Tres ecuatorianas, tres rutas migratorias y sus carreras en tecnología se cruzan en Latinas in Tech
Esta es la historia de Latinas in Tech y de tres ecuatorianas que se abrieron paso en la tecnología en España y ahora ayudan a otras a llegar más lejos.

Miembros y colaboradoras de Latinas in Tech, en una reunión en un restaurante en Madrid.
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Autor:
Soraya Constante
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Desde Madrid. Kelly Cuesta sostiene un micrófono frente a una pantalla en la que se lee Shared Roots, Shared Strength (Raíces compartidas, fuerza compartida). Está en Madrid, en una conferencia organizada por Expedia. Cuenta que nació en Ecuador y creció en España, dos lugares que forman parte de la identidad con la que ha construido su carrera. Desde ahí habla de liderazgo y de algo que empezó a notar mientras avanzaba en la industria tecnológica. Encontraba profesionales con talento, pero cada vez menos personas que compartieran sus rasgos, su acento o su origen latino en los puestos más altos.
“No hay visibilidad de mujeres y mucho menos de etnia diferente”, explica la fundadora de Latinas in Tech Madrid, el grupo que puso en marcha hace unos seis años y que después pasó a llamarse Latinas in Tech Spain. Hoy reúne a unas 850 integrantes y cuenta con siete voluntarias latinoamericanas.
Cuando Expedia invitó a Kelly a dar aquella conferencia, consiguió 35 entradas para que otras integrantes pudieran asistir.
“No lo hago para ganar dinero. Muchas veces invierto más de lo que recibo en tiempo y expertise, igual que todas las voluntarias. Al final, de lo que se trata es de crear oportunidades para otra gente”, dice.
Kelly Cuesta
De Guayaquil a una startup en Londres
Para entender cómo llegó Kelly a ese escenario hay que retroceder hasta Guayaquil y a una decisión que tomó su madre cuando ella todavía era una niña. Se había divorciado y decidió sacar adelante sola a su hija. Después eligió emigrar a España para darle otras posibilidades.
“Mi madre ha sido súper luchadora, súper guerrera. A ella no le importó lo que la gente decía de que se hubiera divorciado. Lo que quiso fue dar un bienestar a ella y a mí, y eso no significaba que tuviera que aguantarse con mi padre. Al final es una mujer que ha salido adelante sola”, cuenta Kelly.
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Llegaron a Madrid a finales de 2000. Kelly creció aquí, hizo el colegio y la universidad y terminó estudiando Administración y Dirección de Empresas, aunque durante el bachillerato se había orientado hacia las ciencias. Después cursó un máster en creación de empresas. Unas prácticas la llevaron por primera vez a Londres. En principio iba a quedarse tres meses.
No conocía la ciudad. Entendía inglés, pero le daba vergüenza hablarlo. Llegó con una maleta, se alojó en una residencia para mujeres y empezó a trabajar en una startup de ocho personas donde nadie hablaba español.
“Me tiré a una piscina sin saber si había agua. Fue súper arriesgado(...). Fue decirme, ‘Esto es lo que hay. A mí nadie me va a ayudar aquí ni siquiera a pedir en el supermercado. Yo tengo que lanzarme’”, cuenta.
Las prácticas ocupaban una parte del día. Por las tardes y los fines de semana trabajaba además como camarera para mantenerse. Los tres meses terminaron convirtiéndose en un año. Después regresó a España y entró en una multinacional tecnológica en el área de marketing. Desde entonces su carrera se ha desarrollado entre España y Reino Unido, empresas emergentes, multinacionales y compañías de ciberseguridad.
En 2023 puso en marcha Brava GTM. Las siglas responden a Go to Market, una estrategia para llevar un producto o servicio al mercado. Actualmente trabaja como directora de Marketing externa, prestando servicios durante parte de su tiempo.
Su entrada en el sector tampoco empezó con una ingeniería. La explicación estaba en su propia experiencia migratoria. Durante años, para comunicarse con parte de su familia había necesitado ir a un locutorio. Después aparecieron Skype y otras herramientas que acortaron las distancias. Cuando en una entrevista le preguntaron por qué quería trabajar en tecnología, respondió que quería formar parte de las compañías que hacían posible ese cambio.
"Ser latina es como una doble desventaja"
La historia de María José Vázquez Bravo, otra ecuatoriana de Latinas in Tech, tiene varios puntos en común con la de Kelly. También llegó por primera vez a España siendo niña por decisión de su familia y pasó aquí buena parte de su infancia y adolescencia.
Sus padres regresaron a Ecuador en 2012 y ella volvió con ellos. Años después sería María José quien haría el viaje en sentido contrario tras estudiar Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones en Cuenca.

