Evangélicos y católicos, los votos religiosos juegan un papel clave en las elecciones de Brasil
Aunque los católicos representan el 57% de población y los evangélicos un 27%, las elecciones presidenciales evidencian una pugna entre Lula Da Silva y Flavio Bolsonaro por conquistar el voto del segundo grupo.

Cristianos del grupo Ekballo se reúnen en la avenida Paulista el 11 de octubre de 2026, durante una manifestación en contra del uso político de la iglesia y la palabra de Jesús, en Sao Paulo (Brasil).
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EFE
Autor:
Adriana Noboa / agencias
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Al igual que en 2018, este 25 de octubre, la religión podría ser un factor crucial para definir al próximo presidente de Brasil, en unas apretadas elecciones entre el ultraderechista Flávio Bolsonaro y el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
El primero se define como evangélico y es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que guarda prisión domiciliaria tras ser sentenciado a 27 años de prisión por planear un golpe de Estado tras perder las presidenciales de 2022. Mientras que el segundo, líder de izquierda y tres veces presidente, se declara como católico defensor de la libertad religiosa.
Y, aunque el gigante amazónico enfrenta retos ambientales, económicos, sociales y de seguridad, el tema dominante que traza el tablero electoral es justamente la religión. Por ejemplo, justo antes de la primera vuelta del 4 de octubre, la polémica que dominó la conversación política fue un rumor de que Bolsonaro quería retirarle a la virgen de Aparecida el título de patrona de Brasil.
Mientras que Lula, de frente al balotage, envió una carta pública a las familias evangélicas, para buscar su voto. Y, durante la campaña, ambos candidatos han participado de ceremonias religiosas para apelar a los electores.
Y es que el escenario en el que se juegan las presidenciales de Brasil se asienta en una tendencia de los últimos años que apunta a que los católicos votan más a la izquierda representada por Lula, y los evangélicos a la derecha de Bolsonaro.
Es por eso que ambos aspirantes al Palacio de Planalto apuntan a conquistar a esos grupos. Además, las encuestadoras también toman en cuenta esa clasificación para medir popularidad. El último sondeo de Quaest informó que entre los católicos Lula lidera las intenciones con 48% de respaldos, mientras que entre los evangélicos, Bolsonaro se lleva el 46%.
Sin embargo, esto no implica que el voto de los fieles de cada congregación sea homogéneo y esto dependerá finalmente de variables adicionales, como características socioeconómicas y las promesas de los candidatos.
El 'boom' del evangelismo
Brasil siempre ha tenido una fuerte influencia religiosa. Aunque históricamente el catolicismo fue predominate, en las últimas décadas la expansión del evangelismo empezó a cambiar la correlación. Esto se evidenció incluso en el fútbol: en el Mundial 2026, la mayoría de jugadores que participaron se identifican con esa religión.
La estrategia de las iglesias evangelistas, su mensaje (vinculado al éxito económico, la salud y el bienestar material) y el poder mediático que acuñaron a finales del siglo pasado les permitió crecer y así construir templos gigantescos y suplir la ausencia del Estado en las favelas.
Ese crecimiento sostenido desembocó en el salto paulatino a la política de varias de sus figuras, con los denominados 'políticos de Cristo'. Así consiguieron senadores y diputados que defienden una agenda ultra conservadora.
Esa transformación de la sociedad brasileña, no pasó desapercibida para la derecha y extrema derecha, que los convirtió en su base electoral. El principal resultado se dio en 2018, cuando Jair Bolsonaro llegó a la Presidencia y gran parte de su éxito se debió a la campaña de las iglesias evangélicas.
Ahora, su hijo espera replicar esa victoria, manteniendo el apoyo de la mayoría de evangélicos, con las mismas promesas de defender los valores y la familia 'tradicional'. Sin embargo, Flávio Bolsonaro ha añadido otros tópicos ofrecidos por la derecha en la región y que apelan al mismo público: mano dura, reformas penales, megacárceles, reforma judicial y constitucional, reducción estatal y recorte de impuestos.
Mientras tanto, desde la izquierda, el Partido de los Trabajadores lleva años impulsando una estrategia para mitigar el rechazo evangélico hacia sus postulados y parece empezar a rendir sus primeros frutos, puesto que la aceptación de Lula entre los miembros de esas iglesias ha subido.
Esos esfuerzos por conquistar los votos de los creyentes se incrementarán a puertas de la segunda vuelta, mientras las encuestadoras apuntan cada vez a un menor margen general de diferencia en el apoyo a Lula y a Bolsonaro.
La firma Quaest sostiene que el Mandatario que busca la reelección cuenta con 44% de respaldos, mientras que el senador Bolsonaro tiene un 46%. Por lo que ambos candidatos están técnicamente empatados, ya que el margen de error es de dos puntos porcentuales hacia arriba o hacia abajo.
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