Punto de fuga
Receta para evitar apagones
Periodista desde 1994, especializada en ciudad, cultura y arte. Columnista de opinión desde 2007. Tiene una maestría en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar. Autora y editora de libros.
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El ingrediente más importante de esta receta es la convicción. No importa que no se tenga nada más a la mano; ni hidroeléctricas funcionando ni posibilidades reales de generar los megavatios que se necesitarán en los próximos 3 o 4 meses. Si tiene convicción está del otro lado. Sin importar la evidencia, usted diga que no hay apagones en marcha y que de ninguna manera ni bajo circunstancia alguna los habrá en el futuro. Listo.
En serio, es así de fácil. Si a las decenas de miles de vecinos de un sinnúmero de barrios de Quito, Ambato, Latacunga, Loja, Durán, Daule, Guayaquil, Portoviejo, Chone, Samborondón, Santa Elena, Huaquillas, Camilo Ponce Enríquez, Playas Villamil, Salitre o Balzar les ha faltado la energía eléctrica en estos días, no se dé por enterado. Esos no son apagones. Nadie sabe qué serán, pero apagones no son. Quizá sean fallas técnicas, cortes por mantenimiento, pero jamás apagones.
Mientras ni usted ni nadie que trabaje para usted digan que hay o habrá apagones en los próximos meses o semanas estos simplemente no existen. Funciona como magia. Es que la técnica de pensar con el deseo nunca decepciona.
Parte del éxito de la receta está en, de vez en cuando, despedir (o desvincular, como prefiera decirlo) a cualquiera que mencione la sola idea de la desconexión del sistema eléctrico para el sector productivo. Porque las desconexiones (perdón, no hay otra forma de decirlo) ya están en marcha para varias empresas, con diversos resultados —y ninguno feliz. Pero recuerde que es mejor no hablar de ciertas cosas, si hacemos caso al título de la película del cineasta ecuatoriano Javier Andrade (que se puede ver en Prime Video, si es que hay luz, eso sí).
Una variación posible para que quede más picante: amenace con enviar a la Policía y a las Fuerzas Armadas a intervenir empresas, y haga una lista con los perfectos chivos expiatorios para señalar como culpables del desabastecimiento eléctrico del país, que, por supuesto, no existe, ¿o sí? No escuche razones (no hay acuerdos con distribuidoras eléctricas que valgan); usted lo que necesita es chivos expiatorios. Déjelos a punto y sírvalos.
Para reforzar la eficacia de la receta, eche mano de la Ley No Más Apagones. Y no se preocupe si en los casi dos años de existencia que ya tiene no termina de cuajar. Usted siga repitiendo que no hay ni habrá apagones y verá cómo se le cumple. Aunque la agilidad de trámites para incentivar la autogeneración para las empresas no se haya logrado y los empresarios tengan que pasar las de Caín toreando a cuanto trámite engorroso le trate de impedir obtener el ansiado permiso de autogeneración, no toca más que mantener la fe en esa ley. Ya sabe, convicción y fe.
Y hablando de fe, rece, rece mucho, para que llueva en Mazar y en todas las otras cuencas del Complejo Integral Paute, y también en la zona que alimenta a Coca Codo Sinclair. Mi mamá pasa dedicada a esa delicada tarea espiritual porque sabe que a la gente de a pie ya no le quedan más recursos. También rece para que Diosito le ilumine —nunca mejor dicho— y encuentre algunos empleados pilas y honestos que ayuden a averiguar cómo es que todos los demás países del mundo sí saben generar megavatios. Y, mientras eso ocurra, siga repitiendo a pie juntillas: no hay apagones, es más, desconozca hasta la existencia de la palabra apagones. Verá cómo todos se tragan esa rueda de molino.