En la primera vuelta, 33,4 millones de brasileños no acudieron a las urnas, lo que supone el 21 % del censo. Y, tradicionalmente, la abstención siempre ha crecido en la segunda vuelta de las presidenciales celebradas desde 1989. La única excepción fue 2022, cuando bajó levemente.
Pero el escenario es aún más complejo, según Quaest, una de las firmas demoscópicas más influyentes del país, hay un factor y empate adicional en el tablero: un 43% de los electores teme el regreso al poder de los Bolsonaro y otro 43% teme la reelección de Lula.
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