Cuenca: los desafíos de convertirse en un destino de moda en Ecuador
Académicos explican a PRIMICIAS cuáles son los principales desafíos de Cuenca, la ciudad que se ha convertido en un polo de atracción de turistas, inversores y nuevos habitantes.

Vista panorámica de Cuenca, tomada desde el mirador de Turi, el 38 de octubre de 2026.
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Boris Romoleroux/API
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Cuenca celebra sus 206 años de independencia convertida en un punto de atracción para nacionales y extranjeros. En los últimos años, la capital azuaya se ha posicionado como un destino de moda, pero ya no solo para el turismo, sino también para vivir en invertir.
Hace algunos años, Cuenca empezó a figurar en las revistas internacionales como la mejor ciudad para que los jubilados extranjeros vivan su retiro. Y, desde entonces, ciudadanos de Estados Unidos, Canadá, y países europeos se asentaron en la capital azuaya.
Poco a poco, la ciudad se convirtió en un punto de atracción para otro tipo de extranjeros. Profesionales, familias que llegaban en busca de un destino con buena calidad de vida, costos accesibles (en comparación con otros países) y el encanto de su arquitectura y su naturaleza.

Y, recientemente, Cuenca se convirtió también en un destino para los propios ecuatorianos, quienes, atraídos por su relativa seguridad y su desarrollo económico, también la encontraron como un lugar adecuado para vivir.
A eso se suma un auge turístico que creció tras la pandemia, con la adecuación de nuevas infraestructuras, servicios, un 'boom' gastronómico y promoción a nivel nacional e internacional.
Pero ese momento particular que vive Cuenca conlleva varios desafíos si la capital azuaya quiere mantener ese factor que la ha convertido en una ciudad tan bien valorada: su calidad de vida.
PRIMICIAS conversó con dos académicos, expertos en urbanismo y ciudades sostenibles, sobre los principales desafíos que enfrenta Cuenca al ser un destino de moda.
Un crecimiento controlado y barrios habitables
Cuenca tiene 469 años de fundación española. En los primeros 400 años de existencia, la capital azuaya no creció más allá de su centro histórico, pero en los últimos 50 años, la ciudad se ha expandido 25 veces más de lo que crece su población, explica Carla Hermida, docente investigadora de la Facultad de Arqiutectura de la Universidad del Azuay, experta en urbanismo.
Actualmente, hay una acelerada expansión hacia zonas rurales, lo que genera mayores desplazamientos y la necesidad de dotar de servicios básicos e infraestructuras a sectores que inicialmente no eran residenciales, como Misicata o El Valle. Eso implica varios impactos: "económicos, sociales, ambientales", detalla la investigadora.
“En lo posible, la ciudad debe densificarse, pero con barrios habitables. Con relativa altura, le llamamos alta densidad, pero de baja altura. A través de edificios de cinco, seis pisos. Eso permite garantizar las condiciones que hacen que un barrio sea habitable”
Carla Hermida, investigadora de la UDA
Daniel Orellana, docente investigador del Grupo de Ciudades Sostenibles de la Universidad de Cuenca, coincide con ese punto de vista y explica que aún hay suficiente espacio para habitar Cuenca dentro de su límite urbano.
Control del precio del suelo
La capital azuaya también se ha consolidado como un polo de inversión inmobiliaria, con decenas de construcciones, no solo destinadas a vivienda, también a plazas comerciales, salud, oficinas y otros usos. Pero, sin duda, hay un predominio de los edificios de departamentos ubicados en zonas de alta plusvalía.
Por un lado, eso ha generado una importante reactivación de la economía local, pero también hay un aspecto que empieza a discutirse: el alto costo del suelo y la vivienda en Cuenca.
Los dos académicos coinciden en la necesidad de un control o regulación al costo del suelo, con el fin de que los proyectos inmobiliarios sean más accesibles para los cuencanos. Eso también evitaría que los ciudadanos busquen trasladarse a la periferia, a zonas que no están urbanizadas.

La movilidad
"Cuando una ciudad va creciendo dentro de su línea temporal de desarrollo, una de las cosas que más crece es la demanda de movilidad", explica Daniel Orellana. Hay mayor demanda de viajes y de sistemas de transporte.
Pero el problema en Cuenca es que el parque automotor crece a un ritmo mucho más acelerado que la población. Entre 2018 y 2025, el número de vehículos en la capital azuaya subió un 32%, mientras que el número de habitantes creció en apenas un 6%, explica Orellana.
La capital azuaya aún conserva una cualidad que mucha gente destaca: los traslados son cortos, pero el tiempo en el tráfico es cada vez más largo. Por ello, desincentivar el uso del vehículo privado es uno de los grandes desafíos de la ciudad, dice Orellana.

Turismo sostenible
Cuenca tiene un gran potencial turístico, que años atrás no era tan explotado. Pero hoy en día, la ciudad figura entre los destinos preferidos de los feriados y los fines de semana.
El turista que llega a la capital azuaya es principalmente nacional y en fechas como el feriado de noviembre la capacidad hotelera está cerca del 100%. Lo que deja resultados positivos en la economía del sector.

Sin embargo, hay dos desafíos en el sector turístico: por un lado, sostener la presencia de visitantes a lo largo de año. No todos los feriados y los fines de semana la ciudad se llena de turistas, según los datos del gremio hotelero.
Un segundo desafío es evitar la "turistificación", como se conoce al fenómeno en el que una localidad, barrio o ciudad se transforma a raíz de la presión turística.
"En un momento dado la ciudad empieza a ser tan turística y hay ejemplos en todo el mundo que, prácticamente en los centros no viven las personas de la ciudad.... Hay que buscar la manera de mitigar estos impactos", sostiene Carla Hermida.
Daniel Orellana lo resume así: "Cuenca es una ciudad que está siendo víctima de su propio éxito", pero aún está "en la ventana de oportunidad" para resolver esos problemas.
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