Timothy Garton Ash, historiador: “Si los jóvenes creen que merece la pena conservar esta Europa que tenemos, deben hacer algo al respecto"
El inglés, galardonado este año con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales y un académico reclamado constantemente por gobernantes ansiosos por entender el presente y anticipar el futuro, advierte que hay que cuidar lo alcanzado desde 1945, algo que muchos jóvenes europeos dan por descontado, y que podría acabar destruido muy rápidamente.

Timothy Garton Ash en el Exeter College de Oxford (Reino Unido) este mes.
- Foto
Manuel Vázquez / Contenido exclusivo de El País
Autor:
Rafa de Miguel
Actualizada:
Compartir:
“Aquí la tienes. Esto es Europa. Estás en Oxford. Estás en Europa. No cabe la menor duda”, exclama Timothy Garton Ash (Londres, 71 años) con los brazos abiertos, en medio del claustro central del Exeter College, en una tarde cálida y soleada de otoño.
Ideas ha querido estrenar con el historiador, intelectual y periodista galardonado este año con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales “por su compromiso con la libertad y la unidad y fortaleza del proyecto europeo”, un nuevo formato de conversación en el que pedimos al entrevistado que elija un recorrido y unos lugares que sirvan para pasear y explicar su vida y su pensamiento.
Garton Ash ha elegido el colegio universitario donde comenzó su pasión por Europa. “Este es el colegio de J. R. R. Tolkien, de Martin Amis y de otras figuras célebres. Aquella ventana de la esquina fue mi primera habitación”, señala el profesor emérito de Estudios Europeos de Oxford mientras los estudiantes caminan despreocupados a nuestro alrededor. Casi la mitad de ellos, entre un 41% y un 46%, son estadounidenses, asiáticos o africanos, como resultado de un Brexit que expulsó a muchos ciudadanos europeos.
“Era a mediados de los años setenta. Existía un gran entusiasmo en torno al proyecto europeo. Ya me fascinaba la historia de Europa, pero hay que recordar que por aquel entonces el Reino Unido acababa de incorporarse a la Comunidad Económica Europea. Acabábamos de celebrar el referéndum de 1975 (una amplia mayoría de británicos votó por permanecer dentro) y Europa era para nosotros el futuro”, recuerda.
Resulta curioso pensar que los grandes europeístas británicos de aquella época eran los conservadores, le señalo, y que el Partido Laborista liderado entonces por Tony Benn estaba radicalmente en contra de la Comunidad Económica Europea. “Muchos de ellos habían sufrido la guerra”, explica el profesor, en alusión a los conservadores. “Para todos ellos, el gran argumento era aquel ‘nunca más’. En segundo lugar, decían, el Reino Unido nunca iba a poder ser de nuevo por sí solo una gran potencia, pero sí con Europa. Y, finalmente, había, por supuesto, motivos económicos. Cincuenta años después, todo se ha dado la vuelta. Ahora los conservadores son los euroescépticos, y los laboristas, junto con los liberales demócratas, son los proeuropeos”.
Garton Ash me lleva al que, para él, y para muchos más, es el rincón más bello de una ciudad universitaria que derrocha belleza por todos sus costados: Fellows’ Garden, o el Jardín de los Profesores. Es una terraza elevada al final del jardín amurallado del Exeter College que brinda la postal de Oxford más famosa. Al frente, la cúpula de la Cámara Radcliffe, el emblemático edificio circular que hoy alberga la sala de lectura de la Biblioteca Bodleiana, una de las más antiguas de Europa. A la derecha, la silueta del Brasenose College —“donde estudió David Cameron”, señala—. A la derecha, la fachada del All Souls College con sus torres góticas gemelas —“Todas las almas, de Javier Marías”, recuerda-, y más allá, la aguja de la Iglesia Universitaria de Santa María La Virgen.

“Aquí estamos, en 2026, y en este jardín sigo experimentando un placer casi sensual. Es siempre hermoso. ¿Quién puede dudar que estemos en Europa?”, dice. Cuando se lo mostraron al novelista alemán Theodor Fontane, lo definió como un lugar de “poetas y pensadores”, cuenta Garton Ash. El profesor que era su anfitrión le respondió: “No, qué va, nos sentamos aquí para tomar café y leer The Times”, explica entre risas.
No cabe mejor anécdota para mostrar el carácter británico, y para entender también por qué, para nuestro interlocutor, algo muy importante se perdió cuando el Reino Unido abandonó la Unión Europea.
