Estudiantes ecuatorianos de 21 años colaboran para renovar un sistema de un colisionador de partículas del CERN en Suiza
Ariel Dax Navarrete y Emilio Camino todavía no terminan sus carreras en Ciencias de la Computación y en Software en la Escuela Politécnica Nacional, pero ya trabajan con especialistas en la Organización Europea para la Investigación Nuclear, que quiere renovar su infraestructura en 2030.

Ariel Dax Navarrete (der.) y Emilio Camino (c), estudiantes de la Escuela Politécnica Nacional, en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), el 23 de octubre de 2026.
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Cortesía Ariel Dax Navarrete
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Ariel Dax Navarrete recuerda cómo, a los 6 años, empezó a aprender sobre Linux, un sistema operativo usado por gran parte de los servidores del mundo, incluidos aquellos para investigación científica. Aunque inicialmente tuvo intenciones de estudiar física, su formación universitaria empezó a encaminarse en la Ciencias de la Computación en la Escuela Politécnica Nacional (EPN). Y desde hace un año y medio, es parte de un grupo de colaboradores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), espacio donde ese aprendizaje de niño le fue de utilidad.
Dax participa en este proyecto, que está enfocado en el sistema BRIL (Beam Radiation, Instrumentation and Luminosity) del experimento CMS (Compact Muon Solenoid) del CERN, junto a otro estudiante de la EPN, Emilio Camino, quien es de la carrera de Software. Ambos tienen 21 años y están en sexto semestre.
Diana Martínez, profesora e investigadora de la Facultad de Ingeniería de Sistemas de la EPN y profesora líder del proyecto de colaboración de la institución con el experimento CMS del CERN, destaca que tanto Dax como Emilio vienen trabajando desde cuarto semestre para armar una solución destinada a facilitar la renovación del CMS-BRIL, en vista de que del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) tiene previsto ser actualizado hacia 2030.

Estos colisionadores permitieron, por ejemplo, descubrir el bosón de Higgs (una partícula elemental fundamental de la física) y facilitan la comprensión del comportamiento de las partículas, en busca de conocimientos que permita crear nuevas tecnologías, según explica el CERN.
Los dos estudiantes y la profesora conversaron con PRIMICIAS para detallar lo que han logrado hasta ahora, cómo fue su llegada a esta colaboración con el equipo de estudios físicos europeo y qué aspiraciones tienen a futuro.
¿En qué trabajan estos estudiantes?
Según explica Dax, los jóvenes de pregrado han desarrollado un sistema que permitirá el flujo de datos de una infraestructura conectada a internet (online) a otra no conectada a la red (offline). Los datos a ser transmitidos son los extraídos por los sensores del colisionador, lo que, una vez que hayan pasado por este sistema de flujo, permitiría a los científicos usar la información con más facilidad.
Todo esto lo hicieron de acuerdo con los requerimientos que el CERN les dio al inicio de la colaboración, en mayo de 2025. "Lo que hacemos es adecuar la arquitectura tecnológica para estos requerimientos e ir iterando y diseñando alternativas para ver cuál es la mejor para este sistema", dice Dax.
Emilio destaca que es un reto crear una arquitectura que soporte la enorme cantidad de datos que es transmitida desde los colisionadores en nanosegundos, y hacerlo con fiabilidad. Documentos elaborados por investigadores del CERN señalan que el LHC recoge hasta 50 terabytes por segundo (TB/s). Como referencia, un terabyte equivale a 1.000 gigabytes (GB).
Dax explica que, precisamente por la presión a la que es sometida la infraestructura, ellos, junto a los expertos del CERN, analizan la robustez de la solución que plantean y la tolerancia al fallo, o qué sucede si un archivo no llegar a ser procesado de manera adecuada.
Publicaciones del CERN señalan que este 2026 empezó la desconexión del Gran Colisionador de Hadrones para ser actualizado en uno de alta luminosidad que recibirá el nombre de HiLumni LHC, con el que esperan aumentar la probabilidad de colisiones entre partículas y así realizar más estudios.
Un proyecto inicialmente 'intimidante'
Diana resalta que los dos estudiantes ahora trabajan con un equipo internacional conformado por expertos de edades mayores a los de ellos, muchos de ellos físicos con PhD o estudiantes de doctorado, frente a quienes presentaron su solución en un viaje que realizaron a Suiza, a las instalaciones del CERN, entre el 10 y el 24 de octubre.
Una vez presentada su propuesta, los expertos les pedían que realicen ajustes específicos que, según dice Dax, en pruebas de rendimiento (benchmarks) mostraron resultados cuatro veces mejores que los iniciales.
Pero para llegar a ese punto, pasaron primero por reuniones virtuales. "La primera reunión fue un poquito intimidante, porque la gente que trabaja en el CERN tiene perfiles muy diferentes" y avanzados. Además, estaba el reto de comunicarse completamente en inglés, recuerda Emilio. Es por esto que, inicialmente, eran acompañados por su profesora, aunque ahora ya no lo necesitan, según reconoce Diana.

Una vez ya superada esa sensación "intimidante", los estudiantes dicen que haber trabajado con estos expertos del CERN les permitió "cambiar el chip" al momento de comprender cómo puede funcionar la ciencia de una forma más colaborativa entre distintas instituciones.
Dax dice que mostró una afinidad particular con esta visión, especialmente partiendo desde su gusto por la tecnología de código abierto (open source), que caracteriza por permitir que grandes comunidades puedan revisar código de programación libremente.
Es más, debido a la experiencia de Dax con Linux, que es un sistema operativo de código abierto, este estudiante cuenta que su integración a los proyectos del CERN fue más fácil, pues los servidores usados por esa entidad usan programas open source dentro de Linux.
Motivaciones y aspiraciones
"Yo inicialmente quise estudiar física, me gusta mucho, entonces para mi la colaboración con el CERN, conocerlo, es uno de mis sueños cumplidos", dice Dax. "Dar mi aporte a la ciencia de la computación por medio de esto es increíble para mí", añade con emoción.
Sin embargo, esa aspiración también ocurre en un contexto en el que le gustaría haya un mayor interés por la ciencia. "Creo que la inversión y la investigación es lo que hace que crezcamos", dice este joven, quien lamenta que Ecuador no sea un miembro asociado del CERN, lo que limita el tiempo de trabajo con esa institución a menos de 3 años, en comparación con el máximo de 8 años para quienes provienen de países miembros.
Emilio, de su parte, sueña con ubicar a Ecuador de mejor manera en la ciencia internacional. "Los ecuatorianos somos brillantes, inteligentes, muy capaces", dice para después añadir que esa motivación se refuerza con el hecho de que es mitad cubano.

"A manera personal, me causa más ilusión porque como soy mitad cubano, con todos los problemas que hay allá y lo complicado que es, me haría feliz que al menos mi familia allá esté contenta y orgullosa de que haya un medio cubano en el CERN", cuenta Emilio
Los dos estudiantes aprovechan para hacer un llamado a otros jóvenes a que no se limiten por su edad, y que tienen una gran oportunidad para participar en la ciencia. "Lo que más importa es las ganas de aprender", resume Dax.
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