Diana Salazar: “Se han posicionado cosas como verdades y yo también tengo que contar mi lado de los hechos”
La exfiscal general Diana Salazar presenta su libro 'Diana: Más allá de la fiscal', donde repasa su trayectoria judicial, los principales casos de corrupción y su visión sobre la justicia ecuatoriana. Además, cuenta detalles inéditos de lo que pasó mientras investigaba la corrupción.
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En entrevista con PRIMICIAS, Diana Salazar, exfiscal general del Estado y actual embajadora de Ecuador en Argentina, presenta su libro 'Diana: Más allá de la fiscal'. La obra ofrece un recorrido por su trayectoria personal y profesional en la justicia ecuatoriana.
Desde su infancia en Ibarra hasta su traslado a Quito, Salazar resalta el valor de la educación promovido por su familia materna. Su ingreso a la Fiscalía General del Estado en 2001 inició un camino dedicado por entero al derecho penal.
Durante su gestión, lideró casos judiciales de gran relevancia como FIFA Gate, Odebrecht, Sobornos, Sinohydro, Metástasis, Purga y Plaga. En el libro responde a diversas críticas sobre sus causas, detallando la complejidad institucional.
La obra aborda, además, su paso por la UAFE y sus vivencias en la función pública. Salazar reflexiona sobre la lucha contra la corrupción y el crimen organizado en Ecuador y hace un llamado a la unidad nacional frente a las tensiones políticas.
La entrevista
Su infancia y su familia
¿Qué le motivó a escribir estas memorias?
Básicamente, lo que me motiva es dejar la verdad, dejar mi posición de posverdad, de cómo sucedieron los hechos y que las personas tengan la posibilidad de conocer a Diana más allá del cargo, quién es aquella persona que ejerció durante seis años la Fiscalía General del Estado.
A lo largo del libro se menciona mucho a su abuela, ¿qué significa ella en su vida?
Sí, puedo decir que mi vida ha estado caracterizada por la fuerza y la presencia de la línea materna. Ella es la madre de mi madre y fue quien, a mi forma de ver, cambió nuestra historia, cambió nuestro futuro, porque, pese a las limitaciones propias de la época y de su condición, tuvo la visión y el acierto de construir alrededor de la educación un futuro distinto para nuestra familia.
Tuvo esta posibilidad de que mi madre y mis tíos se puedan formar y que, a su vez, ellos vayan dejando ese legado que ahora yo quiero que para mis hijas sea también.
Otro de los puntos que se tratan en el libro es cómo eventos que han ido sucediendo en su vida han sido como una especie de motivos para seguir adelante, para cambiar, para dar un giro. El primero, tal vez la mudanza a Quito dejando Ibarra. ¿Qué recuerda de esa época?
Los aleteos, como los denomino en el libro. Yo creo que ese es un cambio que me ayudó a crecer. Yo no quiero hablar de fracasos o de éxitos, sino más bien de aprendizajes. Entonces, uno de los primeros aprendizajes fue tener que valerme por mí misma sin tener el acompañamiento o la ayuda que teníamos nosotros en Ibarra cuando éramos niños.
Pero también creo que ahí se fue formando y forjando esa figura de la mujer que tiene que salir adelante, en este caso, mi madre con mis hermanos, y que el único legado y la herencia que ella siempre nos decía era: Se tienen que formar, se tienen que educar para que puedan cambiar el destino.
Otra figura de la que se habla mucho y que nos ayuda a entrar en esta parte ya del derecho en su vida es la de su tío, que es quien la impulsa siempre a superarse, quien finalmente la conecta también con el mundo del derecho. ¿Qué nos puede decir de esa figura en su vida?
Y aunque él no sea propiamente un abogado, sino que fue esa figura o es esa figura paterna que no tuvimos dada la separación de mis padres, sin embargo, él siempre estuvo acompañándonos en el proceso de formación, sobre todo, y en la toma de decisiones hasta cierto punto, pero que en un momento fueron respetados y siempre con el apoyo de mi madre, que ella me decía: escúchalo, pero vas a hacer lo que quieras.
Y fue quien finalmente, como usted bien lo ha leído ya en el libro, me conectó con el Consejo de la Judicatura en su momento para iniciar mis pasantías y luego con la Fiscalía propiamente.
El ingreso al derecho penal y la carrera judicial
El momento en que Diana Salazar llega al derecho era un momento totalmente distinto al de ahora. ¿Había mujeres ya estudiando derecho? ¿Muchas? Usted era de las pioneras. ¿Cómo recuerda esa época?