“Jean Monnet escribió en sus memorias que (el proyecto europeo) necesitaba a los británicos por dos razones: porque son muy buenos a la hora de hacer que las instituciones funcionen y porque tienen amor a la libertad. Creo que tenía razón, y que ambos argumentos siguen vigentes”, defiende Garton Ash, que echa mano de un símil ciertamente ingenioso para explicar su anhelo. No cabe duda de que su capacidad para bajar al terreno los grandes dilemas de Bruselas es muy pedagógica: “Si uno observaba cómo trabajaban en Bruselas los altos funcionarios británicos, eran bastante buenos. Cuando estaban juntos en la UE Alemania, Francia y el Reino Unido, la situación era justo la contraria a la del matrimonio de Lady Di. ¿Recuerdas aquella famosa entrevista en la BBC en la que dijo eso de: ‘Éramos tres en nuestro matrimonio. Demasiada gente’? En el caso de la UE, fue precisamente ese trío lo que la ayudó a funcionar mejor. Mantenían el equilibrio interno de las instituciones. Si me preguntas por qué la relación franco-alemana no está ya en tan buen estado, quizá esto sea parte de la respuesta”, señala.
—Habrá recibido entonces con entusiasmo las palabras del primer ministro británico, Andy Burnham, en las que define el Brexit como un fracaso y no descarta un posible reingreso del Reino Unido en la UE, le pregunto mientras abandonamos, casi a regañadientes, el Jardín de los Profesores, para continuar con el paseo.
“Me entusiasmó cuando le oí anunciarlo, porque durante los últimos años la opinión pública ha ido muy por delante de los políticos. Por fin alguien se atrevía a decir: el Brexit no ha funcionado, analicemos qué opciones tenemos. Es justo lo que hay que hacer. Yo no tengo la menor duda de que la mejor opción sería volver a entrar en la UE, si hay una mayoría de británicos que así lo quieren, y si así lo quiere también la Unión Europea”, explica, sin parar de construir argumentos mientras camina hacia la salida del colegio universitario. “Aunque está claro que la política necesaria para alcanzar ese objetivo, aquí y al otro lado del canal, va a ser muy difícil”, admite, sin perder la esperanza. “Pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”, repetirá una y otra vez la máxima del intelectual italiano Antonio Gramsci a lo largo de nuestra charla para explicar su esperanza en el proyecto europeo, a pesar del momento tan delicado que atraviesa.
Su último libro, 'Europa en siete capítulos y medio. Una brevísima introducción al continente más antiguo y más joven del mundo' (Editorial Taurus), es su enésimo intento por explicar a los ciudadanos europeos, jóvenes y no tan jóvenes, que el bienestar actual no es una garantía para siempre. Y está convencido de que el mensaje puede llegar a las nuevas generaciones. “Claro que puede llegarles. Porque en mi libro evito predicar las maravillas de Europa, algo que se les da bastante bien a los políticos europeos. Simplemente, explico el camino del continente a lo largo de 2.500 años hasta llegar a hoy en día. Todo lo alcanzado desde 1945, que muchos jóvenes europeos dan por descontado, y cómo todo eso podría acabar destruido muy rápidamente. Ahí me detengo, para decirles tan solo que, si creen que merece la pena conservar esta Europa que tenemos, deben hacer algo al respecto”, defiende apasionadamente Garton Ash.
Nos dirigimos hacia su automóvil, un Volkswagen amplio y cómodo que da fe de la pasión del profesor hacia Alemania, hacia su historia y hacia la aventura que protagonizó, junto con el resto de los países de la entonces llamada Europa Oriental, desde que en noviembre de 1989 se produjo la caída del Muro que dividía Berlín. Aunque su conocimiento de aquella realidad lo adquirió mucho antes, cuando pasó un tiempo como joven estudiante en la Universidad Humboldt de Berlín Este (el primer alumno británico en hacerlo), y la Stasi, la policía secreta de la llamada República Democrática Alemana, siguió sus pasos, sospechando que se tratara de un espía capitalista.

Un breve recorrido nos llevará hasta el St. Antony’s College, sede del Centro de Estudios Europeos (ESC, en sus siglas en inglés), que Garton Ash dirigió entre 2000 y 2006. En el viejo edificio, una sala contiene, con estanterías que cubren todas sus paredes, los libros que el profesor acumuló durante décadas de estudio de la historia y del presente europeo. La biblioteca lleva su nombre.
Fue en este colegio universitario donde concluyó su posgrado, atraído por el magnetismo de un académico como Raymond Carr, director de la institución durante varios años, fundador del ESC, reputado hispanista y una referencia en el estudio de la sociedad, la historia y la política de Europa. Las transiciones a la democracia de España, Portugal o Grecia y su incorporación al proyecto europeo dotaron de entusiasmo e interés la época del joven Garton Ash.
