Trump endurece las visas para trabajos especializados en Estados Unidos: ¿qué significa para los migrantes y las empresas?
Trump endurece las restricciones migratorias, pero las empresas de EE. UU. necesitan talento extranjero. ¿Puede el país proteger el empleo local sin frenar su economía?

Un migrante hondureño protesta por los controles de visado y migración del gobierno de Donald Trump, el 19 de octubre de 2018
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AFP
Autor:
Martín Yerovi
Actualizada:
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La decisión de Estados Unidos de suspender los permisos de trabajo para extranjeros en empresas como Microsoft y Adobe ha revivido un debate: el choque entre las estrictas leyes migratorias y la urgencia de las empresas por contratar trabajadores especializados.
El 8 de octubre de 2026, el Gobierno de Donald Trump anunció la suspensión de Microsoft, Adobe y otras grandes compañías tecnológicas de un programa de certificación laboral conocido como PERM, un paso necesario para que muchos trabajadores extranjeros puedan obtener la residencia permanente en Estados Unidos a través de sus empleadores.
La medida, anunciada por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Trabajo, Keith Sonderling, se justificó con acusaciones de presuntos abusos del sistema y con el argumento de proteger el empleo estadounidense.
Este episodio pone de relieve un desafío estructural que se intensificará en las próximas décadas: los países desarrollados enfrentan una reducción progresiva de su población en edad de trabajar, al tiempo que aumenta el envejecimiento demográfico.
Las proyecciones del Banco Mundial y de la División de Población de las Naciones Unidas advierten sobre esta tendencia, que amenaza con reducir la disponibilidad de trabajadores y aumentar la presión sobre los mercados laborales.
Según las estimaciones citadas, la población en edad productiva (entre 15 y 64 años) de países en desarrollo alcanzaría un máximo de 792 millones de personas en la década de 2020, para luego descender hasta los 710 millones en 2050
El discurso restrictivo frente a visados de emergencia
Frente a este escenario, los gobiernos enfrentan el dilema entre la presión de fortalecer las políticas migratorias y regular el mercado interno choca directamente con la urgencia económica de mantener las industrias activas.
Análisis de The Economist han expuesto cómo las administraciones recurren de forma constante a mecanismos excepcionales lograr un punto medio.
Aunque en los discursos públicos se prometa mano dura y control fronterizo, en la práctica el Estado se ve obligado a entregar miles de visas temporales para que campos agrícolas, restaurantes u hoteles no se paralicen. Más allá de los debates electorales, la política migratoria termina cediendo ante las necesidades del mercado.
Perspectiva al 2030: El desplazamiento del capital hacia el Sur Global
El panorama económico mundial muestra una división: los países ricos tienen el dinero, la tecnología y la infraestructura, pero su población envejece y se reduce a un ritmo acelerado.
En el otro extremo, el Sur Global —especialmente el África subsahariana, cuya población crecerá un 79% en los próximos 30 años— lidera el crecimiento de la población joven, pero no genera los empleos formales necesarios para aprovecharla.
Si las fronteras cerradas impiden que estos trabajadores viajen a donde están las fábricas y oficinas del Norte global, las empresas podrían optar por otra alternativa: mudar sus operaciones (offshoring).
La lógica económica es simple: si las leyes impiden que los jóvenes migren hacia donde está el dinero, el dinero terminará viajando hacia el Sur global en busca de esos trabajadores.
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