Tablilla de cera
Como burro en los trapiches de antaño, de vuelta a los apagones
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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Este octubre, que para los guayaquileños es aún verano, se ha convertido en uno de los más lluviosos de la historia.
Lo curioso es que, durante otros Fenómenos de El Niño, octubre aún ha sido relativamente seco. Por ejemplo, en octubre de 1997, en vísperas del Fenómeno de El Niño más fuerte que hemos experimentado, llovió en Guayaquil 99,6 milímetros. Esa fue la precipitación acumulada a lo largo de todo el mes.
En octubre de 1982, en vísperas de otro evento catastrófico, la precipitación total fue de 6,3 mm.
Pero tan solo este lunes, cuando también quedaron inundadas Tenguel y Balao, cayó en Guayaquil un promedio acumulado de 216,2 mm, anegando 70 sectores por muchas horas.
Una nota de ayer de PRIMICIAS calificaba a las lluvias de septiembre y octubre en Guayaquil como históricas, demostración de que se están cumpliendo las repetidas advertencias de un Fenómeno de El Niño muy fuerte… y que esto recién comienza.
Como me dijo un amigo guayaquileño: “Comenzó el camino al Gólgota”.
Él también me citó lo de aquel invierno en Macondo: "Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convaleciente para celebrar la escampada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pausas como anuncios de recrudecimiento” ('Cien años de soledad').
Y no es exageración del realismo mágico.
Lo increíble de nuestra geografía es que a 140 o 145 km de Guayaquil en línea recta, donde el Ecuador necesita desesperadamente de agua para el complejo hidroeléctrico Paute, no caen sino tenues lloviznas. La cota del embalse de Mazar estaba este mismo lunes de la Venecia guayaquileña en 2.122,40 msnm, a 7,40 m del mínimo donde se apaga (2.115 msnm), el peor registro de este año, y a 1,40 m de la zona de cortes generalizados (2.121 msnm), nivel al que empezaron los apagones residenciales en 2024.
Al ritmo que ha venido cayendo el nivel del embalse por la demanda de electricidad y la poca entrada de agua, el complejo saldrá de operación a fin de mes o inicios de noviembre, y mucho antes si se la usa para sostener Amaluza. Claro, todo puede cambiar con grandes aguaceros, pero las predicciones de lluvias en el Austro de las próximas dos semanas no son tan favorables.
El lunes entraron en el embalse 20,9 m³/s de agua, el martes 25,6 m³/s y ayer 37,8 m³/s, cuando se necesitan 141 m³/s para operar a tope.
Este es el momento preciso en que el presidente Daniel Noboa, quien hizo adelantar las elecciones seccionales, ha venido repitiendo que no va a haber apagones para los hogares y ha echado todo el peso de la crisis eléctrica sobre las industrias que emplean alto y medio voltaje, va a tener que enfrentar la realidad.
Y no es que los odiadores deseen que tenga que decretar apagones. Ni siquiera es cuestión de odio o amor: es la tozuda realidad de la Naturaleza sumada a la imprevisión, ahora sí culpable, de Noboa para afrontar la nueva crisis eléctrica.
La historia se repite. En 2024 su recién estrenado gobierno pasó de negar que habría nuevos apagones a reconocer, tras múltiples quejas, una crisis eléctrica que terminó imponiendo cortes prolongados en todo el país. El antecedente de 2024 es relevante porque el Gobierno atribuyó inicialmente numerosas suspensiones del servicio a "mantenimientos emergentes" y "desconexiones temporales", mientras los cortes afectaban barrios enteros de Quito, Guayaquil y otras ciudades, igual que ahora.
La secuencia documentada por PRIMICIAS "2024: El año en que se fue y regresó la luz" (31 de diciembre de 2024) permite comprobar que estamos dando vueltas sobre lo mismo y lo mismo, como el burro en los trapiches de antaño. Antaño, cuando no había fuerza eléctrica.
¿Qué aprendimos de todo eso? Aparte del estoicismo de los ecuatorianos, nada. Hoy nos vemos en situación parecida: la sequía vuelve a reducir la generación hidroeléctrica, Colombia de nuevo ha restringido sus exportaciones de electricidad y Ecuador no ha corregido el déficit de generación y los problemas de infraestructura.
Con unos pies de plomo que dan grima, solo en 2025 el Gobierno firmó el contrato de Villonaco III de generación eólica con inversión privada que estará listo con sus 110 MW dentro de un año. Pero eso es una solución parcial.
El Gobierno de Noboa tiene una profunda deuda con los ecuatorianos en el tema eléctrico, empezando por los atracos de Progen y ATM —donde o bien se dejó engañar como niño o bien no vigiló quién se llevó ni cuánto—. La deuda se incrementa con el proceso penal por peculado, que solo apunta a los mandos medios. Y con su imprevisión, tan similar a la indolencia, para solucionar los recurrentes problemas de generación.