La elección de la carrera ya había cuestionado algunas expectativas dentro de su familia. Había varios ingenieros hombres, pero ninguna mujer. Su padre llegó a preguntarle si no prefería ser profesora.
El título tampoco le permitió ejercer de inmediato. Su primer trabajo después de graduarse fue como secretaria. A los cuatro meses ascendió a consultora de negocios corporativos y comenzó a acercarse a proyectos de hardware (equipos y componentes físicos) y software (programas y sistemas informáticos).
Cuando intentaba acceder a puestos técnicos, algunas entrevistas terminaban hablando de cuestiones que nada tenían que ver con sus conocimientos.
“Te decían, ‘¿Planea ser madre próximamente?’, o preferían un perfil masculino porque en electrónica y telecomunicaciones a lo mejor había instalaciones”, recuerda María José.
Su vuelta a España se produjo precisamente porque sentía que profesionalmente se había estancado. Esta vez dejó a su familia en Ecuador, pidió un préstamo para financiarse y asumió personalmente el riesgo. Durante cerca de un año trabajó en atención al cliente mientras resolvía trámites y buscaba la manera de regresar a su ámbito profesional.
Consiguió una beca para estudiar un máster en Tecnologías del Sector Financiero. Después obtuvo otra del Banco Santander para hacer prácticas en la Ciudad Financiera. Allí daba soporte a las aplicaciones utilizadas por los traders. Las prácticas se ampliaron, después llegó un contrato y finalmente BBVA la fichó.
Ahora es responsable de coordinar la entrega y calidad de proyectos de software y se ocupa de procesos de testing o pruebas para comprobar que los sistemas funcionan correctamente.
Contado desde el presente, el recorrido parece sencillo, pero para María José fueron años de no rendirse. “Fue un proceso donde la constancia fue importante. Yo pensaba que si no me salía la beca, no podía estudiar el máster. Si no conseguía la beca Santander, ¿cómo entraba en el ámbito financiero? Entonces fue muchísima constancia y, sobre todo, echar para adelante. No había otra opción”, explica.
En España dejó de encontrarse con preguntas explícitas sobre maternidad en los procesos de selección, pero eso no significa que las desigualdades hayan desaparecido. En algún empleo que prefiere no identificar sintió que avanzar siendo joven y latina podía incomodar a ciertos compañeros.
“A lo mejor no lo sientes directamente, pero sí se siente un poquito de discriminación o que no tenemos las mismas herramientas que algunos compañeros. En este ámbito tienes que posicionarte, darte a respetar y demostrar día a día con tu trabajo que no te pueden pisar. Ser mujer a veces puede ser una desventaja, pero si además incluyes ser latina, eso es como una doble desventaja”, sostiene. En su equipo actual hay pocas mujeres y ella es la única latina.
El duelo migratorio
La historia migratoria de Estefanía Puente, otra ecuatoriana, es distinta a la de Kelly y María José. Ella no llegó a España dentro del proyecto de sus padres.
Vino en 2019, ya adulta y formada en Comunicación y Relaciones Públicas en Ecuador. Su plan era cursar un máster en marketing. La pandemia la encontró haciendo prácticas en una empresa emergente y aquella estancia terminó convirtiéndose en una nueva vida en Madrid.
Su entrada en tecnología se produjo desde el marketing. Durante cuatro años trabajó para una plataforma destinada a ingenieros mecánicos y diseñadores de producto. Después pasó a una compañía de location intelligence o análisis de datos geográficos para ayudar a tomar decisiones. Ahora está en Legaltech (tecnología aplicada al sector legal) y se especializa en generación de demanda, el área encargada de despertar interés y atraer posibles clientes hacia un producto.
También tuvo que incorporar un nuevo vocabulario. B2B (empresas que venden productos o servicios a otras empresas), SaaS (programas que se utilizan a través de internet, normalmente mediante una suscripción), growth (estrategias para hacer crecer un negocio), Demand Generation (generación de demanda) o Legaltech forman parte de las conversaciones habituales del sector. El máster, dice, le permitió entender ese lenguaje. El resto lo aprendió trabajando.
Su llegada fue relativamente estable desde el punto de vista profesional y administrativo. Vino a estudiar, encontró prácticas, consiguió empleo y avanzó con los papeles. Durante los primeros años, sin embargo, había algo que no terminaba de encajar. Su carrera progresaba, pero ella todavía buscaba su lugar.
