Moko, Fusarium y El Niño amenazan al sector bananero | Hasta 3.500 hectáreas estarían afectadas por bacteria
La inminente llegada de El Niño genera alarmas debido a que las inundaciones facilitan la dispersión de dos patógenos que afectan al banano de Ecuador: el moko y el peligroso Fusarium.

Una imagen aérea de una finca arrasada por el moko, causada por la bacteria Ralstonia solanacearum raza 2, en Valencia (Los Ríos), frente a la afectación menor en una finca vecina que también registra zonas en cuarentena.
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Cortesía Agrotecban
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El sector bananero ecuatoriano, columna vertebral de la economía agrícola de Ecuador y generador de dos de cada tres contenedores refrigerados que salen hacia puertos internacionales, enfrenta una triple amenaza, entre ellas una agresiva expansión del moko.
La enfermedad destructiva de plantas de banano y plátano -causada por la bacteria Ralstonia solanacearum raza 2- afecta a cientos de hectáreas de cultivos en la provincia de Los Ríos y se suma a dos brotes activos del letal hongo Fusarium Raza 4 Tropical (R4T) en El Oro.
La posible llegada de lluvias anómalas por el fenómeno de El Niño amenazan con desatar un escenario de dispersión: las inundaciones trasladan a los dos patógenos a través del agua y lodo contaminado.
Los retos para el sector bananero se abordaron en el Simposio Bananero 2026, organizado por Agrotecban en Guayaquil, el viernes 21 de agosto de 2026. Ecuador cuenta con cerca de 200.000 hectáreas de banano y casi el 90% de ellas se ubican en las provincias de Los Ríos, Guayas y El Oro.
La Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE) estima que en Ecuador unas 3.500 hectáreas de cultivos están afectadas por moko, enfermedad que bloquea los vasos internos de la planta, interrumpiendo el transporte de agua y nutrientes hasta provocar una marchitez letal. Los Ríos -el mayor productor de banano de Ecuador- se encuentra en la zona cero de la plaga.
La Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad) informó en julio pasado que ha intervenido 1.234 hectáreas con medidas de contención y la vigilancia con drones alcanzó 2.363 hectáreas para detección temprana. Se capacitaron a casi 2.300 productores de banano y plátano.
El Moko, un enemigo costoso
Julio Bravo, gerente de Agrotecban, firma que acompaña a bananeros en la gestión integral de cultivos frente a retos sanitarios, indicó que se deben tomar con pinzas las estimaciones ante la falta de un censo, pero coincide que el problema podría ser incluso mayor debido a subregistro y falta de reportes.
Bravo advierte que la bacteria es altamente móvil. El principal foco de dispersión del moko ocurre de forma mecánica -aunque las lluvias también pueden dispersarlo-. "Cuando se tiene una planta con síntoma tardío que no es erradicada tempranamo, el personal que realiza actividades como el deshoje o la selección de fruta puede, al tocarla con una herramienta, contagiar siete plantas sanas más", dijo.
La única vía para convivir con la plaga es un manejo disciplinado y preventivo. No existe actualmente ningún producto químico que cure la enfermedad, pero la bacteria es controlable y el suelo recuperable, con protocolos de manejo, dijo.

El protocolo técnico implica aislamiento perimetral de un área de resguardo (cuadrícula de unos 100 metros cuadrados por planta infectada), la inyección con glifosato para erradicar las musáceas desde la raíz y mantener el suelo completamente limpio de malezas, rebrotes y residuos vegetales por seis meses de cuarentena. El terreno debe ser inoculado con microorganismos antes de una nueva siembra.
"Es un problema de crecimiento exponencial. Muchos productores sienten que no pueden manejar la enfermedad y se les van los costos de mano de obra", explicó Bravo, al detallar que esta situación ya está impulsando una transición forzosa en Los Ríos “donde fincas enteras están erradicando el banano para migrar a cultivos como palma africana”.
Al lucro cesante de seis meses de cuarentena estricta para el suelo infectado se suman nueve meses adicionales de resiembra necesarios para que las nuevas plantas alcancen la etapa productiva.

Convertir la bacteria en “enfermedad administrativa”
Ecuador se encuentra en una fase de aprendizaje. Mónica Betancourt, investigadora y fitopatóloga colombiana que participó como expositora invitada en el Simposio, recordó que Colombia convive con el moko desde hace más de 60 años -frente a las alertas registradas en Ecuador en 2013-.
"En Colombia, los bananeros disciplinados consideran al moko ahora casi como una 'enfermedad administrativa'. El productor que aplica estrictamente la bioseguridad disminuye sus casos y es capaz de erradicarlo", explicó Betancourt.
Sin embargo, la experta reconoció que hace 30 años la crisis fue devastadora para los productores que no lograron adaptarse. También existen ahora más herramientas para aplicar protocolos fitosanitarios tanto frente al moko como al Fusarium, agregó.
La gran diferencia y desafío para Ecuador radica en la estructura de su producción. Mientras en Colombia predominan en las zonas afectadas grandes corporaciones capaces de absorber costos de inversión y bioseguridad, en el agro ecuatoriano predomina una amplia base de pequeños y medianos bananeros que requieren de acompañamiento y apoyo gubernamental, dijo.
A diferencia de la bacteria del moko -cuyas tierras pueden ser recuperadas tras cuarentena-, el hongo Fusarium una vez que infecta el suelo, permanece latente por años, inhabilitando tierras para el cultivo.
Experiencias en bananeras en Magdalena (Colombia) muestran que se puede contener el hongo con protocolos disciplinados de bioseguridad, con “fincas que llevan hasta tres años sin registrar casos nuevos”, dijo Betancourt.

El Niño: Un multiplicador de riesgo hídrico para el banano
En cuanto a El Niño, Paul Vera, director del Observatorio Estadístico de Banano (OEB), anotó que Ecuador ya registra un 15% más de lluvias promedio respecto a su histórico de los últimos 40 años, pese a que los impactos directos del evento climático se esperan desde noviembre próximo. “En El Niño 97-98 tuvimos 147 por ciento más de lluvias”, dijo.
El mapa de riesgo hídrico del OEB identificó que el 64% del área catastral analizada en la costa tiene susceptibilidad hídrica media o alta ante inundaciones. El foco de mayor peligro se sitúa en la provincia de El Oro. El cantón más vulnerable a inundaciones es El Guabo, que posee 17.662 hectáreas cultivadas clasificadas con alta susceptibilidad de inundación.
Esta situación es crítica, pues El Guabo colinda con el cantón Santa Rosa, zona cero de dos fincas que registran casos de Fusarium Raza 4 Tropical (R4T).
El Oro está dominado por una masa de pequeños productores de banano orgánico, indicó el economista. Estos agricultores tienen limitaciones para costear controles sanitarios o adecuar infraestructura frente al estrés hídrico y de humedad que favorece a hongos y bacterias, dijo.
Vera instó a los productores a repotenciar sus sistemas de drenaje y dijo que las inversiones realizadas ante El Niño 2023-2024, que finalmente tuvo impactos limitados, pueden ser claves para mitigar pérdidas ante un potencial evento de fuerte intensidad.
Un fenómeno entre moderado y fuerte tiene el potencial de ocasionar pérdidas por USD 599.6 millones en exportaciones bananeras -1,36 millones de toneladas de fruta- según estimaciones de Riesgos y Agricultura para el evento 2023-2024.
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