El profesor, reclamado constantemente por gobernantes ansiosos por entender el presente y anticipar el futuro, vive pegado a la realidad, y le preocupa la situación que vive hoy la UE: “China, desde un punto de vista económico; Rusia, militarmente, y Estados Unidos, políticamente. Un desafío triple al que Europa no se había enfrentado antes nunca. Y en un momento en el que estamos internamente divididos y con problemas; y debemos también responder a los llamados desafíos globales, como el cambio climático o la inteligencia artificial”, resume así su inquietud.
La urgencia se llama Ucrania, cuyo futuro está incuestionablemente ligado al de la UE, según Garton Ash. “Creo que acertamos de pleno al dar apoyo pleno militar, político y económico a Ucrania. Nuestra propia seguridad depende de ello, y esto no es una formulación retórica. Toda esta guerra híbrida que Putin está desplegando contra Europa persigue que se rompa la unidad en torno a Ucrania”, explica.
El continente ha despertado ya a la idea de que vuelve a estar solo, y de que la construcción de su propia defensa es una urgencia inesquivable. Garton Ash entiende los intentos de políticos como el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, o del ex primer ministro británico, Keir Starmer, por retener el compromiso de Estados Unidos con la seguridad europea, pero es incuestionable que ese vínculo ya nunca será el que fue. “Hay que hacerse a la idea de que ya no es posible depender de Washington mientras Donald Trump siga siendo presidente, y probablemente después. Y a estas dudas sobre la garantía de seguridad se suma el hecho de que se han lanzado a apoyar —especialmente, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance— a los partidos nacionalistas, populistas, antiliberales y antieuropeos como Vox, Reform UK (el Reino Unido), Reagrupamiento Nacional (Francia) o Alternativa para Alemania”, advierte el profesor.
Entre los libros de la biblioteca que recorre con sus manos y su mirada están los de los grandes historiadores europeos que forjaron su pensamiento, como el francés Marc Bloch o el polaco Bronislaw Geremek. O los de su héroe particular en el fascinante viaje a la libertad de la Europa Oriental, el dramaturgo, ensayista, disidente y presidente primero de Checoslovaquia y luego de la República Checa, Vaclav Havel. “Valiente, una gran figura de la transición a la democracia y un gran europeo”, destaca Garton Ash.
No hay problema, desafío ni jeroglífico a los que hoy haga frente la UE que el profesor no haya analizado con el rigor, el pragmatismo y la descarnada honestidad con que abordan los asuntos los intelectuales británicos. Garton Ash sabe que la inmigración es el debate que está desgajando a las sociedades europeas. Disecciona sus causas y los sentimientos que provoca, pero también el que, según él, es el único modo realista de abordarlo.

“Gran parte de la atención está enfocada en la inmigración irregular. El caso más dramático, sin duda, ha sido el de Ceuta. Al ver llegar a nado a todas esas personas, la gente llegó a la conclusión de que el Estado no tenía el control de la situación. No es casualidad que el gran éxito del eslogan de los euroescépticos en el Reino Unido fuera ‘Take back control’ (Recuperemos el control)”, explica. “Cuando la gente habla de inmigración, no se refiere al número de personas que llegaron el año pasado, sino al cambio cultural, social y demográfico ocurrido en los últimos 50 o 60 años. Es un problema difícil de abordar, pero la realidad es que tenemos una población envejecida, un Estado de bienestar grande y unas economías que no están creciendo demasiado. Necesitamos la inmigración, no nos queda más remedio que lograr que sea un éxito”, defiende Garton Ash.
“¿Y debe ser la UE la que dé respuesta a todos estos retos? ¿Están nuestros actuales líderes a la altura?”, le pregunto, antes de despedirnos. “El problema es que muy pocos de ellos están defendiendo de modo sistemático la necesidad de una Europa más fuerte en el ámbito de su política doméstica. Porque las políticas que necesitamos hoy, en ámbitos como la defensa, los mercados de capital o la IA, deben ser europeas. Pero necesitamos también que el europeísmo empiece en casa. Nuestros políticos deben defender en su escenario nacional la necesidad de Europa. Pero no toda la responsabilidad recae en los líderes. También hay que exigirla a los ciudadanos”, concluye el profesor, mientras explica desde la puerta del St. Antony’s College cuál es el camino más recto para desandar lo andado y volver al centro de Oxford. Al centro de una ciudad hermosamente europea.
Contenido publicado el 9 de octubre de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
Compartir: