Estudios de los chinches buscan una manera de frenar la enfermedad de Chagas sin usar insecticidas en Ecuador
Papers del Centro de Investigación para la Salud en América Latina de la PUCE y la Universidad de Ohio abren el camino para potenciales métodos de control biológico contra la enfermedad de Chagas que no dependan de fumigaciones que puedan generar resistencia.

A la izquierda, el microbiólogo Matías Cadena procesa muestras de microbiota bacteriana de chinches. A la derecha un frasco en el que los insectos fueron recolectados.
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Cortesía Matías Cadena
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Investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en colaboración con la Universidad de Ohio, impulsan estudios con los que proponen crear en el país mecanismos para controlar la proliferación de la enfermedad de Chagas, que se transmite a través de los insectos conocidos como chinches o chinchorros, sin depender de insecticidas.
La investigación es concentra sobre todo en buscar una manera de controlar los chinches que pueden desarrollar resistencia a los insecticidas, algo que sucede en otros insectos, como los mosquitos que transmiten el dengue.
La enfermedad de Chagas es considerada una "enfermedad silenciosa y silenciada" por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), porque suelen pasar muchos años desde que una persona es infectada hasta que aparezcan los síntomas. Algunas de las dolencias que sufren quienes tienen esta enfermedad son fiebre, fatiga, dolores del cuerpo, dolores de cabeza, hinchazón de los párpados, pérdida del apetito y náuseas, diarrea o vómitos.
En Ecuador, desde 2015 hasta 2025 el Ministerio de Salud Pública (MSP) ha registrado 1.183 casos, pero expertos advierten que por características puntuales de esta afección, es altamente probable que exista un subregistro considerable.
Esta enfermedad, que puede ser mortal, es endémica de Ecuador y otros 20 países de las Américas. La OPS estima que 7,5 millones de personas en el continente están infectadas con esta patología y que más de 100 millones están expuestas a esta enfermedad.
En la investigación que se lleva adelante, los expertos señalaron que la evidencia científica existente ya indica que "la microbiota intestinales en los triatominos (chinches) es crucial para la transmisión y virulencia en humanos del T. cruzi", el parásito causante de la enfermedad de Chagas.
Búsqueda de respuestas en las bacterias de los chinches
"La enfermedad de Chagas afecta mucho a gente vulnerable, que a veces no es tomada en cuenta por la sociedad. Entidades como el Ministerio de Salud y otras tratan de controlar la enfermedad a través de insecticidas, que hasta ahora han funcionado, pero los insectos ya comenzaron a generar resistencia", señala Matías Cadena, microbiólogo graduado en la PUCE que lideró una investigación que investigó la microbiota bacteriana en el intestino de una especie de chinche, la Panstrongylus chinai, en la provincia de Loja.
"Es importante saber qué organismos tiene el bicho y seguir estudiándolos para saber qué capacidad tienen para combatir contra el parásito", añade Cadena.
En su estudio, analizaron 62 insectos de sectores rurales de Loja, que habitaban zonas domésticas y peridomésticas del cantón Calvas. En la muestra, encontraron que había una presencia del 75% de bacterias tipo estafilococo Staphylococcus saprophytiucs, lo que llevó a los investigadores a pensar que este microorganismo podría tener un rol benefactor para el insecto.
En una investigación previa, liderada por Juan Francisco Villacís (también microbiólogo formado en la PUCE), en una muestra con chinches silvestres de Loja y Manabí, el Centro de Investigación para la Salud en América Latina (CISeAL) también encontró presencia de estafilococos en los intestinos de otra especie de estos insectos, los Rhodnius ecuadoriensis, pero solo en aquellas que dieron negativo para el parásito T. cruzi, responsable de la enfermedad de Chagas. Además encontraron otros 14 tipos de bacterias entre insectos infectados y sin infectar.

Sin embargo, los hallazgos hasta ahora no son determinantes para llegar a conclusiones sobre el impacto de estas bacterias en los insectos o en el parásito, reconocen los expertos, aunque consideran son un primer paso importante para mapear posibles vías futuras para controlar la propagación de la enfermedad.
"No existen muchas investigaciones de la microbiota o como utilizar estos microorganismos del insecto para tratar la enfermedad o frenarlo", expone Cadena, quien aspira a que en un futuro la comunidad científica encontrar algún patógeno que habite en los chinches para controlar al parásito sin insecticidas.
¿Qué podría venir después?
Los esfuerzos hechos por estos investigadores van en línea con esfuerzos a escala mundial por encontrar maneras de implementar una estrategia de biocontrol que se llama paratransgénesis, que a rasgos generales plantea que bacterias, virus y hongos ataquen a los parásitos que transmiten enfermedades. En el caso de la enfermedad de Chagas, el T. cruzi.
Precisamente, la idea inicial de los investigadores ecuatorianos era también indagar sobre los virus y hongos que rodean a los chinches. "La visión que teníamos era encontrar diferentes tipos de bacterias que estuvieran asociadas, viviendo o conviviendo con el parásito. Veíamos que por ahí esto podría ayudar a encontrar una interrupción" de la transmisión de la enfermedad, explica Anita Villacis, docente investigadora de la PUCE y miembro del CISeAL, que participó en ambos estudios.
El desafío, en el caso puntual de estos estudios elaborados en Ecuador, es que las bacterias que se han identificado por ahora conviven con el parásito sin causarle daño. Una vez que se pueda identificar bacterias, virus u hongos que ataquen al parásito T. cruzi, el siguiente paso sería inocular estos en poblaciones de los insectos, pero para llegar a eso primero hay que pasar por varios permisos y protocolos de bioseguridad para no causar impactos en otras especies.
Si bien estas investigaciones en el país y el mundo han surgido a propósito de la resistencia que han empezado a generar estos insectos, Villacís acota que esta ocurre a un paso lento, pues, a diferencia de, por ejemplo el mosquito, el ciclo de vida de las chinches es de un año, por lo que la transmisión de generación en generación de los genes de resistencia es menos rápida.
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