Sí, de hecho, la fiscal general de la época en el año 2000 era la doctora Mariana Yépez, a quien yo también hago referencia, que fue ella quien apostó a la juventud en ese momento, porque nosotros, me refiero a esta generación, éramos estudiantes de derecho, entre ellas muchas mujeres.
Entonces ya existía la figura de la mujer; también existía una fiscal general subrogante, la presidenta de la Corte Nacional de Justicia. Entonces son estos referentes los que ayudaron a que las mujeres en el derecho nos atrevamos a algo más.
Y dentro del derecho, doctora, la rama que dicen los abogados, la más complicada, lo penal. ¿Por qué irse por esa rama?
En realidad, tengo que decir que fueron las circunstancias. Como yo relato también, apliqué para el SRI (Servicio de Rentas Internas), pero por el tema educativo no me coincidían los horarios. Sin embargo, como mi intención era hacer algo más de la universidad, del estudio, yo seguía buscando cómo vincularme laboralmente.
Entonces fui a la Fiscalía en un cambio de época, del sistema inquisitivo al acusatorio. En el año 2001 ingresé a la Fiscalía y ahí le voy tomando, y tengo que reconocer, le tomo amor al derecho penal porque ahí crecí.
Entonces, yo soy producto de este cambio de régimen de sistemas y, al haber empezado, me ha resultado fácil, por ejemplo, el tema de litigación, porque en este cambio a muchos abogados que ya tenían mucha experiencia o trayectoria no les fue muy fácil. Entonces, como yo ya estuve familiarizada desde un principio, desde que arrancamos aquel 16 de julio sentada ingresando las denuncias, me fue fácil.
Cuando usted cruzó esa puerta por primera vez en la Fiscalía General, ¿se imaginó que iba a llegar a dirigir esa entidad, a estar sentada donde estaba la doctora Mariana Yépez?
Nunca, nunca realmente. Y también hay otra anécdota sobre... bueno, ahora puedo contar porque ya está en el libro y la gente va a buscar. Hay una anécdota en que alguien me decía: "Ella va a ser fiscal". ¿Quién es? 20 años antes. Entonces es como parte de esos milagros que yo les llamo de mi vida, que han ido trazando mi trayectoria.
Ya en la Fiscalía, usted empezó con casos de crímenes menores en el sur de Quito. ¿Qué recuerda de esa época y cómo le sirvió para llegar a donde llegó?
Bueno, en realidad era una escuela, yo la veo como una escuela y hago el símil de que quien está empezando a conducir un auto primero va por las calles pequeñas antes de lanzarse a la gran avenida. Creo que ese fue mi paso por la Fiscalía del Sur.
Yo le decía, fui coordinadora, entonces pasaba la Necochea y llegaba a la Mariscal Sucre y entonces ya estaba en mi territorio porque era la jurisdicción. Lo veo como un tema de aprendizaje que fue muy valioso porque se conocían muchos casos, si bien no de connotación ni importantes, pero que nos daba el bagaje para después asumir el reto y, sobre todo, ir conociendo desde dentro la institución.
Quien llega a un lugar para dirigir tiene que conocer, tiene que saber cuáles son las necesidades, qué es lo que requiere tanto el personal como los compañeros, y eso es lo que sucedió conmigo.
Los primeros grandes casos
Ya en la Fiscalía, su primer gran caso o más mediático fue el del FIFA Gate. ¿Cómo llegó a ese proceso?
Diana Salazar llega a ese caso porque me asignaron a la unidad contra el lavado de activos, a la que yo me resistía también porque siempre se veía al delito de lavado de activos como algo muy complejo y, de hecho, es un delito complejo porque no habíamos tenido la oportunidad de acercarnos con la investigación y que ahora, día a día, digo: en realidad es muy apasionante esto.
Ese fue uno de los grandes desafíos de mi formación, de mi carrera, y creo que lo superamos, e insisto en que esta era como una escuela, era lo que nos estaba preparando para el reto más grande que luego fue asumir la Fiscalía General.
En ese caso, además, contra un personaje que fue un símbolo de una de las pasiones del Ecuador, el fútbol...
Exactamente. Y en la época en que por primera ocasión la selección había clasificado al mundial, o bueno, durante esa administración había clasificado por primera ocasión al mundial. Entonces era la popularidad versus la contundencia de las pruebas.
Y es la primera ocasión en la que me enfrenté a un tema mediático, porque si bien no existía aún la influencia tan fuerte que ahora tenemos con las redes sociales, había un incipiente desarrollo, por ejemplo, a través de estas cadenas de WhatsApp, de Telegram, que se viralizaban y trataban de posicionar un tema.
