La brecha ideológica y la polarización afectiva
Politólogo. Autor de varios libros sobre democracia, partidos y política latinoamericana.
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Aparentemente, la reciente elección brasileña vendría a confirmar que el fenómeno de la polarización es mundial, que el centro se va vaciando y que se reducen a la mínima expresión las posibilidades de acuerdos incluso en los aspectos más elementales. Sin duda, algo hay de eso, especialmente si se considera la fuerte carga religiosa que estuvo presente en la confrontación. Pero, cabe diseccionar con mayor cuidado las cifras y, sobre todo, no confundirlas con las palabras, especialmente con los calificativos que sustituyen a los sustantivos y que forman el grueso de las incongruencias que circulan en las redes.
Una mirada de conjunto a los recientes procesos electorales latinoamericanos lleva a confirmar que se está produciendo un viraje a la derecha. La “marea rosa” de las dos primeras décadas del siglo se agotó a partir de la muerte de Hugo Chávez y del fin del auge de las materias primas. Recordemos los estallidos sociales de Chile, Ecuador, Colombia y las sorpresas electorales en varios países. La pandemia puso su ingrediente al sacar a la luz no solo la baja capacidad de respuesta estatal, sino la indefensión de los grupos más pobres de la población que, con su carencia de servicios básicos y sus precarias condiciones de vida, ponían en cuestión el cumplimiento de las ofertas de los presidentes que dijeron gobernar para ellos.
Se podría decir que la derecha encontró la mesa puesta. Pero, aquí es en donde se debe mirar las cosas con mayor detenimiento. El primer elemento que se debe considerar es que no todos los gobiernos de izquierda siguieron una misma pauta. Las experiencias del Frente Amplio en Uruguay, la Concertación, e incluso Boric en Chile y los tres mandatos de Lula en Brasil tuvieron muy poco que ver con los personalismos demagógicos que predominaron en Bolivia, Ecuador, Colombia y mucho menos con la dictadura venezolana. Por tanto, las condiciones que encuentran las derechas no son similares en todos los países.
El segundo paso necesario para el análisis consiste en aplicar a las derechas el mismo criterio que fue útil para el análisis de las izquierdas, esto es, identificar las diferencias que existen entre ellas. Aunque puede ser temprano para eso, debido al aún corto camino recorrido por varios de esos gobiernos, sí es posible señalar que sería prácticamente imposible ver a Kast aplicando las políticas económicas de Milei o manejando la relación con la oposición como lo hace este. Asimismo, parece poco probable que Paz pueda seguir las prácticas de Bukele o que Fujimori intente parecerse a Bolsonaro. Parece más preciso hablar de las derechas, en plural.
El tercer aspecto que se debe considerar es la dimensión de la grieta entre la izquierda y la derecha. Si se asegura que hay polarización y que el centro está vacío, la amplitud y la profundidad de esa grieta deberían alcanzar magnitudes considerables. Efectivamente, eso ha sido así en la elección brasileña con dos candidatos finalistas claramente contarios en términos ideológicos y que obtienen el 92% de los votos.
Sin embargo, en la elección chilena hubo polarización ideológica, pero entre los dos candidatos finalistas apenas superaron el 50%. Por tanto, la brecha fue profunda, pero no amplia. En la elección boliviana sería forzado hablar de polarización ideológica, cuando solo uno de los candidatos presentaba un perfil claro y la suma de ambos no llegó al 60%. No hubo brecha. En Ecuador los dos finalistas sumaron casi el 90%, pero es claro que más que un voto ideológico (el ganador evadía y continúa evadiendo cualquier definición) fue un voto en contra de la otra opción. Hubo una brecha muy clara, pero ¿se puede afirmar que fue ideológica?
Finalmente, es conveniente prestar atención a un tema que circula entre los estudiosos de la política. Es la existencia de un tipo diferente de polarización. La propuesta consiste en tomar en cuenta que, además de la polarización ideológica, expresada en los términos de izquierda y derecha o, en lo económico, como más Estado o más mercado, existe una de carácter afectivo. Es decir, que en la disputa se impondrían unos factores diferentes a los que la configuraron durante largo tiempo. Un nutriente fuerte de esta polarización afectiva sería el sesgo de confirmación alimentado por las redes sociales, lo que nos llevaría a tratar el tema bajo otras perspectivas.