Ideologías concretas y sociedad líquida
Politólogo. Autor de varios libros sobre democracia, partidos y política latinoamericana.
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Se sostiene que uno de los efectos del avance de la sociedad líquida, de la que habla Bauman, es la pérdida de referentes estables para la convivencia social. Los valores que durante largo tiempo tuvieron cimientos sólidos estarían cediendo paso a creencias pasajeras que nacen y mueren a diario en las redes sociales. El caso más claro sería el de las ideologías que predominaron durante gran parte del siglo XX y que ofrecieron algunas certezas respecto al futuro. Las concepciones de izquierda, centro y derecha, que organizaron a la política y dieron certezas sobre el rumbo que tomaba cada sociedad, ahora sonarían como un anacronismo. Se afirma que en su reemplazo se ha instalado una guerra cultural. Sin embargo, cabe preguntarse si se trata de un fenómeno real o es un sesgo de interpretación.
Una mirada al panorama actual de América Latina puede llevar a afirmar que efectivamente se trata de un sesgo, ya que las ideologías están muy presentes. Desde el fin de la pandemia se viene hablando del giro a la derecha que sustituyó al anterior, el de la “marea rosa”, es decir, de un desplazamiento dentro del campo ideológico. Aunque hay ciertas alusiones a la guerra cultural, especialmente por parte de presidentes como el argentino Milei y el candidato triunfador de la primera vuelta en Brasil, esas están supeditadas al enfrentamiento de las posiciones tradicionales y más generales.
Algo similar se observa en varios países europeos, donde la contienda política no solamente se guía por las pautas ideológicas, sino que incluso parece haber recuperado los aspectos más sólidos de cada una de las posiciones. Ejemplos puntuales, pero no aislados, se encuentran en la reciente elección alemana y en la confrontación preelectoral española, que reproducen episodios sobradamente conocidos en esos países. Lo nuevo, con respecto al período transcurrido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, es el aparecimiento de fuerzas situadas en ambos extremos del espectro, especialmente en la derecha.
Ciertamente, junto a esas definiciones ideológicas —o, con mayor precisión, al amparo de estas— se levantan banderas y reivindicaciones de otros tipos. Es lo que se observa en estos días con la acción de los acampados en la Puerta del Sol de Madrid. Su movilización apunta a reivindicaciones económicas básicas, como la vivienda, el empleo y su respectivo salario, pero en sus pancartas constan también temas que pueden caber en el nebuloso campo de la lucha cultural y que aportan voluminoso material para las redes sociales.
En este caso, en particular, las reivindicaciones relacionadas con valores inmateriales no sustituyen a las ideológicas, pero no por ello se debe considerar que siempre es así. Hay muchas ocasiones en que ocurre lo contrario y se imponen los afectos. Pero, aún en esos casos, resulta arriesgado afirmar que las ideologías han muerto. Una muestra la tenemos aquí y ahora, con unas elecciones que están a la vuelta de la esquina y que tienen tanto de lo uno como de lo otro.