Y entonces me gustaría conectar esto con cuál es la motivación de por qué yo escribo mi autobiografía: porque se han posicionado muchas cosas como verdades y en realidad yo también tengo que contar mi lado de los hechos.
Justamente quería ir a ese punto. El libro funciona, si se quiere, también como una especie de fact-checking de muchas cosas que se dijeron y que, por el cargo que tenía, usted no podía salir a responder. Una de las cosas que yo recuerdo en esa época es la prueba perdida en el caso FIFA Gate. ¿Qué nos cuenta de eso?
Bueno, la prueba perdida, que no fue tal prueba perdida, simplemente que no se siguió el procedimiento legal, que en ese momento era trasladar el expediente del juzgado al tribunal y que le dijeron a la Fiscalía que debió haber tenido esto. Fue un tema jurisdiccional.
Sin embargo, el peso de las redes sociales, lo mediático, pesaba mucho, y tengo que reconocer que también dije: "Bueno, ¿qué pasó con este tema?" Fueron momentos muy duros, pero ya me dejaban ver que no sabía a lo que me iba a enfrentar más adelante, pero bueno, logramos superar. Perdí kilos en un fin de semana y todo eso...
Y antes de seguir conectando con los demás casos, otra de las cosas que usted responde en su libro también es este estigma que se quiso marcar de su calificación en el concurso para ser fiscal general...
Por supuesto, porque digo, yo no quiero justificar de ninguna manera, simplemente que las preguntas estaban mal planteadas. Obviamente, el Consejo de Participación, yo no voy a cuestionar de ninguna manera, no pudo o no podía dar marcha atrás.
De hecho, la mayor calificación, creo, fue 13, si no me equivoco, pero nada se dijo sobre el mejor puntaje, que era 13. Sin embargo, yo creo que más allá de las notas, la autoridad en mi caso se legitimó a través de las acciones y la ciudadanía puede ahora sopesar qué es lo que hizo aquella fiscal que dicen la 10 sobre 20 durante los seis años de administración, y creo que superamos.
Pasa el FIFA Gate y entra ya directamente contra el poder político con el caso Odebrecht. Me llamó mucho la atención la forma en la que usted relata los hechos, refiriéndose sobre todo al fiscal de esa época: Carlos Baca Mancheno, quien era muy cercano al correísmo, pero que la sorprendió...
Y esa creo que es una de las cosas que se debería saber. Me parece que es una persona de buenas intenciones o fue por lo menos durante el tiempo que yo lo conocí, que tuve contacto con él.
Sin embargo, las circunstancias fueron distintas y terminó como terminó, con un juicio político que me parece que fue exclusivamente político, como una vendetta por haber seguido la causa que en su momento se presentó en contra del ex vicepresidente (Jorge Glas).

Ese caso tuvo implicaciones no solo nacionales, sino regionales. Usted incluso cuenta cómo tuvo que viajar a Brasil, donde se encontraron pruebas. ¿Qué tan complicado fue armar ese caso, teniendo en cuenta ya todo lo que venía ocurriendo a nivel mundial y a nivel regional con las causas de Odebrecht?
Yo pensaría que los otros casos con los cuales no contaba con un equipo de apoyo eran más complicados. Ahora, como usted bien lo presenta, como existía una ola a nivel regional de compartir pruebas, se iba tejiendo una red de confianza; ya habíamos hecho el primer caso, el FIFA Gate.
Entonces eso es supervalioso, la cooperación internacional. Nos permitió acopiar las suficientes pruebas para que puedan ser presentadas en su momento y valoradas en el tribunal y que se sostengan los casos.
¿Cómo se toma una decisión de vincular a un caso de ese tipo a un vicepresidente en funciones? ¿Qué pasa por la cabeza en ese momento?
¿Qué era lo correcto? ¿Acomodarme a la tranquilidad de no incomodar a las altas esferas o hacer lo que correspondía porque las pruebas estaban ahí? O sea, no se podía hacer otra cosa. O de haberlo hecho, quizá con seguridad la historia del país, el destino y hasta el mío propio habrían tenido otros resultados, pero era haber hecho las cosas correctas.
El paso por la UAFE y el concurso a Fiscal General
Tras el caso Odebrecht, usted fue considerada para dirigir la UAFE. Usted lo menciona en su libro como un momento de calma o de una vida ordinaria. ¿Cómo recuerda eso?
