Lluvias en Esmeraldas desbordan ríos, aíslan comunidades y dejan cientos de familias afectadas
Las lluvias vinculadas al fenómeno de El Niño siguen golpeando a Ecuador. En los cantones Esmeraldas, Quinindé y Eloy Alfaro, viviendas y escuelas quedaron bajo el agua, mientras varias comunidades enfrentan aislamiento y daños por las inundaciones.

Las lluvias causaron inundaciones en varios cantones de Esmeraldas, el 30 de septiembre de 2026.
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Cortesía para PRIMICIAS
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Redacción Primicias
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El agua comenzó a retirarse de la isla Luis Vargas Torres, en Esmeraldas, pero la emergencia en la provincia verde causada por el fuerte invierno, vinculado al fenómeno de El Niño, todavía está lejos de terminar. A media mañana del miércoles 30 de septiembre, varias camionetas del Municipio de Esmeraldas ingresaron al sector para levantar información sobre las familias afectadas.
Para entonces, el agua todavía cubría calles y dificultaba el paso de motocicletas. Los moradores miraban el movimiento de los funcionarios con una mezcla de expectativa y molestia: habían pasado la noche con sus casas inundadas y esperaban ayuda.
El río Esmeraldas se desbordó a la altura de la isla, uno de los siete puntos de la provincia incluidos en el reporte de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos. Hasta las 07:00 de este miércoles, la entidad contabilizaba ocho cuerpos hídricos desbordados en Esmeraldas y Guayas; siete estaban en la provincia de Esmeraldas.

Segunda Castillo Valencia, una moradora de la isla, esperaba poder salir del sector para llegar a su trabajo. Pero el agua todavía le impedía hacerlo con normalidad. También tenía que pensar en su nieto, que debía acudir a clases. “Necesitamos ayuda como por el relleno”, decía. Para ella, esa es la necesidad más urgente: elevar el terreno para que los niños puedan salir a estudiar y los adultos puedan llegar a sus trabajos cuando el río crece.
La mujer contaba que algunas camionetas municipales habían llegado para hacer un recorrido casa por casa, pero se habían retirado. El problema, explicaba, es que muchas personas no estaban en sus viviendas porque habían tenido que salir a trabajar o buscar una forma de ponerse a salvo. Ella misma debía estar en su empleo, pero permanecía en la isla porque tenía que cuidar a su nieto.
A unos metros, otro morador mostraba cómo la inundación convirtió una motocicleta en un vehículo inútil. El agua había subido tanto que los habitantes tuvieron dificultades para sacar sus motos y abandonar el sector. Para cuando comenzó a bajar, el nivel había dejado un pequeño margen para caminar.
Pero el problema, para los vecinos, no empezó con esta inundación. Uno de ellos explicaba que desde hace años piden una solución estructural: relleno, dragado y obras que permitan que el río tenga mayor capacidad de conducción cuando aumenta su caudal. “Aquí nadie está muriéndose de hambre”, decía al referirse a la ayuda que esperan. Lo que reclaman, según explicó, es una intervención que evite que cada invierno vuelva a repetirse la misma historia.

La vulnerabilidad aumenta porque la isla tampoco cuenta con alcantarillado sanitario. Las cerca de 600 familias que la habitan utilizan pozos sépticos y cuando el río crece, el agua termina mezclándose con lodo y desechos. Después queda estancada en patios y calles. El vecino advertía además sobre los mosquitos que aparecen durante la noche y la dificultad de quienes no tienen dinero para comprar repelentes o insecticidas.
En algunas viviendas, la noche transcurrió en terrazas o en casas de vecinos. Una madre salió del sector cargando a sus niñas en brazos. Tiene tres hijos, entre ellos una niña pequeña y otro de siete años. “Si llueve me toca aguantar otra vez el agua que vuelva a subir”, dijo. En su vivienda, los miembros de la familia habían tenido que elevar sus pertenencias y rescatar, una por una, las cosas que todavía podían salvarse.
“Estamos acabados”
La escena se repite en otras casas. En una de ellas, el agua llegó hasta aproximadamente un metro de altura. Los colchones fueron colocados en la terraza para intentar secarlos; la refrigeradora terminó sobre un mesón y los alimentos quedaron inutilizados. También se perdieron uniformes, zapatos, cuadernos y tareas escolares. La familia pasó la noche en la parte alta de la vivienda, sin carpas ni protección suficiente. “Estamos acabados”, resumió Wilson Torres al mostrar lo poco que habían logrado rescatar.
La inundación también obligó a suspender las clases en una unidad educativa de la isla. Los maestros permanecían en los alrededores mientras las aulas seguían afectadas por el agua. La preocupación de los moradores ahora se concentra en lo que viene después: retirar el agua, limpiar las casas, recuperar los enseres y evitar que la acumulación de agua se convierta en un problema sanitario.

Cube pierde agua y queda aislado
La emergencia también golpeó con fuerza a Quinindé. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos reportó desbordamientos de los ríos El Calvario, Viche, Cube y Herrera, y estimó que 358 familias estaban expuestas a las inundaciones en el cantón. Entre los sectores afectados están 5 de Agosto, Puerto Balao, Unión Manabita, El Recreo, Puerto del Carmen, Los Laureles, Las Pavas, Naranjal de los Chachis y Guayacán de los Chachis
En Cube, el agua llegó a las zonas pobladas y el ingreso a la parroquia permaneció restringido por la acumulación de agua y el incremento de los caudales. Reportes de la emergencia estimaron alrededor de 60 familias afectadas específicamente en la cabecera parroquial de Cube.
Eloy Alfaro declara la emergencia por el desborde de tres ríos
En el cantón Eloy Alfaro, unas 1.500 personas están afectadas por las lluvias y el desbordamiento de los ríos Pambil, Cayapas y Onzole. La situación llevó al Comité de Operaciones de Emergencia (COE) cantonal a declarar al cantón en estado de emergencia, una medida que busca fortalecer la coordinación y la capacidad de respuesta ante las inundaciones que golpean principalmente a las comunidades rurales.
Enrique Valencia, director del departamento de Gestión de Riesgos del Municipio de Eloy Alfaro, informó sobre el seguimiento a las zonas afectadas y la evaluación de los daños ocasionados por las lluvias. Uno de los puntos que concentra la preocupación es Gualpí, en la parroquia Santo Domingo de Onzole, donde las precipitaciones mantienen en alerta a las familias asentadas en las riberas.
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