Las inundaciones golpean a Muisne: 800 familias afectadas y ocho casas arrasadas por los ríos
Las lluvias dejan 3.200 afectados, 900 hectáreas de cultivos comprometidas y comunidades inundadas en el cantón Muisne, en Esmeraldas. En San Francisco del Cabo, la crecida del río se llevó ocho casas.

Habitantes de Muisne, en Esmeraldas, evacúan sus bienes de sus casas inundadas, este 2 de octubre de 2026.
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Cortesía para PRIMICIAS
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Las inundaciones golpean a Muisne y otros sectores de la provincia de Esmeraldas, por los efectos del fenómeno de El Niño. En San Francisco del Cabo, una vivienda quedó destruida y fue arrastrada por la corriente del río Chipa, mientras en la isla de Muisne varias comunidades enfrentan el desbordamiento de ríos y esteros.
En esa zona, el río no dio tiempo para nada: la corriente se desbordó y afectó al menos a ocho viviendas. Lo que hasta hace poco era el refugio de varias familias quedó a merced de la fuerza del agua. A su alrededor, los habitantes observaban los estragos de la creciente y pedían ayuda urgente. La escena se repite en distintos puntos de Esmeraldas, donde las lluvias vuelven a poner en riesgo hogares, caminos y medios de subsistencia.
En la isla de Muisne, las precipitaciones provocaron nuevas emergencias este viernes 2 de octubre de 2026. En el recinto La Florida, de la parroquia San José de Chamanga, el desbordamiento de un estero anegó viviendas y dejó vías cubiertas de agua. La alerta llegó al ECU 911 a las 08:46. Horas después, a las 11:10, el río Salima también salió de su cauce e inundó la cabecera parroquial y las comunidades de La Florida, Boca de Tigua y Piedra Fina. Varias familias resultaron afectadas por el ingreso del agua.
La emergencia obligó a coordinar la movilización de personal de Gestión de Riesgos, Policía Nacional y bomberos para inspeccionar las zonas afectadas y atender los requerimientos de los moradores. Mientras los equipos de respuesta mantenían el monitoreo de los caudales, la preocupación crecía entre las familias que viven cerca de los ríos y esteros. Para ellas, cada lluvia intensa representa la posibilidad de ver el agua avanzar nuevamente hacia sus casas.

El balance preliminar de las inundaciones en Muisne da cuenta de la magnitud de la emergencia. Solo en las parroquias San José de Chamanga y Salima, las fuertes lluvias del 2 de octubre dejaron alrededor de 220 familias afectadas: unas 100 en Chamanga y más de 120 en Salima.
El agua ingresó a las viviendas y dañó colchones, ropa, electrodomésticos y otros enseres básicos. Varias familias tuvieron que abandonar sus casas y buscar refugio con parientes, mientras también se reportaron daños en la carretera que conecta Boca de Tigua con la vía E15.
Pero el impacto es mucho mayor al sumar las emergencias registradas en otras zonas del cantón. Según el balance preliminar de las autoridades, unas 800 familias, alrededor de 3.200 personas, han resultado afectadas, mientras que las inundaciones han comprometido aproximadamente 900 hectáreas de cultivos, sin contar las camaroneras que también reportan daños.
Los desbordamientos de los ríos Sucio, Canuto, San Francisco, Matambal, Muisne y Salima, entre otros afluentes, han golpeado a comunidades rurales que enfrentan pérdidas en sus viviendas y medios de subsistencia.
Uno de los episodios más graves ocurrió en San Francisco del Cabo, donde la corriente se llevó ocho viviendas y dejó otras cinco al borde del colapso, por lo que ya no son habitables. La fuerza del río convirtió en escombros los hogares de varias familias, mientras otras permanecen en riesgo ante la posibilidad de nuevos desbordamientos.
Las autoridades realizan el levantamiento de información mediante evaluaciones comunitarias para gestionar asistencia humanitaria y coordinan inspecciones de las casas destruidas con las instituciones competentes. Entretanto, las familias damnificadas permanecen acogidas en viviendas de parientes, a la espera de ayuda.
El río también borra los hogares
En la ciudad de Esmeraldas, la creciente dejó una historia de pérdida irreparable. En el sector Isla Roberto Luis Cervantes, frente a la escalinata del Potosí, el río se llevó la casa de María Hurtado Araujo. En otras ocasiones, cuando el nivel bajaba, ella podía regresar, recoger lo que quedaba, limpiar y comenzar otra vez. Esta vez fue diferente: la corriente arrasó con su vivienda y no dejó un lugar al cual volver.
La desaparición de su casa convirtió en pérdida lo que antes eran daños que todavía podían repararse. Ya no hay paredes que limpiar ni pertenencias que rescatar. Tampoco un techo bajo el cual resguardarse mientras pasa la temporada invernal.
Las afectaciones tampoco se limitan a la capital provincial. En el sector Estero Ancho, antes de llegar al recinto El Salto, entre Atacames y Muisne, un derrumbe en la vía E15 afectó a un bus de transporte público y motivó la coordinación de organismos de socorro. Policía, bomberos de Atacames y Gestión de Riesgos intervinieron para atender el reporte y dar seguimiento a la situación en la vía.

Una provincia en alerta por las lluvias
Lo ocurrido en Muisne revive el recuerdo de las inundaciones registradas en abril de este año. Entonces, el desbordamiento de los ríos Salima, Tigua y Pedro Carbo dejó un balance preliminar de 120 familias, 450 personas y 120 viviendas afectadas. Seis meses después, las comunidades vuelven a enfrentar el avance del agua, en un escenario que evidencia la persistencia del riesgo durante la temporada lluviosa.
Ante la sucesión de emergencias, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Provincial resolvió el 1 de octubre mantenerse en sesión permanente, con reuniones de coordinación cada ocho días. Entre las medidas dispuestas constan la activación de los comités cantonales y parroquiales, la identificación de alojamientos temporales y la ejecución de planes de acción frente al fenómeno de El Niño.
La resolución también contempla la intervención en sectores vulnerables, como la ladera ubicada detrás del centro de salud tipo C de Rioverde, donde se ordenó retirar material sedimentario y estabilizar el terreno para garantizar la continuidad de la atención médica. Además, se solicitó el apoyo de la Cruz Roja en la provisión de agua segura, asistencia humanitaria, evaluación de daños y atención psicosocial.
Mientras las instituciones organizan la respuesta y vigilan el comportamiento de los ríos, en las comunidades afectadas la urgencia tiene otra dimensión: encontrar dónde dormir, recuperar lo perdido y evitar que la siguiente lluvia vuelva a arrasar con lo poco que queda.
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