Maricarmen, un desahucio que cuenta una dolorosa realidad en Madrid
El desalojo de su vivienda de Maricarmen Abascal, de 87 años, ha conmovido a España y mostrado la realidad cruda del mercado inmobiliario en la capital española, que genera una crisis de alquiler y precios al alza crecientes.

Miembros del Sindicato de Inquilinas hacen una barrera humana para tratar de detener el desahucio de Maricarmen, de 87 años, en el distrito de Retiro en Madrid el 23 de septiembre de 2026.
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EFE
Autor:
Enrique Alpañés
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Ayer empezó el otoño en Madrid, y aunque las temperaturas se empeñaran en negarlo, de repente pareció una ciudad más fría. El desahucio de Maricarmen Abascal muestra la cara más despiadada de una urbe rendida a la especulación, donde las casas no son refugio, sino negocio. Hubo helicópteros, furgones policiales, cargas y violencia. Casi se diría que estaban deteniendo al Chapo Guzmán y no echando a una anciana de su casa. La tuvieron que sacar en camilla.
Maricarmen pagaba 500 euros por un alquiler de renta antigua, lo que está fuera de mercado. Pero, precisamente por eso, estaba fuera de mercado el precio que pagó Urbagestión por ese piso en el barrio de Salamanca hace ocho años. 240.000 euros. Una ganga, sobre todo si tienes abogados capaces de expulsar a la molesta inquilina con una argucia legal y a unas administraciones que no hacen nada para impedirlo. Es un poco como comprarte una casa de nuda propiedad y empujar al dueño por las escaleras. Con la policía mirando para otro lado.
Una escritora anónima se ofreció a pagar el alquiler más alto que exigían los empresarios. Cerca de 400 personas se concentraron en su puerta para intentar evitar el desahucio. También acudieron Ana Belén, Marwan, Alpilpil, Juan Diego Botto, Inés Hernand, Ignatius y un largo etcétera. En Madrid tienen mejor cartel los desahucios que las fiestas patronales (tampoco es muy complicado).
Esto de que vayan famosos a los desahucios puede parecer algo distópico y carente de sentido, como si los policías fueran a desistir sin más motivos que el engagement y la popularidad de los manifestantes. Pero lo cierto es que se ha convertido en una manera efectiva de hackear la fama y usarla para poner el foco donde debería estar. De farmear decencia.
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Mientras la policía tiraba abajo la puerta de Maricarmen y pegaba a manifestantes, en Telemadrid, la televisión pública madrileña, hablaban de Ceuta, de Venezuela y de Zapatero. Hubo un breve receso para contar cómo “una pequeña empresa” estaba echando a una anciana de su casa “con la ley en la mano” (que sea legal solo lo hace más indignante) y para denunciar que algunos estaban “aprovechando la ocasión para lanzar discursos políticos”. Que lo de echar a ancianas de sus casas tiene un pase, pero pedir soluciones políticas a esta situación es intolerable.

Pero, es justo decirlo, en el noticiero madrileño se habló estos días de la situación de la vivienda en la ciudad. Sobre todo para destacar que The District 2026 estaba teniendo un éxito arrollador. La feria de inversores inmobiliarios sirvió para “analizar las últimas tendencias en el sector”, decían. No soy un experto, pero yo diría que son los desahucios, el rentismo y la expulsión de los vecinos de sus barrios.
Son molestos daños colaterales, minucias que se tratan en mesas redondas con títulos sugerentes. Por ejemplo: “¿Cómo Madrid logró que la vivienda asequible fuera atractiva para la inversión?”. En el centro de la ciudad, los vecinos son expulsados de sus casas, luchan por sobrevivir a unos precios desbocados. Mientras tanto, un aquelarre de empresarios venidos de todos los rincones del mundo debate sobre cómo hacer negocio con nuestras casas. Las maneras más eficientes de echar a las personas para hacer sitio a los buitres. Esto sí que es el gran reemplazo y no el que predica VOX. En España se practicaron 4.005 desahucios en el primer trimestre de este año, según los datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial. Ayer fue Maricarmen, mañana puede ser cualquiera.
Nada de esto se comentaba en el reportaje, que destacaba cómo Madrid se había convertido en una referencia internacional que “atrae al inversor inmobiliario”, como si eso fuera un hito a celebrar, algo totalmente desligado de la crisis de la vivienda. Es un poco como destacar que Gotham se ha convertido en una referencia internacional que “atrae a excéntricos payasos y simpáticos hombres-pingüino”, sin pensar que ello pueda tener una incidencia en las tasas de criminalidad. También es verdad que una ciudad no puede reducirse a sus villanos megalómanos.
Isabel Díaz Ayuso apareció en el foro de inversores y “presentó unas ayudas para facilitar el acceso a una vivienda a más de 480.000 personas”. Uno pensaría que facilitar el acceso a la vivienda no es lo que más esperan quienes hacen negocio con ella, pero los empresarios salieron aplaudiendo muy ufanos. Casi aplaude hasta el presentador del informativo. Luego pusieron cortes de Ayuso alegando que los verdaderos problemas de la vivienda en Madrid son el intervencionismo, la protección legal a los inquilinos y la okupación, y ya se entendió la cosa un poco mejor. Ella sabe bien lo difícil que es comprar un buen ático en esta ciudad; no te digo ya venderlo.
Hay casos concretos que resumen una problemática mayor y tienen la capacidad de despertarnos. Son chispas que provocan incendios. Sucedió con Ana Orantes, cuando todo un país comprendió, de golpe, la lacra de la violencia machista. Con Lucrecia Pérez, cuyo asesinato movilizó a España contra el racismo. Y sucedió ayer con Maricarmen, cuando gran parte de la sociedad entró en shock y se preguntó cómo hemos podido llegar hasta aquí. Después de su desahucio, decenas de miles de personas salieron a las calles a gritar su rabia. Era 23 de septiembre, el primer día de otoño en Madrid, pero parecía 15 de mayo, una primavera a punto de reventar.
Contenido publicado el 23 de septiembre de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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