Las lecciones de la tormenta que colapsó Guayaquil: “Los drenajes son obsoletos y no contamos con radares meteorológicos”
María del Pilar Cornejo, directora del Centro Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres de la Espol, señala que el Inamhi advirtió de la lluvia del 26 de octubre, pero dice que la falta de radares meteorológicos en el país han minado la confianza en las alertas de corto y mediano plazo.

Personas caminan con el agua al pecho durante las lluvias torrenciales en el norte de Guayaquil, tras la tormenta del 26 de octubre de 2026 que colapsó gran parte de Guayaquil.
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La tarde del lunes 26 de octubre de 2026, una tormenta de proporciones inusitadas paralizó a Guayaquil, dejando más decenas de sectores anegados, la movilidad urbana colapsada y a miles de ciudadanos atrapados en calles convertidas en ríos.
El episodio de lluvias torrenciales, ligado a las manifestaciones del fenómeno de El Niño en el Pacífico, no solo expuso las costuras operativas del puerto principal, sino que reabrió un debate estructural que la urbe arrastra desde hace décadas: la capacidad de su infraestructura hidráulica frente al cambio climático y las deficiencias del sistema nacional de alertas tempranas.
La dimensión del evento evidencia el carácter extraordinario de las descargas. Solo en los registros de la estación de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) al oeste de la ciudad sobre las 15:00- cayeron en una sola hora 63 milímetros de agua -litros de agua por metro cuadrado-, con un acumulado diario de 109 milímetros de precipitación, cuando lo normal para el mes de octubre es de solo 5 mm.
'Se requiere de pronósticos más precisos para prevención'
Aunque el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) emitió un día antes una Advertencia Meteorológica y un aviso de corto plazo -dos horas antes de la tormenta- que teñía de rojo al centro y sur del Guayas -y parte de Los Ríos-, la población no reaccionó con la celeridad requerida.
María del Pilar Cornejo, directora del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción del Riesgo de Desastres de la Espol, cuestionó la falta de difusión gubernamental de las alertas por medios de comunicación y apuntó a una pérdida de confianza de la ciudadanía en los boletines, los cuales suelen ser desestimados cuando las proyecciones no se materializan con precisión en cada sector.
La eventual imprecisión de las alertas no obedece a falencias del personal técnico del Inamhi —cuyo trabajo califica de extraordinario pese a la escasez de recursos—, sino a un déficit severo de infraestructura meteorológica en el país, dijo Cornejo. La alerta del Inamhi a corto plazo se extendía por 22 horas, de 14:00 a 10:00, pero la ciudad colapsó en las primera dos horas del torrencial aguacero.

Ecuador carece de radares meteorológicos en la región Litoral y no dispone de una densidad suficiente de estaciones automáticas de observación, dice quien fue la primera Secretaria de Gestión de Riesgos del Ecuador.
"No tenemos radares (meteorológicos) en la Costa que nos indiquen lo que va a pasar con precisión de minutos. Esa es una inversión que corresponde al Gobierno Nacional a través del Ministerio del Ambiente y Energía".
María del Pilar Cornejo, oceanógrafa.
Sin radares meteorológicos, resulta imposible determinar con exactitud a nivel de barrio la trayectoria, intensidad y hora de impacto de una tormenta convectiva, anota.
"Sin los radares y sin suficientes estaciones meteorológicas lo que hace el Inamhi es un trabajo extraordinario. Entonces hay que prestarle atención. Si yo veo manchada la zona de Guayaquil de rojo va a pasar algo", agrega Cornejo."Exhortaría al Ministerio de Ambiente y Energía, que es el que tiene al Inamhi bajo su cargo, a que invierta en radares para poder tener mejores pronósticos, más precisos".

"Los diseños de drenaje son para estadísticas del pasado"
Para la oceanógrafa y académica especializada en reducción de riesgos de desastres naturales, la parálisis vial que vivió la ciudad con cientos de calles inundadas son la consecuencia de diseños con criterios desfasados. "Diseñamos infraestructura para estadísticas del pasado, que no corresponden a las lluvias intensas que tenemos en la actualidad", señala la especialista.
Sin embargo, la modernización del sistema pluvial enfrenta un obstáculo burocrático y legal que paraliza a los gobiernos locales.
"Vamos a tener lluvias para largo (...) Lo que hizo esta lluvia fue demostrar que la gente no ha preparado su plan de respuesta, que las empresas no han preparado sus planes de respuesta…"
María del Pilar Cornejo, oceanógrafa.
Cornejo advierte que el marco actual de fiscalización pública puede castigar la previsión: si un alcalde decide dimensionar colectores o canales con capacidad holgada para soportar tormentas extremas futuras, los organismos de control estatal pueden catalogar la inversión como un sobreprecio, señala.
"Hay que cambiar criterios en la Contraloría, porque si una autoridad construye una tubería más grande de lo que dicta la estadística pasada, se le señala responsabilidad administrativa o penal", enfatiza la investigadora, instando a una reforma en las normativas técnicas y en el diseño de obras públicas.
"No hay cultura de prevención en Ecuador"
La investigadora apela a la co-responsabilidad ciudadana para frenar la acumulación de desechos en alcantarillas. "No hay cultura de prevención en Ecuador (...) El problema que tenemos es que la gente sigue botando basura y tapando las alcantarillas", señala.
La docente de la Espol advierte con preocupación que las proyecciones científicas señalan una mayor extensión del fenómeno de El Niño. Específicamente, destaca que se ha incrementado la probabilidad de que evento climático adverso se prolongue hasta el trimestre de mayo, junio y julio, y que su intensidad se mantenga en un nivel "muy fuerte" por lo menos hasta abril.
"El Niño sigue de largo y lo que pasa ahora es que seguirá lloviendo probablemente fuerte y muy fuerte hasta diciembre y luego se va a sumar a nuestra estación de invierno... Vamos a tener lluvias intensas como la de ayer, van a ser más frecuentes".
Pilar Cornejo, oceanógrafa.

La marea alta en la ciudad contribuyó a mayores impactos
- La combinación de la descarga pluvial de la lluvia torrencial con la marea alta convirtió el drenaje de la ciudad en una tarea casi imposible.
- De acuerdo con el balance de la Empresa Pública Municipal para la Gestión de Riesgos y Control de Seguridad de Guayaquil (Segura EP), la acumulación de agua afectó a casi 90 sectores urbanos
- La emergencia coincidió con la pleamar en el río Guayas (marea alta), que alcanzó una altura de 4,50 metros a las 19:31, taponando mecánicamente las salidas de los colectores al río y estuarios.
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