Sí, fue ese pequeño cambio antes de que viniera el gran oleaje. Eso justamente, sigo insistiendo en los aprendizajes y en la preparación. Era tomar un poco de oxígeno, porque de hecho esto me permitió, cuando estuve en la UAFE, ir generando o preparándome a nivel curricular para el concurso, porque ojo que el fiscal Baca había sido designado para seis años y yo salí a la UAFE en 2018. Es decir, que no estaba para nada en los planes que en 2019 ya se iba a dar un concurso, sino que iban a ser durante los seis años.
Así que dijimos: bueno, vamos a hacerlo con calma. Saqué y presenté mi primer libro, empecé y fortalecí las clases en la academia, en las universidades. Entonces fue un momento también que me permitió ver desde otra óptica también al derecho y hacer otro tipo de actividades, obviamente también fortaleciendo el conocimiento desde la UAFE, que es otra arista, y sobre todo el tema de administración pública.
Generalmente, los fiscales no tenemos la oportunidad de saber cómo se maneja en lo administrativo, en talento humano y otras áreas una institución. Entonces, al dirigir la UAFE, eso me dio también ese conocimiento y esa experiencia para poder administrar, porque recordemos que el fiscal general no solamente litiga los casos -que esto es sui géneris en la región; ningún otro fiscal general asiste a audiencias-, sino que también es el tema administrativo, el talento humano, el tema logístico.
Y cuando se fue a la UAFE, ¿siempre en su visión a futuro estaba volver a la Fiscalía?
No, realmente. Bueno, en realidad salí en comisión de servicios, no había renunciado, pero regresar como fiscal general, no. Dije: bueno, porque lo lógico hubiese sido aspirar a ser fiscal provincial, porque ese era el escalón para hacerlo.
Usted fue nombrada directora de la UAFE por el expresidente Lenín Moreno y, finalmente, tuvo que procesarlo por el caso Sinohydro...
En realidad, nosotros -y siempre hablo de nosotros porque yo tuve la posibilidad y el acierto, me mantengo en eso, de contar siempre con un equipo jurídico fuerte que me acompañó en todos los aspectos y en todas las decisiones- tomamos esa decisión frente a los elementos que teníamos y que, de hecho, ahora devino en una sentencia de primera instancia.
Justamente, la objetividad para la que fui nombrada era ser fiscal para no encubrir a nadie, porque yo no iba a cubrir las espaldas de ninguna persona y tampoco fue el compromiso ni yo hubiese aceptado hacer algo así. Tanto es el tema que, con afectos o desafectos, los hechos están ahí.
Y ahí viene otra de las críticas que se hizo y que ahora usted puede responder: el tiempo que se tomó en procesar a Lenín Moreno, que llegó ya una vez que él dejó el cargo.
Y es que yo no diría el tiempo que se tomó en procesar a tal o cual persona, sino el tiempo que se tomó en estructurar todo el caso Sinohydro, porque no era el único procesado y estábamos frente a una estructura compleja que requería recabar elementos de convicción de fuera del país, asistencias penales a Suiza, a Estados Unidos, a China, si mal no recuerdo, a Panamá, a varios países, a varias jurisdicciones, en lo cual ya no depende únicamente de la autoridad que está solicitando, sino de la voluntad del país al cual está siendo requerido.
Y también otro tema que se trató de sentar y posicionar, que únicamente había que investigar una cuenta denominada tal, el caso tal, que no era otra cosa que una vendetta de un partido político por, entre comillas, haberlo traicionado.
Lo que nosotros hicimos de manera responsable, como caracterizó la administración, fue armar una investigación integral que abarcó todas las circunstancias, a todas las personas que formaron parte de esta estructura criminal.
El caso Sobornos y la Corte Nacional
El caso Sobornos fue su presentación como fiscal general. Había tenido ya audiencias en las que había litigado, pero este fue el gran caso en el que usted se presentó. ¿Cómo fue litigar contra abogados de renombre y en la Corte Nacional?
En realidad, ya habíamos litigado previamente frente a algunos maestros e insisto en que llegar a la Corte Nacional acompañada de un equipo jurídico fuerte que estaba en el tema era mucho más amigable hasta cierto punto.
Era el cumplir también un sueño, que en ocasiones uno pasaba por la Corte Nacional y decía: ¿Cuándo voy a llegar allá? No sabíamos en qué circunstancias, quizá me hubiese imaginado ir como abogada o algo, pero estar ahí creo que fue un momento muy importante, como un hito que también se marcó y que ha marcado mi vida.
¿Cómo se armó el caso Sobornos? Le consulto porque en el libro se habla incluso de que usted en un inicio como que no lo veía tan importante. ¿Cómo fue evolucionando esto?