“Experimenté lo que se llama el duelo migratorio. Descubres que tienes que gestionar la parte emocional, no solo la económica o los papeles. Tienes que ser consciente de lo que implica este cambio. Yo llevaba tres años aquí y pensaba, puedo con todo, tengo que sacar los papeles, tengo que avanzar económicamente. Piensas que tienes que hacerlo sola y ojalá me hubiesen explicado antes la importancia de encontrar estas comunidades”, explica Estefanía, la profesional que llegó a España ya adulta y hace menos tiempo.
Empezó a buscar redes de jóvenes profesionales y grupos vinculados a las empresas tecnológicas. Seguía echando de menos un lugar donde coincidieran profesión, género y origen. En encuentros sobre liderazgo femenino preguntaba por mujeres latinas en puestos altos de tecnología y muchas veces nadie sabía darle un nombre.
Su primer encuentro con Latinas in Tech fue una cena en un restaurante peruano. Allí descubrió que las conversaciones podían pasar del trabajo a una separación, la maternidad o cualquier otro problema personal sin que parecieran pertenecer a mundos distintos.
“Fue muy genuino porque podía estar hablando de mi parte profesional con gente que entendía lo que hacía y también conectar culturalmente. Me sentí bastante cómoda porque fue un espacio seguro donde podía conversar y no sentirme juzgada ni sentir que lo que estaba hablando sonaba raro. Eso me vino genial”.
Estefanía Puente
Ahora Estefanía es chapter lead (responsable) del programa de mentorías y quiere acercar también la inteligencia artificial a otras profesionales latinas. Cree que aprender a utilizar pronto estas herramientas puede ayudar a mejorar la productividad, cambiar de puesto y acceder a mejores salarios.
Tres trayectorias, una misma meta
Kelly, María José y Estefanía están en la treintena. Las dos primeras crecieron dentro de decisiones migratorias tomadas por sus familias. La tercera eligió venir ya como profesional. Tampoco llegaron al sector desde el mismo lugar. Una procede de los negocios y el marketing, otra de la ingeniería y otra de la comunicación.
Ahora las tres atraviesan un momento profesional parecido. Ya tienen experiencia y se han hecho un lugar en tecnología. Buscan seguir avanzando y que otras latinas puedan llegar también a puestos con mayor responsabilidad.
María José, la otra hija de migrantes que llegó a España siendo niña, quiere crecer en una carrera técnica en la que todavía suele ser la única latina de su equipo. Estefanía, que migró ya adulta y hace menos tiempo, busca pasar de un nivel mid (intermedio) a uno senior (con más experiencia y responsabilidad). Kelly, fundadora de Latinas in Tech, lleva más años en el sector y quiere utilizar lo aprendido y sus contactos para ayudar a otras profesionales.
Estefanía explica que observar el recorrido de otras personas le ha servido para entender mejor sus propios pasos.
"Yo venía buscando un cambio y lo trabajé con mentores. Pensaba en qué personas ya habían estado en ese sector y cómo podía hablar con ellas para prepararme. En mi caso era pasar de un mid level a senior. Tú ves que alguien llegó a un puesto de alta dirección, pero hay todo un camino que esa persona ya recorrió y te puede dar ideas de cómo hacerlo tú”.
Estefanía Puente
Ese aprendizaje también aparece en Latinas in Tech. En las mentorías hablan de cambios de trabajo, de cómo mostrar mejor la experiencia propia y de algunas dificultades que surgen al incorporarse al mercado laboral español o a una empresa internacional.
Mentoras y ‘sponsors’: alguien que diga tu nombre
Kelly, la fundadora del grupo, distingue además entre dos formas de apoyo profesional. Una mentor (mentora) aconseja y comparte su experiencia. Una sponsor (persona con influencia dentro de una empresa que puede recomendar a otra profesional) puede intervenir cuando aparece un puesto o una oportunidad.
Ella misma tuvo una sin saberlo. Años después descubrió que una vicepresidenta de una multinacional había hablado de ella ante el CEOm.
“Yo tuve una sponsor y no lo sabía. Lo supe años después. Era una ejecutiva, vice president de la organización, que me puso en el radar del CEO para un puesto concreto. Un sponsor no te da el trabajo ni obliga a nadie a contratarte, pero dice tu nombre y te pone en el radar”, explica Kelly.
La idea conecta con lo que la fundadora de Latinas in Tech defendía en la conferencia de Madrid. Allí hablaba de raíces compartidas ante una sala en la que también estaban algunas integrantes del grupo. Ya no se trata solo de encontrarse con otras latinas que trabajan en tecnología. Algunas empiezan a ocupar posiciones desde las que pueden ayudar a que otras avancen.
La aspiración es sencilla. Que cuando una empresa tenga que decidir quién ocupa el siguiente puesto, haya alguien dentro dispuesto a decir el nombre de una de ellas.
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