Video | "¿Por qué se fue mi ñaño?": dolor en Flor de Bastión tras la muerte de un joven en una zanja
Ángel Anchundia, de 18 años, fue arrastrado por la corriente de una zanja en Flor de Bastión, en el noroeste de Guayaquil. Su cuerpo fue hallado tras una búsqueda en la que participaron familiares y moradores del sector.

Zanja en Flor de Bastión donde desapareció un joven de 18 años el 26 de octubre de 2026.
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Autor:
Alexander García
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El sector de La Ladrillera, en el noroeste de Guayaquil, amaneció este martes 27 de octubre de 2026 entre escenas de dolor. Cerca de las 06:30, el cuerpo de Ángel Gabriel Anchundia, de 18 años, fue hallado a 10 cuadras del lugar donde una fuerte corriente lo arrastró el día anterior.
El joven, estudiante y trabajador de la construcción junto a su padre, se convirtió en una de las víctimas mortales de las intensas lluvias y tormentas asociadas al fenómeno de El Niño, que afectaron a la ciudad desde la tarde del lunes.
El cuerpo fue localizado tras una intensa búsqueda comunitaria que se prolongó durante toda la noche. Luego, fue trasladado a una iglesia evangélica cercana a su domicilio, en el sector de Flor de Bastión, Bloque 9, donde se congregaron familiares y vecinos.
"Mi hijo estaba ahí en esa zanja. Estaba con la cabeza enterrada; no pudo salir", relató su madre. Ángel Gabriel tenía dos hermanos menores, un niño y una niña, que ahora lloran su partida.
Un juego que terminó en tragedia
De acuerdo con el testimonio de vecinos como Carlos Zambrano, los hechos ocurrieron la tarde del lunes 26 de octubre, cuando un fuerte aguacero comenzó alrededor de las 15:00. Ángel Gabriel se encontraba cerca de una zanja o canal del sector junto a otros jóvenes, mientras se bañaban bajo la lluvia.

Aunque el reporte preliminar del ECU 911, activado a las 15:58, alertó sobre personas que habían caído al canal, las versiones de los moradores señalaron que dos de los jóvenes lograron ponerse a salvo por sus propios medios, mientras que la repentina crecida atrapó a Ángel y lo arrastró aguas abajo.
"Una persona que recién estaba ahí en la ventana de la casa de nosotros jugando, conversando, y me pidió agua. Al ratito ya vinieron a avisar que se lo había llevado la corriente".
Carlos Zambrano, morador de Flor de Bastión
A Zambrano y al resto de la comunidad les cuesta asimilar la pérdida. Recuerdan a Ángel Gabriel como un muchacho alegre, tranquilo y trabajador, que ayudaba a su padre en labores de construcción y estaba a punto de culminar sus estudios secundarios.
Tensión por los procedimientos legales
El hallazgo del cuerpo dio paso a momentos de tensión a las afueras de la iglesia, donde fue colocado en el suelo, cubierto con sábanas. Ante la falta de recursos económicos, la madre del joven, Yuliana Anchundia, expresó su negativa a que fuera trasladado a la morgue para la autopsia de ley.
"No tengo dinero y no quiero que le hagan una autopsia a mi hijo; quiero que se lo lleven tal como está. Lo buscamos y, gracias a Dios, lo encontraron; solo quiero verlo tal como se fue", manifestó.
Finalmente, la familia aceptó el traslado a la morgue.

Para atender la situación, funcionarios del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano acudieron al lugar para dialogar con los familiares, explicar la obligatoriedad del procedimiento legal —necesario para la emisión del certificado de defunción— y coordinar la cobertura estatal de los gastos fúnebres.
Además, un contingente de la fuerza pública se desplegó en la zona y las autoridades se comprometieron a entregar un bono a la familia.
El desgarrador adiós de una hermana
Entre las escenas más conmovedoras estuvo el llanto de la hermana de 12 años de la víctima, cuyo clamor reflejó el dolor de una comunidad golpeada por la tragedia:
"¿Por qué se fue mi ñaño? Yo daba la vida por él. Mamá, ¿no puedes hablar con Diosito para que me lleve a mí? (...) Hubiera preferido que Diosito me llevara a mí."
Hermana de joven ahogado en Flor de Bastión
Mientras los habitantes de Flor de Bastión se organizan para recolectar ayuda y acompañar a la familia, las consecuencias del temporal vuelven a evidenciar la vulnerabilidad de los sectores periféricos de Guayaquil ante las lluvias y las crecidas.
En el noroeste de la ciudad, donde varios asentamientos se consolidaron a partir de invasiones de tierras, existen zonas con cotas de inundación de hasta 2,80 metros.
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