Sí, es que en realidad el caso Sobornos, y tengo que reconocer, no se inició para investigar a una estructura o a un expresidente, a un exministro. Bueno, salió una noticia; de hecho, fue un día sábado y yo estaba yendo a preparar una audiencia que había tomado algunos años y que estaba por ahí en el archivo y que esa iba a ser mi primera audiencia.
Pero como siempre, no importaba la naturaleza o qué tipo de delito, si era muy grande o muy pequeño, yo he tenido esa costumbre de preparar los casos, de reunirme con el equipo técnico, de estructurar para que todo salga perfecto, como sucedió en el caso Sobornos y en otros casos, que siempre tengan éxito, y no como fiscal general, sino ya previamente con las otras causas.
Entonces, al empezar a descubrir, y aquí viene la figura de la fiscal de primer nivel que decía: doctora, tengo esto. Siempre apoyando, por supuesto, con mucha expectativa, dejando que las cosas fluyan, porque así las cosas se fueron dando sin el interés de perseguir o sin el direccionamiento de vamos a llegar acá.
Esto también desmonta ese gran mito de que me querían perseguir para que yo no pudiera participar en elecciones. De ninguna manera. Las cosas se fueron dando, y es más, esa estructura de los archivos y todo lo que existió fue mucho antes de que yo me hubiese imaginado llegar a ser fiscal general del Estado; ya se estaban realizando los actos ilícitos en esa época.
Y en este caso también hay dos narrativas que se quisieron montar y que hoy usted puede responder: por un lado, el cuaderno de Pamela Martínez, la llamada agenda de 'Hello Kitty', y por otro lado, la campaña del influjo psíquico...
Es momento de que nosotros podamos también contar la verdad. Las agendas, como ya se conocen, lo que pasa es que en la audiencia los abogados de los procesados tienen toda la claridad de que no era un solo cuaderno de 'Hello Kitty'. Esa es la narrativa en redes sociales.
Son varios cuadernos, varias agendas en las cuales se contaba incluso que la persona iba a ir al manicure, ponía citas, toda su vida; eran una especie de diario. Es más o menos como las agendas que yo acostumbro a tener y que sirvieron de base para escribir este libro con mis anotaciones para luego estructurar una historia. Entonces eso es algo que se desmonta.
Y también el tema del influjo psíquico, que esa no ha sido una acusación de la Fiscalía como tal, sino que fue parte de un término dentro del análisis integral que se hace en la sentencia. La Fiscalía acusó como autor mediato a la persona, que no es otra cosa que el autor intelectual.
Sin embargo, esa autoría intelectual a nivel doctrinario los jueces la denominan como influjo psíquico, pero es una construcción propia de los jueces, no de la Fiscalía. Y no es porque me quiera lavar las manos ahora, sino porque no existe, porque podemos ir a los audios de los alegatos de apertura, de los alegatos de cierre: jamás la fiscalía utilizó ese término.
De los delitos de cuello blanco al crimen organizado
Pasa el caso Sobornos y vienen otros casos de tinte político; recuerdo el caso Singue, el caso Secom, pero llega un punto de quiebre que es el caso Metástasis, porque pasamos de los delitos de cuello blanco a la influencia del crimen organizado. ¿Cómo abordó usted esto?
Usted lo grafica muy bien, porque siempre se manejaba como que el narcotráfico era algo alejado de los cargos públicos, cuando la evidencia nos llevó a pensar que es todo lo contrario. De hecho, ya las resoluciones de algunos operadores de justicia daban cuenta de esa injerencia del crimen organizado en la actividad criminal.
Entonces lo encaramos como los otros casos, con absoluta responsabilidad, sabiendo lo que nos íbamos a tener que enfrentar a la cúspide, lastimosamente, de cómo se había permeado el crimen organizado en la función pública en la política ecuatoriana.
Y de Metástasis salieron los casos Purga y Plaga y sus acusaciones apuntaron a los suyos: abogados, fiscales, jueces. ¿Cómo se vio eso gremialmente?
Bueno, decían que se está persiguiendo el libre ejercicio de la profesión y de ninguna manera; simplemente estábamos persiguiendo delincuentes, que es lo que siempre se hizo durante los seis años de administración, y no durante los seis años de administración, sino durante todo el tiempo en que fui fiscal.
¿Cómo ve a Diana Salazar en el futuro?
Diana Salazar, en el futuro se ve día a día; como siempre digo también en el libro, no sé qué es lo que va a pasar más adelante, pero hoy estoy presentando este material, este libro que yo quisiera que la gente lo lea, que lo analice y que luego nos sentemos a discutir más adelante.
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